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4 min
Un momento mágico
Reflexiones |
29.09.15
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Sinopsis

A veces cuando peor lo estás pasando, la vida te regala momentos dulces que mitigan esa hiel de tu alma para convertirla en miel. Y es en el cielo más oscuro donde brillan las estrellas y entre nubarrones negros impera un precioso arco iris.

Dicen que caminar entre la naturaleza te despeja, te vitaliza y te difumina la rabia, rencor y tristeza. Nada más llegar del trabajo tras un día tenso, me dirigí a mi parque favorito, un oasis verde donde crecen árboles, plantas y se oyen los pájaros. Cuántas veces había recorrido ese circuito serpeante, sintiendo diferentes emociones dependiendo del día, alegría y euforia, tristeza y decepción…Mucha gente descarga su adrenalina haciendo footing, paseando los perros y yo escucho música mientras mis pulmones se cargan de oxígeno.

El sol se estaba escondiendo detrás de las montañas y mi mente divagaba trenzando un relato que colgar precisamente aquí…Pensaba en que las tres personas que más han marcado mi vida eran Piscis y los tres quizás movidos por el miedo, salieron huyendo en el momento más dulce, quizás por el terror al compromiso. Iba cabizbaja cuando de repente algo me impulsó a levantar la cabeza y en ese momento lo vi…Era un chico que corría haciendo footing y me gustó su rostro dulce, no sé por qué me llamó tanto la atención pero ya no pude quitármelo de la mente.

Seguí mi camino, sintiendo nostalgia por un pasado reciente que era gratificante y ahora ya había terminado. Mi sexto sentido me decía que me volvería a cruzar con ese “runner”, lo intuía. El camino se hacía cuesta arriba, tocaba subir la pendiente pero sin embargo yo me sentía ligera, con alas. No transcurrieron ni 10 minutos que lo vi de lejos como él bajaba y me fijé en más detalles, su jersey azul marino, los pantalones de deporte hasta las rodillas, su rostro serio y concentrado…Y lo miré, lo miré fijamente a los ojos, como si fuera la última vez que lo fuera a ver. Creo que él notó mi mirada porque…

“No hay dos sin tres” me dije mientras circundaba el lago de Ariadna y miraba con ternura los patos que nadaban en las verdes aguas. Rodeé el edificio de la biblioteca y subí otra cuesta ya asfaltada y con palmeras soberbias. Empezaba a oscurecer pero todavía había un punto de luz.

En mis auriculares comenzó a sonar Sultans of Swings de Dire Straits, una de mis canciones preferidas que me hacen mover los dedos como si rasgara una guitarra.

Mi cabeza a pesar de estar distraída por la electrizante canción, me susurraba: “Lo volverás a ver, te vas a encontrar otra vez con ese chico, lo verás de nuevo”.

Como si fuera una sincronización perfecta, ni hecho expresamente llegué a la cima de la cuesta y en ese momento ocurrieron dos hechos coordinados: Se acabó la canción y…volví a coincidir con ese chico. Los dos nos quedamos sorprendidos del tercer encuentro pero algo mágico sucedió. Nos quedamos los dos mirándonos como bobos, fueron unos segundos que nuestros ojos a pesar de la creciente oscuridad, parecían más luminosos que nunca y fue como si el mundo se hubiera detenido de repente.

El realizó unos ejercicios de calentamiento mientras yo decidía sobre si irme a la izquierda o a la derecha. Nos miramos una última vez y él desapareció por un atajo que llevaba precisamente al lago de Ariadna y que los corredores no acostumbran a incluir en su ruta de footing.

Me dejó una extraña sensación pero a la vez muy agradable. Mi corazón todavía se está recuperando de unas heridas que ya han cicatrizado pero eso no significa que no duelan. Y saber que como leí una vez,  “lo mejor aún quizás está por llegar”, fue un bálsamo reparador para mi corazón y para mi alma que ni los libros de autoayuda ni los consejos de conocidos habían logrado mitigar.

Hay personas que llegan para bien o para mal y a menudo desaparecen. Pueden ser como mariposas que las ves pocos días o con suerte puedes compartir, semanas, meses, años, décadas…

Vivo el presente y disfruto ahora de este momento mágico que me envuelve como una brisa perfumada. Por la noche recordaba el duro día en el trabajo y como la vida me había recompensado con un dulce instante, porque No es como empieza el día sino como acaba.

A veces cuando peor lo estás pasando, la vida te regala momentos dulces que mitigan esa hiel de tu alma para convertirla en miel. Y es en el cielo más oscuro donde brillan las estrellas y en medio de nubarrones negros impera un precioso arco iris. 

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Me hubiera gustado ser periodista porque desde pequeña ya me gustaba crear cuentos y relatos. Escribir es mi bálsamo y mi oasis en los malos momentos y me ha ayudado a salir de muchos baches. Esta web me colma de felicidad tanto por poder escribir como que seas leída. GRACIAS A TODOS.

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