cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
UN MARAVILLOSO INVIERNO TROPICAL
Varios |
30.10.14
  • 4
  • 6
  • 1025
Sinopsis

Hay momentos en la vida en que se nos presentan dificultades que no está en nuestras manos resolver. Cuando reconocemos nuestras limitaciones nos damos cuenta que necesitamos aferrarnos a un sueño para poder sobrevivir y tener una fe inquebrantable para saber esperar.

UN MARAVILLOSO INVIERNO TROPICAL

 

Un verano tan prolongado como pocas veces se había visto.  La tierra reseca parecía clamar al cielo por lluvia. El río con poquísima  agua en su cauce daba vida a una escasa vegetación en sus orillas. Los árboles, perdiendo su follaje día tras día, batallaban dispuestos a morir de pie. Un buitre… agazapado sobre un tronco seco, como si esperara que algo sucediera. Una anciana… lo contempla desde la ventana entre abierta de su paupérrima vivienda y piensa: “Por lo visto, está tan hambriento como yo, tal parece que el verano nos va a desaparecer”.

            La anciana resiste, la soledad es inmensa, hasta los días parecen más largos, sólo la mantiene en pie  la fe de que el invierno llegará en algún momento. No se trata de un invierno blanco que el frío hasta los huesos  entumece. Espera la vida en forma de lluvia, agua bendita que el cielo derramará. Está consciente de que puede ser devastador, provocando grandes catástrofes y muertes repentinas, pero si no llueve igual será catastrófico y las muertes serán lentas.    Más que su existencia le preocupan sus campos, quiere verlos reverdecer. El buitre seguía inmutable, como dándole tiempo al tiempo. 

            —¡Indolente!  —le gritó—, tú que aún puedes volar deberías ir muy lejos a buscar semillas, traérmelas para sembrarlas y así, cuando vengan las lluvias, brotaría vida en esta tierra seca. ¡Mírame aquí!, sin tener nada que hacer y sin poder hacer nada. Si tuviese fuerzas,  iría por ese mundo, traería muchas semillas y las sembraría para que cuando llegue el invierno estos campos se vistan de verde. ¡Hagamos un trato!, si me traes algunas semillas, yo te prometo que, cuando me toque la hora de partir, dejaré la puerta abierta para que mis restos, aunque sean mis entrañas, te sirvan de alimento; de lo contrario, te juro que cerraré la puerta. ¡Tú decides! La anciana calló por unos segundos y luego soltó una sonora carcajada: “Ja Ja Ja Ja Ja Ja Ja”, ¡mira qué tontería yo hablando con un buitre!, debo  estar enloqueciendo o este cruel verano me ha de estar secando el cerebro. ¡Pobre, has de estar tan hambriento y asustado como yo!

            Desde aquel momento no volvió a ver al buitre por esos lugares. Sus dos gallinas bien resguardadas, a las cuales alimentaba triturándoles los pocos plátanos y hierba que aún sobrevivían en las riberas del río, escasamente le daban el huevo que ella comía en la mañana y que por lo general era su única comida en el día. Pasaron varias lunas y a la anciana cada vez le tocaba cavar más profundo en el pozo a orillas del disminuido río para obtener agua.

            Una noche, cuando sus fuerzas  amenazaban con no dar para más, sintió un suave ruido en el patio. Ya ni siquiera tenía ganas de ir a ver qué sucedía. “Tal vez el viento tumbó algo”, especuló. Fue al amanecer cuando, al abrir la puerta, vio muy cerca de ésta un puñado de semillas en el suelo. Lentamente se agachó a recogerlas como si se tratara de granos de oro. Miró para todos lados… no vio a nadie, enseguida recordó a su amigo, el buitre: “Sólo pudo ser él”, pensó. Acto seguido guardó su tesoro en una vasija donde ni una hormiga podía entrar, mientras murmuraba: “Ojalá en algún momento pueda pagarte. Seguramente, amigo, te marchaste a donde hay abundancia.  Está bien que te hayas ido, aquí hasta tú podrías perecer. Tal vez nos volvamos a ver, mi ángel negro”.      

            Desde esa mañana, a cada instante, con más fuerza le rezaba a Dios, a todos los santos, al infinito, a quien fuera, para que lloviera; sólo así podrían salvarse los pocos que quedaban vivos.

            Día tras día el sol inclemente parecía no cansarse de secar todo lo que tocaba; la noche traía un poco de frescura y en medio de la oscuridad alardeaba de su brillo la luna, que junto con las estrellas hacía que el lugar perdiera el aspecto desolador que presentaba a la luz del sol.  

            En una tarde de aquellos días soleados, la anciana empezó a percibir que el viento traía cierta humedad. En la mañana pudo ver rocío en las pocas hojas de las matas y árboles que estaban a orillas del río. Se olía la humedad, ya el viento olía a  invierno y el sol también empezaba a parecer “sol de invierno”. Sus esperanzas se avivaron y también sus fuerzas, lo que le permitió sembrar hasta la última semilla que tenía.

            Días después, una noche, quizás pasadas las once, un estruendo se hizo sentir. De pronto, y sin previo aviso, truenos y relámpagos precedieron a una fortísima lluvia. El aguacero amenazaba con perforar el frágil techado; parecía que de golpe caería toda el agua que había escaseado durante este prolongado verano. Su primera intención fue levantarse, luego pensó que mejor dormiría bajo tan encantador arrullo. Total, las semillas que había clavado en la tierra nacerían sin dificultad, gracias a este maravilloso invierno tropical.

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • No me he animado con el de 18 min., perdona Sofía. No tengo mucho que agregar a tan enjundiosos comentantes, sin embargo como lo has catalogado como "varios", no parece cuento sino una descripción. Si le das un final mas inesperado, sin dudas crecería para mejor. Un beso Carlos
    Una gran entrada la tuya Vera Sofía. El relato tiene la cadencia justa y ese aire a cuento clásico que le sienta de maravilla. Únicamente, quitaría los puntos suspensivos en el primer párrafo, se me hacen raros. Por lo demás, muy bien llevada la información y sobre todo excelente como describes el amibiente. Casi he podido sentir el sol de justicia en la frente. Enhorabuena.
    Gracias Paco. La verdad que no sólo eres excelente escribiendo, sino también leyendo y comentando. Siempre agradecida. Hasta pronto.
    Me ha gustado mucho tu relato, Vera Sofía, por la originalidad del argumento y el singular estilo narrativo. Posee el armazón estructural de un cuento o leyenda de esas antiguas que trasmitidas oralmente explicaban el origen de algún fenómeno o accidente geográfico. La prosa latiendo con rítmica cadencia, casi musical a veces, conjura imágenes de impactante fuerza plástica y descarnado. La vieja, el buitre y el campo seco, los tres a la espera en un escenario desolado y hostil. Al final, la mujer y la tierra ven satisfechos sus anhelos. Me imagino que el ave también regresará para recibir el pago acordado. Bienvenida a TR. Celebro que te gustara mi relato.
    Gracias Isabel. Primero por leerme y luego por tu corrección.Tienes toda la razón. Comentarios así, son toda una ayuda. Saludos
  • No estoy segura en que categoría va. Los invito a leerlo, aunque sea hasta la mitad.

    Para muchos las casualidades se dan muy a menudo, para otros no existen; lo cierto es que hay hechos que nos hacen dudar.

    Hay momentos en la vida en que se nos presentan dificultades que no está en nuestras manos resolver. Cuando reconocemos nuestras limitaciones nos damos cuenta que necesitamos aferrarnos a un sueño para poder sobrevivir y tener una fe inquebrantable para saber esperar.

  • 3
  • 4.67
  • -

A temprana edad me apasioné por la lectura, y más tarde descubrí mi afición por escribir. Al publicar lo hago con la esperanza de llegar a quienes les gusta leer y conocer nuevas historias. Agradeciéndoles desde ya, por su tiempo.

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta