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7 min
UN INSTANTE PERFECTO
Varios |
23.02.19
  • 4
  • 15
  • 807
Sinopsis

A veces pasa.

                                                  UN INSTANTE PERFECTO

He olvidado hacía donde iba. Solamente me acuerdo que había subido al tren en la estación de Villa María y me había parado frente a una de las puertas. Creo que no iba a ningún buen lugar porque vestía unos jeans viejos y unas zapatillas rotas. Creo incluso que estaba desempleado. Porque eran como las tres de la tarde y solo llevaba un libro que trataba de leer para no tener que mirar a los demás. Por eso no sé donde ella subió. En qué estación. 

Solo me acuerdo  que escuché su risa y alcé la mirada. Entonces la vi. Estaba junto a otra mujer y jugando con un niño que tampoco recuerdo como eran. Solo me acuerdo de su piel canela, y  su pelo largo y negro como la crines de un caballo. El rostro de muñeca de largas pestañas y los labios rojos al natural que al reír mostraban una dentadura fuerte, como la de las yeguas. Todo en ella rezumaba vitalidad y ternura. Era como un milagro. Como las diosas griegas, perfectas y atemporales. Su risa era como una lluvia de sol, que hubieran iluminado el ambiente más sombrío y el rostro más triste. No recuerdo a las demás personas; pero creo que también sonreían al escucharla. Era como un regalo para los sentidos. Yo ya no podía pensar en nada. Desde el instante que la vi tuve la certeza de que era uno de esos momentos mágicos que suceden raras veces en la vida.

Ella no vestía ropas caras. Solo tenía un jean claro, gastado, y una blusa de mangas muy cortas; pero eso no importaba porque yo sentía que hubiera seguido siendo hermosa aunque vistiera un saco de yute con agujeros, o tal vez más. Como jugaba con el chico se inclinaba hacia adelante y un par de senos perturbadores se le insinuaban bajo la blusa. El pantalón gastado se le  ajustaba a sus piernas como una segunda piel.

Me di cuenta del ancho de sus caderas e intuí que tenía un culo más que bien proporcionado. No solo era hermosa de rostro sino que alteraba el pulso si la mirabas de la cintura para abajo. Yo me sorprendí imaginando sus piernas  desnudas ajustándome los costados y  mi boca sobre su boca y mi pecho sudoroso apretando su pecho. Me di cuenta que estaba teniendo una erección violenta en público y me avergoncé.

La mujer seguía jugando con el niño sin apariencia de darse cuenta de nada, y yo disimuladamente me saqué las faldas de la camisa para taparme la bragueta hinchada que me apretaba el pantalón.

Traté de leer; pero era imposible. Algo dentro de mí decía que no debía gastar esos minutos irrepetibles en algo que podría hacer después. Por más que tenía vergüenza de delatarme alzaba disimuladamente la mirada para contemplarla deseando que los minutos no pasaran.

Pero sí pasaron. Cuando llegamos a la estación Grau, tuve que acercarme a la puerta, y esperar cerca a ella, casi sin poder respirar a su lado. Tuve vergüenza de mirarla y que notara en mí la emoción que me desbordaba. Al fin de cuentas soy hombre y  he sido educado para aguantarme. Cuando abrieron la puerta salí suspirando. Bajaba las escaleras con las demás personas, cuando escuché los gritos del niño y junto a mí, al otro lado de la baranda aparecieron los tres que bajaban conversando. La mujer, que estaba a mi lado, ponía la mano en la baranda casi junto a la mía. Estábamos tan cerca que si hubiera estirado más los dedos la habría tocado; pero bajábamos, despacio, sin mirarnos.

Cuando llegamos a la otra escalera seguimos caminando a ambos lados de las barandas. Su mano seguía cerca a la mía y a pesar de que en esa escalera no había mucha gente seguimos avanzando muy despacio. Por un instante pensé que ella se había dado cuenta de mí y quería caminar a mi lado, incluso pensé que quería darme la oportunidad de tocarla y de iniciar una conversación. Pero yo era tan inseguro que no sabía qué hacer y tenía miedo de que si la tocaba me fulminara con una mirada de sorpresa o de fastidio. No hice nada de en ese momento; pero cuando estábamos a unos pasos de acabar la escalera, tal vez porque no podía dejar esta vida sin tocar a esta mujer de ensueño y comprobar que de verdad existía, le toqué la mano. Volteó rápidamente hacia mí y me miró a los ojos, como si hubiera esperado esa señal para buscar mi mirada. Nos miramos un instante profundamente y en silencio. Pero ya habíamos llegado al piso y nos dirigimos a las casillas de salida. Ellas delante de mí. Yo mareado detrás de ella. De pronto la gente nos envolvió y nos arrastró. Cuando salimos de la estación y cruzábamos la pista vi que se dirigía al lado contrario al que yo iba. Antes de alejarnos más, volví la cabeza para no perderla de vista entre la multitud, y la reconocí. Ella también  volteaba como buscando a alguien con la mirada. Cuando nos vimos nos detuvimos como si quisiéramos alargar ese instante todo lo posible. Nos miramos mientras las personas nos íbamos alejando y no quisiéramos separarnos. De pronto la vi arreglándose un mechón de pelo detrás de una oreja y  me sonrió.  Sentí que me sonreía a mí. Una sonrisa grande y perfecta, como hacen las chicas coquetas con los hombres que las miran embobados.  Pensé que ya lo sabía, que siempre lo había sabido, que por más que no quise delatarme se había dado cuenta de que yo la contemplaba y su risa y su alegría eran debido a eso.

Pensé en dejar todo y correr hacia ella. Pensé seguirla por la calle y subir a los carros detrás de ella,  ubicarme a su lado y esperar la oportunidad de hablarle y preguntarle cómo se llamaba, dónde vivía, y pedirle su número de teléfono para no perderla; porque temía no volverla a ver nunca más en esta vida. Pero no hice nada. Solo nos miramos cada vez más lejos y a medida que nos alejábamos volteábamos a mirarnos. Fueron instantes angustiosos y eternos. Después la gente nos cubrió ya no pudimos seguir viéndonos; pero seguí volteando la mirada, buscándola, para verla un segundo más hasta que di vuelta la calle y la perdí para siempre.

El tiempo ha pasado y yo he conocido muchas mujeres y he vivido muchas cosas y me he olvidado de muchas y seguiré olvidando muchas más; pero estoy seguro que hasta que muera seguiré recordando a esa mujer maravillosa que solo tuvo que mirarme y sonreír para regalarme uno de los instantes más perfectos de mi vida. Algunas mujeres tienen ese poder sobre algunos de nosotros.

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  • Un abrazo, Frank. A los tiempos. Otro abrazo.
    De esas historias que si te suceden, se quedan marcadas contigo por siempre. Un instante y un pedacito de felicidad. Que bueno es volver a leerte, Omar, Un abrazo.
    Gracias Leomaria, gracias Anohfer por comentar. Saludos.
    Si Omar creo que tienes razon definitivamente la cuestion no esta en contar cualquier cosa si no saberla contar con gracias definitivamente a ti te falta esa gracias
    Me ha gustado tus letras, saludos Omar Viveros!!!!!
    Gracias Chus, gracias Francesc, gracias Laure: Sí, son experiencias que a todos nos pasan. Supongo que un tipo de hombre o mujer tiene un tipo de mujer u hombre ideal y de pronto la ve hecha de carne y hueso y simplemente se queda embobado. Además la fugacidad hace que la perdida sea más memorable. Gracias a todos por comentar. Nos estamos leyendo. Abrazo a todos.
    Yo también tuve veinte años, y mas , y ahora ya abuela, y me ha alegrado la mirada de , de admiración.,siempre y cuando no sea ofensiva.lo explicas muy bien y con respeto.
    Un relato muy bien narrado. Creo que esto nos ha pasado a todos más o menos. Y de mujeres tan luminosas hay pocas en la vida. Yo creo que este encuentro trata de dos almas gemelas que se reconocen y se atraen. Pero el cruel azar de este mundo hace que todo se pierda.
    Hola amigo Omar, un placer leerte de nuevo... Lo bueno de esos instantes es que no da tiempo a que se corrompan, sólo queda lo que queremos que hubiera sido, un recuerdo bello, de un solo y vivo color que nunca se marchitó. Un abrazo y no olvides seguir publicando
    Gracias, Mario. Yo soy muy bruto para la poesía; pero creo que hubiera sido imposible que el narrador describiera esta experiencia sin tratar de acercarse a la prosa poética, ya que, como diría Becquer: "Poesía era ella". Es un gusto saber que un notable cultivador de la prosa como tú diga que está bien escrito. Es exagerado; pero muchas gracias.
  • Qué pasaría si en en futuro ser gay, transexual y lesbiana fuera lo natural y ser heterosexual prohibido?

    A veces pasa.

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