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5 min
un hombre
Históricos |
13.10.10
  • 4
  • 2
  • 1552
Sinopsis

Digamos que hay un hombre que acaba perdiendo siempre todo lo que escribe, digamos que la nada le va acorralando, que la gente que le rodea le cuenta siempre lo mismo, que las palabras se disuelven en sus manos; digamos que se cree relleno de cosas líquidas, pero la realidad sigue firme como una roca.

Este hombre es el superviviente de una hecatombe en la que no ha muerto nadie, de una hecatombe que nadie ha sentido, salvo él mismo; por eso es feliz, a su modo, a la manera de un animal prehistórico, que nadie ha descubierto, pero que lleva viviendo distintas edades en las profundidades de un mar ciego, perpetuando tranquilamente su especie, alimentándose del cadáver de sus padres, sin molestar a nadie, sabiendo que lo único que importa es evitar las corrientes demasiado frías, a un depredador que nunca ha visto, pero que intuye, y el dolor que a veces le causa el deseo de no se sabe qué.

Bueno, pues este hombre, que es estéril e impotente, sale de vez en cuando a la calle y registra en su cabeza todas las palabras y todos los gestos, y con todo ello hace un potaje que se toma de un trago y, después, vomita encima de la chica que más se parece al monstruo de su última pesadilla. Ella se ríe, y entonces no hay porqué darle más vueltas, todo va bien, la vida es clara; y no hay sol, ni nunca lo ha habido, ni nunca lo habrá, pero a quién demonios le importa.

Este hombre es un cobarde, incapaz de estrangularse con sus propias vísceras; inspira y espira; empieza a creer en el aire, a querer ser aire, a cantar como un gallo desorientado, con la cabeza en un hoyo, a las dos de la madrugada de un día sin noche, en un sitio muy al norte del planeta, donde todo es Dios, o Alma, o el Infierno más bello del mundo, y dan ganas de follar en abstracto y no correrse hasta no encontrarse a sí mismo, o a un ángel sin sexo, a un travesti, a un hermafodita, a un hermano muerto o a una Idea de Platón rebozada en algo que pica mucho, y hay agua por todos los lados, pero no se puede beber porque anoche se cosieron todos los labios.

Como este hombre no tiene imaginación para hacer otra cosa, comienza a caminar. Y retrocede y da vueltas y hace agujeros en el suelo donde pasar el insomnio y le da gracias a la vida por haberle quitado tanto, y llora feliz de haber sido tantas veces malo.

A veces encuentra alguna pared que ha quedado en pie tras un derrumbe; la toca y la besa y cree que se ha enamorado, y la abandona antes de que sea demasiado tarde, antes de engancharse a nada que no sea la marihuana, el alcohol, la heroína, la ayahuasca... la idea de morir en un delirio hermoso.

Pues un día este hombre entra en una casa sin muebles y se echa a dormir en el suelo. Y pasan los días. Y tiene hambre y no come. Y tiene sed y bebe su orina. Y sabe que nunca llegará a nada y que nada le será dado y que no hay nada que esperar, ni nada que merezca la pena sacrificar nada.

Este hombre es un pollo, un pollito flaco debajo de las faldas de un brasero, y dentro de él están todos los animales y todos los dioses, y afuera hace frío, pero sale a la calle y le sigue la corriente al primero que se encuentra, hasta que lo pierde y se enreda en cada línea recta; se queda cojo, pero se arrastra, y vuelve al punto de partida.

La vida sigue, cada vez más borrosa. Nada le queda claro. Un día descubre todo de golpe. Pero está borracho y se olvida al instante. No es la primera vez. Ni será la última.

Finalmente, este hombre tiene cinco hijos con una chica muy mona, que resulta ser terrorista y acaba presa. Les enseña lo que es la vida. Les miente. No les dice nada que sea importante. No les enseña lo que es un pollo sin cabeza, ni lo mal que huele a sangre, ni lo feliz que puede ser uno con la pata rota y el cuerpo lleno de costras. Todo lo que algún día quiso decir lo ha perdido, y lo acepta. De su boca no salen más que bonitas verdades que huelen mal porque son falsas.

Un día se prende fuego a la lengua. Después se quema los ojos, la nariz, los dedos, las orejas. Entonces se carcajea. Nadie le escucha. Ni siquiera él mismo. A nadie (mucho menos a él) le importa.
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  • Hermoso texto existencialista. Sin salvación posible, la palabra se muestra tan vacía, tan inútil como todo lo demás. Me ha gustado el texto, porque profundiza: se sume por niveles progresivos y mayores en la descripción de la ausencia de esperanza... un vacio que -hasta la muerte, quizás deseada- tampoco es completo. La Nada tampoco es Dios. Hacía tiempo que no leía algo tan bien descrito en esa línea. Un abrazo, z.
    Es una buena descripción del vacío de vivir. Me parece bien no dejar abierta ninguna posibilidad de salida. Realmente, no la hay. Decir lo contrario sería engañar y engañarnos. Ahora bien, ¿por qué hay otros hombres, a los que podríamos suponer una inteligencia similar a la del tuyo, que siguen adelante y son capaces de afrontar esa nada que subrayas? Es una simple cuestión de malditas hormonas. Te falta la B12, o qué sé yo cuál, y caes en el nihilismo. Te sube el ácido ascórbico y te enamoras de la vecina del rellano. Es para partirse de risa. Karen Blixen lo explicó muy bien: “escribe sin esperanza y sin desesperación”. “Un hombre que pierde todo lo que escribe…”, se entiende: que no está satisfecho de nada de lo que ha salido de su mano. Dentro de lo que puedo, te he seguido desde hace un par de años y creo que has cambiado mucho. Antes tenías muchas influencias externas y ahora estás desarrollando una voz propia. Úsala para salirte de ti mismo. Por ejemplo, tener cinco hijos con una terrorista que está buena y en la cárcel es una idea que habría que desarrollar. Trabajo por hacer. Y sigo echando de menos la continuación de “Raíces…”
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