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13 min
Un Horrible Castigo
Terror |
21.09.15
  • 5
  • 2
  • 684
Sinopsis

Podemos ser victimas de nuestros propios actos.

En una pequeña ciudad vivía Albert, el propietario de la única Funeraria que había  a sus alrededores, él no tenía ningún respeto por sus muertos. Lo único que le importaba era hacerse rico a costillas del dolor ajeno. Pues disfrutaba de ello. Un hombre sin escrúpulos quien se aprovechaba de la inocencia de los demás.

Aunque muchos de sus clientes no tenía ni la más mínima idea, de lo que Albert hacia con las sus seres queridos, después de entrarlos  a su funeraria. Albert no era honesto con ellos. Preparaba sus cuerpos con sustancias inapropiadas de baja calidad y bajos precios. Los ataúdes eran usados, los cuales limpiaban y pintaba perfectamente, para luego hacerlos pasar como nuevos. Los obtenía a un precio que daba risa, para luego venderlos como si fueran enchapados en oro puro. A los difuntos, les robaba cualquier objeto que fuese oro, como eran cadenas, anillos, relojes, dientes de oro, pulseras. Albert tenía una casa muy lujosa, y todo se debía a su trabajo deshonesto.

Una tarde, una familia muy adinerada le lleva el cuerpo de su pequeño sobrino. Albert sabía que podía sacarles mucho dinero. Ya en su tétrico sótano donde preparaba los cuerpos. Noto que el cuerpo del niño era demasiado gordo, para caber en uno de sus ataúdes, se dio a la tarea de buscar y logro encontrar uno. El problema fue que al meter el cuerpo del niño, sus pies quedaron afuera, no tuvo más remedio que tomar un serrucho y cortarle los pies al pequeño. A demás el ataúd se veía muy costoso Sin serlo realmente, para que no lo abrieran y ser descubierto. Le aplico pegamento para madera. De esta forma, la familia no podría abrir la caja mortuoria.

La madre del pequeño deseaba abrirlo para ver su cuerpo por última vez, pero Albert lo impidió a toda costa, les explico que era peligroso destapar el cuerpo, porque las sustancias químicas, que Expedia el cuerpo, podía ser mortales y afectar la salud de los presentes incluso la de él.  La familia se asusto por aquella explicación, aunque era falsa.  Pero como Albert era “el experto” no hubo más remedio que obedecer a sus palabras.

La ceremonia termino, y todo había salido como Albert lo había planeado, logro sacarle mucho dinero aquella familia, pero hubo alguien entre los familiares,  que no se convención de las palabras del señor Albert. Era algo muy sospechoso, ¿cuál era su afán de que la ceremonia se acabara inmediatamente? ¿Por qué no quería que abriéramos el ataúd? ¿Quizás nos estaba ocultado algo? Había que llegar al fondo de este misterio.

Este señor era el tío del pequeño Rafael, el trato de convencer a su familia de que algo malo había pasado con el cuerpo de su sobrino. Ellos decidieron abrir la tumba del pequeño Rafael, fueron a abrir la tapa del ataúd, pero aun estaba sellada con pegamento. El tío de Rafael llevo consigo una especie de varilla de hierro que tenía una especie de punta plana a un extremo,  la utilizo como palanca, mientras trataba de abrir la tapa.  Escucharon el crujir de la madera despegarse, dejando ver el cuerpo fresco de Rafael.

La familia se llevo una horrible impresión, el cuerpo del pequeño Rafael estaba motilado. Sus pies no estaban. Todos se sentían engañados y estafados por Albert. Pero entre todos planearían algo contra él, algo que ni el mismo Albert se imaginaria.

La familia de Rafael, no dio aviso a las autoridades, solo querían vengasen de Albert con sus propias manos.

El Plan: El tío de Rafael se pasaría por muerto, su familia llevaría su cuerpo “sin vida” a la funeraria de Albert. Luego Albert comienza a reglar el cuerpo a “su modo” y justo allí, es sorprendido por el tío De Rafael quien “vuelve a la vida”. Mientras su familia se encarga de cerrar las puertas y ventanas de   la funeraria. Nadie podía enterarse de nada, ni levantar la más mínima sospecha de lo que estaba ocurriendo dentro de la funeraria.

Pero algo inesperado sucedería. Cuando El tío de Rafael, se levanta de la mesa de preparación, Albert se lleva un gran susto al ver el muerto sentado sobre la mesa. Ocasiónale  un infarto fulminante al viejo. Para el tío de Rafael esto no era suficiente. Él Busco un ataúd al azar  y luego deposito su cadáver en el. Pero ¡oh sorpresa! Este era demasiado grande para el viejo. Entonces le perforo su cuerpo, con  una aguja de gran calibre oxidada, unida a un tubo plástico de unos 5 diámetros de longitud. Y esta a su vez se conectaba a Un tanque metálico en estado de oxidación. Donde había una sustancia de textura espesa y verdosa, su olor era desesperante al olfato; él pensó que tal vez esa porquería era inyectada a los cadáveres, o podían ser desechos tóxicos extraídos de los propios muertos. Sin pensarlo tanto abrió la lleve del tanque metálico, y vacio todo su contenido en el cuerpo de Albert. Él observaba como aquella sustancia verdosa entraba al cuerpo inerte de Albert. Él encontraba emocionante lo que sus ojos estaban presenciando. El cuerpo comenzó a tornarse de un verde oscuro, por su nariz y boca, salía esta extraña sustancia. Su cuerpo estaba inflamado por el alto contenido de la misma. El tío de Rafael, le retira la aguja, Albert queda irreconocible, su cuerpo llenaba completo el ataúd.

El tío del niño muerto,? encontró el pegamento con el que Albert había sellado la caja mortuoria del pequeño. Lo uso para el mismo propósito; la familia de Rafael, oculto el ataúd con Albert adentro, colocándolo en la esquina del gran sótano, debajo de otras cajas mortuorias. Así nadie se daría cuenta por el momento, que el cadáver de Albert se encontraba en ese desagradable lugar. Aquella familia se marcho llevándose con ellos, los restos del pequeño Rafael. Los vecinos se extrañaron de ver la funeraria cerrada, Albert estaba desaparecido. Pasadas algunos meses, el cuerpo en descomposición de Albert. Comenzó a llamar a la atención de sus vecinos. Nadie sabía de dónde provenía aquel horrible olor. Hasta que vieron unos cuervos sobre el techo de la funeraria. Era la señal de que algo se estaba pudriendo en ese lugar. Fuerte olor que habían captado el olfato de estas aves.

La gente tenía miedo pero a la vez curiosidad de ver que era. El sheriff llego con sus hombres a revisar el lugar, después de buscar por todos los rincones de la funeraria, bajaron al sótano, este lugar apestaba, ellos no querían bajar las escaleras, el olor era insoportable. Pero al final bajaron, tapándose la nariz y boca con sus pañuelos. Uno de ellos, alumbro hacia la esquina del cuarto. y vio un enjambre de moscas sobre una caja que estaba debajo de otras más. Se trataba del ataúd con el cuerpo de Albert. Trataron de abrirlo pero no podían, uno de ellos golpea con fuerza la tapa con la cacha de su arma, la tapa se abrió, dejando ver algo repúgnate y horroroso. El cuerpo deforme y putrefacto de Albert. Un hombre quien había muerto por su propio invento.

En una pequeña ciudad vivía Albert, el propietario de la única Funeraria que había  a sus alrededores, él no tenía ningún respeto por sus muertos. Lo único que le importaba era hacerse rico a costillas del dolor ajeno. Pues disfrutaba de ello. Un hombre sin escrúpulos quien se aprovechaba de la inocencia de los demás.

Aunque muchos de sus clientes no tenía ni la más mínima idea, de lo que Albert hacia con las sus seres queridos, después de entrarlos  a su funeraria. Albert no era honesto con ellos. Preparaba sus cuerpos con sustancias inapropiadas de baja calidad y bajos precios. Los ataúdes eran usados, los cuales limpiaban y pintaba perfectamente, para luego hacerlos pasar como nuevos. Los obtenía a un precio que daba risa, para luego venderlos como si fueran enchapados en oro puro. A los difuntos, les robaba cualquier objeto que fuese oro, como eran cadenas, anillos, relojes, dientes de oro, pulseras. Albert tenía una casa muy lujosa, y todo se debía a su trabajo deshonesto.

Una tarde, una familia muy adinerada le lleva el cuerpo de su pequeño sobrino. Albert sabía que podía sacarles mucho dinero. Ya en su tétrico sótano donde preparaba los cuerpos. Noto que el cuerpo del niño era demasiado gordo, para caber en uno de sus ataúdes, se dio a la tarea de buscar y logro encontrar uno. El problema fue que al meter el cuerpo del niño, sus pies quedaron afuera, no tuvo más remedio que tomar un serrucho y cortarle los pies al pequeño. A demás el ataúd se veía muy costoso Sin serlo realmente, para que no lo abrieran y ser descubierto. Le aplico pegamento para madera. De esta forma, la familia no podría abrir la caja mortuoria.

La madre del pequeño deseaba abrirlo para ver su cuerpo por última vez, pero Albert lo impidió a toda costa, les explico que era peligroso destapar el cuerpo, porque las sustancias químicas, que Expedia el cuerpo, podía ser mortales y afectar la salud de los presentes incluso la de él.  La familia se asusto por aquella explicación, aunque era falsa.  Pero como Albert era “el experto” no hubo más remedio que obedecer a sus palabras.

La ceremonia termino, y todo había salido como Albert lo había planeado, logro sacarle mucho dinero aquella familia, pero hubo alguien entre los familiares,  que no se convención de las palabras del señor Albert. Era algo muy sospechoso, ¿cuál era su afán de que la ceremonia se acabara inmediatamente? ¿Por qué no quería que abriéramos el ataúd? ¿Quizás nos estaba ocultado algo? Había que llegar al fondo de este misterio.

Este señor era el tío del pequeño Rafael, el trato de convencer a su familia de que algo malo había pasado con el cuerpo de su sobrino. Ellos decidieron abrir la tumba del pequeño Rafael, fueron a abrir la tapa del ataúd, pero aun estaba sellada con pegamento. El tío de Rafael llevo consigo una especie de varilla de hierro que tenía una especie de punta plana a un extremo,  la utilizo como palanca, mientras trataba de abrir la tapa.  Escucharon el crujir de la madera despegarse, dejando ver el cuerpo fresco de Rafael.

La familia se llevo una horrible impresión, el cuerpo del pequeño Rafael estaba motilado. Sus pies no estaban. Todos se sentían engañados y estafados por Albert. Pero entre todos planearían algo contra él, algo que ni el mismo Albert se imaginaria.

La familia de Rafael, no dio aviso a las autoridades, solo querían vengasen de Albert c-on sus propias manos.

El Plan: el señor se pasaría por muerto, su familia llevaría su cuerpo “sin vida” a la funeraria de Albert. Luego Albert comienza a reglar el cuerpo a “su modo” y justo allí, es sorprendido por el tío De Rafael quien “vuelve a la vida”. Mientras su familia se encarga de cerrar las puertas y ventanas de   la funeraria. Nadie podía enterarse de nada, ni levantar la más mínima sospecha de lo que estaba ocurriendo dentro de la funeraria.

Pero algo inesperado sucedería. Cuando El tío de Rafael, se levanta de la mesa de preparación, Albert se lleva un gran susto al ver el muerto sentado sobre la mesa. Ocasiónale  un infarto fulminante al viejo. Para el tío de Rafael esto no era suficiente. Él Busco un ataúd al azar  y luego deposito su cadáver en el. Pero ¡oh sorpresa! Este era demasiado grande para el viejo. Entonces le perforo su cuerpo, con  una aguja de gran calibre oxidada, unida a un tubo plástico de unos 5 diámetros de longitud. Y esta a su vez se conectaba a Un tanque metálico en estado de oxidación. Donde había una sustancia de textura espesa y verdosa, su olor era desesperante al olfato; él pensó que tal vez esa porquería era inyectada a los cadáveres, o podían ser desechos tóxicos extraídos de los propios muertos. Sin pensarlo tanto abrió la lleve del tanque metálico, y vacio todo su contenido en el cuerpo de Albert. Él observaba como aquella sustancia verdosa entraba al cuerpo inerte de Albert. Él encontraba emocionante lo que sus ojos estaban presenciando. El cuerpo comenzó a tornarse de un verde oscuro, por su nariz y boca, salía esta extraña sustancia. Su cuerpo estaba inflamado por el alto contenido de la misma. El tío de Rafael, le retira la aguja, Albert queda irreconocible, su cuerpo llenaba completo el ataúd.

El tío de Rafael, encontró el pegamento con el que Albert había sellado la caja mortuoria del pequeño. Lo uso para el mismo propósito; la familia de Rafael, oculto el ataúd con Albert adentro, colocándolo en la esquina del gran sótano, debajo de otras cajas mortuorias. Así nadie se daría cuenta por el momento, que el cadáver de Albert se encontraba en ese desagradable lugar. Aquella familia se marcho llevándose con ellos, los restos del pequeño Rafael. Los vecinos se extrañaron de ver la funeraria cerrada, Albert estaba desaparecido. Pasadas algunos meses, el cuerpo en descomposición de Albert. Comenzó a llamar a la atención de sus vecinos. Nadie sabía de dónde provenía aquel horrible olor. Hasta que vieron unos cuervos sobre el techo de la funeraria. Era la señal de que algo se estaba pudriendo en ese lugar. Fuerte olor que habían captado el olfato de estas aves.

La gente tenía miedo pero a la vez curiosidad de ver que era. El sheriff llego con sus hombres a revisar el lugar, después de buscar por todos los rincones de la funeraria, bajaron al sótano, este lugar apestaba, ellos no querían bajar las escaleras, el olor era insoportable. Pero al final bajaron, tapándose la nariz y boca con sus pañuelos. Uno de ellos, alumbro hacia la esquina del cuarto. y vio un enjambre de moscas sobre una caja que estaba debajo de otras más. Se trataba del ataúd con el cuerpo de Albert. Trataron de abrirlo pero no podían, uno de ellos golpea con fuerza la tapa con la cacha de su arma, la tapa se abrió, dejando ver algo repúgnate y horroroso. El cuerpo deforme y putrefacto de Albert. Un hombre quien había muerto por su propio invento.

  

 

 

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