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3 min
Un piropo
Reales |
16.02.21
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Sinopsis

Sin ir más lejos, lo que me ha pasado esta mañana

Pues que el domingo pasado escribí un relatito para explicar lo que me había regalado mi marido para san Valentín. Pero como hacía mucho tiempo que no escribía aquí, no me acordaba de que, cuanto más largo sea lo que escribes, menos gente te lee. Y resulta que lo que yo escribí era de ocho minutos de lectura; entonces, claro… que incluso a mí me parecen una eternidad ocho minutos. Pero la culpa de que no me leyeran es mía y sólo mía porque empecé explicando lo que me había regalado mi marido y luego me enrollé con las tonterías que se nos ocurren a él y a mí en la cama. O sea, que me estuvo bien que no me leyeran por extensa y, además, por indecente.

Y a ver si lo arreglo hoy con algo cortito sobre lo que me ha pasado esta mañana cuando he ido con mi madre a la capital, que ya he dicho alguna vez que vivimos en un pueblo. Porque resulta que a mi madre le fallaba el audífono y había pedido hora para que se lo miraran. Y prefiere que la lleve yo en el coche porque dice que mi padre corre demasiado. De paso, hablamos de nuestras cosas. Y yo he aprovechado para enseñarle el regalo de mi marido, que le ha gustado mucho. Lo que no le he dicho, porque de esas cosas no hablamos, es lo otro, lo que enredamos mi marido y yo en la cama con el regalito.

Pues eso, que en media hora ya estábamos en la capital. Aparcamos y salimos del coche con nuestras mascarillas como Dios manda. Y como nos sobraba algo de tiempo y el sitio a donde íbamos está en una zona comercial, hemos estado mirando escaparates. Entonces ha sido la primera vez. Sí, íbamos paseando cuando nos hemos cruzado con un señor y me ha dado la impresión de que se ha girado para mirarme el culo. La segunda vez ha sido al salir de lo del audífono: un chico joven lo mismo, que le he mirado de reojo y tenía los ojos fijos en mi culo; o en el de mi madre, que para el caso es lo mismo. Hasta que luego, cuando estábamos ya a punto de llegar al coche, otro señor, algo mayor, lo mismo en plan descarado. Entonces yo, cansada ya y porque a mí el culo sólo me lo mira así mi marido, voy y me encaro con él preguntándole que qué mira. Y me contesta:

-Señoras, como van ustedes con mascarilla, la única manera de alcanzar lo guapas que son es mirándoles el culo.

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