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6 min
Un ejercicio de Crónica
Suspense |
08.07.13
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Sinopsis

"Nunca imaginé la posibilidad de que alguien escribiera una crónica sobre mi persona. Esa noticia me impactó al punto que me hizo desembocarme en una serie de pensamientos sobre lo que implica ser un yo, un ser humano no muy distinto a usted..." Cada uno le da un sentido a su vida, pero siempre hay algo que le dá un giro inesperado.

Un ejercicio de Crónica

Estaba en una cafetería de la Calle del Cubo, leyendo y almorzando al tiempo. Levanto la mirada, veo los cerros y vuelvo al texto, concentrado hasta que un hombre se me acerca.

-Disculpe, ¿usted es Elias?

Levanto mi mano, extiendo el índice sugiriendo un momento, tenía que terminar el párrafo y transcribir la idea antes de que se refundiera. Esperó un instante, muy amable el mensajero, que en muchas ocasiones es decapitado o queda sin algún miembro dependiendo claro, de la noticia. Capturo la idea, la escribo y toda mi atención quedó puesta en el sujeto que al final no esperó, y dejó un sobre manila sobre la mesa, entre el jugo y el plato de sopa ya vacía. Se fue y no dejó ningún rastro. Pregunté a una pareja que estaba frente a mí, y no, pasó totalmente desapercibido, como si nunca hubiese estado en la cafetería.

La curiosidad me arrastró junto con todo posible imaginario, y todo el entorno fue absorbido por el sobre manila. Desde ese día los sobres me saben a hoyo negro. Sólo contenía una nota escrita a máquina, y pocas personas en estos tiempos escriben a máquina porque ya nos hemos acoplado a la virtualidad, a esa otra realidad que bien puede ser un libro de arena.

La carta:

Estimado Elias,

Después de haber hecho mi investigación, he decirle que publicaré una crónica sobre su vida. Fue difícil acercarme a su cotidiano y pasar por no visto, pero después de n mil maromas acabé con mi empresa.

En su momento recibirá la revista en que aparece mi escrito.

Att. Su Admirador J.C.

Nunca imaginé la posibilidad de que alguien escribiera una crónica sobre mi persona. Esa noticia me impactó al punto que me hizo desembocarme en una serie de pensamientos sobre lo que implica ser un yo, un ser humano no muy distinto a usted, que no ha hecho algo dentro de lo cotidiano, que cambie la velocidad con la que se mueve el mundo o la ciudad, con mis ocurrencias que no me hacen necesariamente distinto a muchos y a ninguno; al fin y al cabo yo soy yo, un cualquiera, alguien que no podría hacer nada para cambiar la historia, eso pensé.

El hecho, el de ser el centro de un texto, es lo más cercano a un espejo que he conocido, pero a un espejo de feria de circo mexicano, e imaginé y recordé que algunas veces la torpeza conjugada con la timidez por la falta de experiencia me hicieron ver y sentir como un imbécil; en otras ocasiones, como no todo es tragedia y dolor, hubo momentos en los que las cosas fluyeron, gracias a que se tuvo el valor de girar la rueca de la fortuna sin permiso, pero, lo que me inquieta y me hace revolotear como polilla de posibilidad en posibilidad es hacia dónde está dirigida la crónica, sobretodo quién es y quién se creía para inmiscuirse en mi mundo, en mi intimidad, ese presunto admirador. Tal vez quiere hacerme ver como un ejemplo o como uno de los tantos idiotas que van lamiendo culos para poder ser en la vida, o tal vez hice algo en mi rutina que sea digno de admirar aunque no le he dado motivos a nadie para que me admire, ¿admirar?, ¡Ja!, ¿acaso yo he sido alguien al que hay que admirar o repudiar? No, sencillamente no. Nunca he hecho nada extraordinario o en extremo indecoroso para ser noticia. ¿Qué es lo que quiere escribir? ¿Acaso proyectar mi muerte o matizar mi vida con su pluma, con una intención perversa? Sencillamente no lo sé, y me siento tan simple que ya me empecé a odiar como a las suposiciones que decoran y deforman la percepción de la realidad que se disloca a cada instante que pienso en esto.

Pasó una semana hasta que recibí una llamada del cronista y su vos me erizo. Decidí encararle, acordamos un punto de encuentro y antes de escuchar su charada me dije que le mandaré al diablo para que busque otro conejillo para su experimento proto-literario y periodístico; pero como era de esperar, las cosas fueron totalmente distintas.

Nuestro encuentro estaba planeado para las diez de la mañana en la cafetería de la Calle del Cubo que es un refugio para mí y los ácaros que me permean. Es un espacio para estar en silencio y entre libros vírgenes y leídos, es un lugar para estar oculto como una hoja en un bosque, o una palabra en un  verso nunca dicho, nunca escrito.

El individuo no apareció, pero sí su mensajero que me entrega un sobre manila que contenía el escrito. Las manos me sudaban, y no pude gesticular palabra. Me dijo que la crónica ya fue publicada y que toda la investigación había dado los frutos que esperaba; se despidió y cogió un taxi sin más ni son.

¿Su investigación? Pido una cerveza, un cenicero nuevo porque el que tenía ya estaba por rebozarse. Leo el texto, prendo un cigarrillo y este cabrón, me ha mostrado mi vida con tanta verosimilitud que a penas puedo sostener el cigarrillo entre mis labios. La ceniza cae sobre el texto y la facultad de deducción se ha bifurcado ente dos ideas. Mi yo, mi naturaleza desnuda, expuesta con tanta fidelidad, la otra, él, él ha cambiado todo escribiendo sobre mí, mi forma de ver el mundo porque ese hombre, lo ha puesto todo al descubierto, así, sin más, mis proyectos, incluso mi actitud mientras leí la crónica. 

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    Instinto de escritor expuesto. Sombra Adicta que me arrastra a vestirme/desnudo. El papel, la idea, una reacción...

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Escritor/librero por oficio, lector por instinto.

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