cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
Un tren a Brasil
Amor |
26.11.20
  • 4
  • 7
  • 322
Sinopsis

Agradezco cada una de sus lecturas y comentarios. Este relato lo hice con la colaboración del escritor Uruguayo Carlos Higgie.

Tomados de las manos corrían entre la multitud como dos chiquillos. Eran unos amantes felices, ella mucho más joven que él, corriendo divertidos entre la gente que se aglomeraba. Querían huir de todo y de todos, subir de una vez al tren. En sus ojos se veía picardía y deseo. Ya dentro del tren buscaron su camarote reservado, lejos de la mirada indiscreta del resto de los pasajeros. Necesitaban un poco de privacidad. Una vez ubicados, Rose y Frederick quedaron sentados frente a frente. Por la ventana tenían una vista preciosa un cielo límpido con una espesa vegetación y montañas a lo lejos, pero, en ese momento, a ninguno de los dos le interesaba contemplarlo.

Rose, con aire provocador,  se pasó la punta de su lengua por toda su boca roja; él sólo tragó saliva. Ella se subió su largo vestido violeta mostrando sus muslos y se recogió su cabello rojizo con una pinza de plata. Lentamente bajo sus bragas, sin sacarse sus calcetines blancos de nylon extra largos ni su calzado. En ningún momento ella dejó de mirarlo. Se desató uno de sus botines blancos. Con la punta del pie recorrió el largo de la pierna masculina, hasta detenerse en la entrepierna de su apuesto y seductor amante, un hombre que la excitaba casi sin tocarla. Su pie se dirigió justo hacia el miembro viril, lo frotó de arriba hacia abajo, yendo y volviendo, haciendo presión sobre el órgano que, sin pereza, comenzó a crecer. El hombre separó sus piernas y cerró sus ojos para seguir disfrutando de aquel exquisito roce, que le generaba tanto placer. Cuando menos lo pensó, la tenía sentada sobre sus piernas, sus bocas casi a punto de tocarse. 

Ella no paraba de frotar su sexo contra el de él, que se humedecía con cada vaivén de las caderas femeninas. Frederick no lo soportaba, sentía que toda la sangre se le había acumulado en un solo punto de su cuerpo, exactamente en su falo, que ya estaba rígido, listo para comenzar el excitante juego. 

-- Aún no susurró ella -- Déjame que goce un poco más de este momento divino. Ella le susurró algo más y pasó su lengua excitante por la oreja de su amante. Frederick sintió una electricidad que le recorría todo el cuerpo. 

Estaba tan excitado que apenas conseguía contenerse. -- ¡Ya no puedo más Rose! No puedo soportarlo – casi le gritaba, desesperado. La tomó por el cuello y la besó de una forma descarada y lujuriosa. Sus lenguas se enroscaron en sus bocas. Estaban ansiosas, húmedas y calientes, al igual que sus cuerpos. Rose tomó la iniciativa y le abrió la bragueta del pantalón para liberar, con su delicada mano, aquella erección impresionante, provocada por tantas horas de provocación y jueguitos, antes de subir al tren.

Ella se acomodó sobre el cuerpo del hombre, que ya estaba prácticamente acostado, fue bajando despacio, calculando cada movimiento de su cuerpo felino. Se movió hasta sentir el miembro tocando su rosa encarnada. Jugueteó, provocando suspiros en su amante, rozando sus labios húmedos contra el miembro que ya estaba a punto de bala.

-- ¡Así me vas a matar!- gimió Frederik. -- ¡De placer te voy a matar y bien despacito!- dijo ella y lo besó con lujuria. Las manos del hombre se adueñaron de la cintura femenina, pero no la obligaron a nada. Ella dejó el miembro nervioso entrar un poquito y se retiró, moviéndose sensualmente. Ella lo besó y buscó su lengua, mientras se dejaba penetrar lentamente. Sintió como cada centímetro de aquel órgano se adueñaba de su sexo.

Frederick jadeo junto con ella. Amazona hermosa y excitante, ella comenzó una lenta cabalgada sobre las piernas del hombre, mientras aquel pino mágico que la enloquecía, mojado de placer, entraba y salía de su sexo. Rose no demoró mucho para poner más energía en aquel juego enloquecedor, soltándose con movimientos cada vez más rápidos y profundos. De repente, los dos se agitaban salvajemente, ajenos al mundo.  Al tren que vencía la distancia y los protegía de ojos curiosos. Rose había colocado sus brazos alrededor del cuello de su amante y lo besaba y olía al mismo tiempo. El perfume varonil de su amado la enloquecía. Pegaba su nariz respingada en el cuello para aspirar el aroma indescriptible que la excitaba, mientras su cuerpo se sacudía con furia.

Él parecía insaciable, cada vez quería más, y ella era incansable, principalmente cuando el deseo y la lujuria la dominaban. La expresión de su mirada reveló que estaba al borde de un orgasmo espectacular. Sus muslos aprisionaban ambos costados de su amante, no quería parar, quería cada vez más y más. Gemidos y palabras ininteligibles florecían en sus labios rojos. Y él los ahogaba con sus besos mojados. La locomotora parecía acelerar al igual que sus corazones; sus respiraciones agitadas denunciaban el estado de excitación total, que los dominaba. Frederick finalmente estalló, dejó que su lava blanca se perdiera dentro de ella. Rose presionó y enseguida aflojó sus piernas y volvió a presionar; se movió con sabiduría, ajena a su juventud, detrás del orgasmo tan deseado. Su amante permaneció clavado en ella, mientras Rose se movía, buscando su momento mágico. 

Cuando el orgasmo explotó en algún lugar de su cuerpo y la recorrió, ella gritó alto, se dejó caer sobre el hombre y después inició un movimiento hacia atrás, cayendo de espalda, mientras Frederick la sostenía con sus brazos fuertes, apoyando sus manos en la espalda mojada de sudor. Su cabello rojizo se soltó de la pinza, sus pezones rígidos sobresalían de la tela de su vestido violeta. En un movimiento lento, ella se dejó caer sobre él nuevamente y se besaron, respirando con dificultad.

-- Me enloqueces, muchachita – murmuró él. Ella no dijo nada, lo besó con cariño y se anidó sobre el cuerpo del hombre. El atardecer se asomó en el horizonte. Esta vez ellos lo contemplaron con deleite. Con su cabeza apoyada sobre su pecho, mientras su coronilla rojiza sostenía el mentón de su amado, ella dejó que aquellos colores maravillosos entraran en su alma y la llenaran de felicidad. Permanecieron unidos así. Tiempo después,  Rose levantó la cara hacia él y le preguntó con una voz sensual y mirada coqueta: -- Dime Frederick, ¿cuál será nuestro próximo tren? -- Nuestro próximo tren será... un tren por las tierras del Brasil. -- Mal posso esperar para entrar naquele trem! – dijo ella, con su encantador acento portugués, abriendo una sonrisa pícara. Él se acercó y le mordió su labio inferior. Ya estaba con ganas, otra vez.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Yo puedo resistir todo, menos la tentación.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Ranking Relatos (ver más)
+ Valorados
+ Leídos
Encuesta
Rellena nuestra encuesta