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3 min
Un día soleado
Reflexiones |
09.07.15
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Sinopsis

Historias de paraguas

Un día soleado

Lindo día para salir con paraguas. Cansado de los pronósticos meteorológicos he optado por contradecirlos. He decidido que este anacrónico adminículo me acompañe en esta jornada, como siempre molesto e ingrato.

Desagradecido como pocos, siempre quiere aprovechar la oportunidad para escaparse de mis manos y quedarse en el bar un poco más, se va con cualquiera y sigue en los taxis cuando llego a mi destino.

Cuando lo abro no para de molestar a la gente, dejando correr por su cuerpo el fluido que baña de odio a los transeúntes desprevenidos. Como perro desobediente, moja por doquier los espacios interiores y es casi imposible dejarlo descansar luego del uso, sin provocar lagunas.

Me pone en ridículo cada vez que el viento arrecia; como potro indómito parece que se desguaza en mil pedazos y mágicamente vuelve a su posición inicial. Me impide la visión cuando lo llevo como guerrero con viento de frente, con la punta hacia adelante y me desguarnece por la retaguardia dejándome todo mojado.

Cuando solo garúa, me siento egoísta cuando lo despliego y nunca se exactamente el momento de hacerlo sin parecer extravagante. Una norma de convivencia me obliga, cuando la lluvia se presenta, a avanzar por las veredas del lado externo, mientras se benefician los imprevisores que se guarnecen en los toldos y marquesinas, mientras que los que avanzamos penosos cerca de la acera, recibimos sus desagües y alguna que otra cortina de agua que nos arrojan los vehículos que avanzan cerca de los cordones.

Estoy convencido de que cuando usamos paraguas atraemos la lluvia por todos lados, con el afán de protegernos las cabezas no miramos hacia abajo y las baldosas flojas no llenan de fluidos en las botamangas.

Los que no usan paraguas se lo ve correr por las calles casi con alegría como disfrutando del meteoro, mientras los adustos portadores ostentamos estos aparatos siniestros sin siquiera emitir muecas, casi como un equilibrista en las alturas.

Por eso hoy en un día soleado he decido llevarte, para que te quedes con los afectos que siempre buscas. Es la última vez que me voy a preocupar por tu destino.

Nunca compren un paraguas, aprovechen los cientos que mendigan abandonados en las ciudades buscando almas caritativas que los cobijen. Si desean conservarlos háganlos, pero con responsabilidad.

OTREBLA

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