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4 min
Un último canto (Reflexiones de un demente. 3)
Reflexiones |
10.12.13
  • 4
  • 4
  • 1318
Sinopsis

Final de la trilogía.

Hay un placer en la locura 
que sólo los locos conocen.
John Dryden

 

Quiero dormir…

Cierro los ojos y me traslado hacia un lugar desconocido para mí, pero a la vez de una belleza extraordinaria. Aparentemente es como una playa, de arena negra y brillante como el ónice y de aguas de color púrpura. El cielo está cubierto de unas colosales nubes tintadas de azul eléctrico, pero no me asustan. Me pregunto de qué color serán las gotas de lluvia en éste lugar.

Miro a mi alrededor y descubro que estoy completamente sólo, en esa playa que parece no tener fin. Siento bajo mis pies descalzos la humedad de la arena, acompañada de una agradable calidez. Estoy cerca de la orilla, y aun así, el agua parece tímida y retrocede justo un instante antes de rozarme los dedos.

De repente, algo llama mi atención a mi derecha, y giro la cabeza de manera mecánica. Alguien ha aparecido como de la nada y, está tan cerca, que casi puedo tocarlo. Sin tiempo para reaccionar, el acompañante me devuelve la mirada, pero lo que contemplo me deja atónito. De alguna forma, aquel ser es idéntico a mí, y es mi rostro el que estoy observando. Sin embargo, no se trata de ninguna ilusión óptica creada por algún caprichoso reflejo, puesto que el individuo se mueve de manera autónoma. Me dedica una sonrisa, pero no me resulta agradable. Hay algo en él que me atemoriza y, en cierto modo, me resulta familiar.

Intento alejarme de él, pero mi cuerpo está atenazado. Y su sonrisa se hace ahora más amplia, mostrando unos retorcidos y puntiagudos dientes, tras los que se esconde un vacío negro y abismal. Parece disfrutar con mi temor. Aquél lugar, que hasta entonces me ha parecido un exótico paraíso, se convierte ahora en el más espantoso de los avernos, provocándome unos perturbadores escalofríos que me congelan la sangre y me oprimen el pecho.

Como si se regodeara con mi tormento, el ser comienza a alzar los brazos lentamente hacia mí, mientras abre su repugnante boca. Puedo sentir su fétido aliento contra mi rostro, un hedor a podredumbre, decrepitud e insania. Cuando me alcanza, sus dedos comienzan a convertirse en algo semejante a unas gruesas y rugosas ramas arbóreas, que se retuercen a mi alrededor aprisionándome en una especie de jaula.

Cada vez está más cerca, y su tamaño parece acrecentarse de manera desmedida. No concibo salida alguna, más que la de dejarle hacer cumplir su voluntad. Él es el dueño y yo su esclavo. Cuando todo esto termine, si es que termina en algún momento, me adentraré en las profundidades del mar y dejaré que sus aguas me engullan, pues mi mente no conseguirá nunca borrar los horrores que he contemplado.

De repente, como si el mismísimo Poseidón hubiera escuchado mis súplicas, la marea comienza a subir, inundándome los pies. Al cabo de un instante, el agua me llega por la cintura y, poco después, me sumerjo de lleno, quedando liberado por completo de mi captor.

(¡Despierta!)

Abro los ojos de golpe, justo al borde del éxtasis. Una parte de mi mente permanece en la ensoñación, mientras otra, la más sensata, empieza a mandar señales al resto de mi cuerpo. Siento el entumecimiento en cada una de mis articulaciones y, con dificultad, intento moverlas, haciendo caso omiso del hormigueo que las recorre.

Echo un vistazo a mi alrededor y, poco a poco, comienzo a recordar. El brillo marmóreo de los azulejos termina de despertarme del letargo, estimulando la parte más aturdida de mi cerebro.

Suavemente, me dejo resbalar por la piedra de la bañera hasta quedar sumergido. Unas pequeñas burbujas ascienden hasta morir en la superficie. Ha llegado la hora. Después de todo este tiempo, al fin podré descansar.

(Pero, ¿qué haces? ¿Estás loco? ¡Levántate! Después de lo que hemos hecho juntos, ¿ahora pretendes matarme? Maldito tarado…)  

Quiero dormir…

 

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  • ¿Y no hay nadie que le de la medicación? No entiendo de esta clase de mentes extrañas, pero tengo la sensación de que sabes introducirte en ellas... espero que tú sí que tomes la medicación. Perdona la broma. Me ha gustado la serie
    Vamos, el escrito está muy bien. Algo surrealista, quizás, o mejor dicho, algo psicótico. Te sigo leyendo Alex
    Con ésta parte dejaremos descansar al pobre hombre, porque la única salida que tenía era esa de la que no podemos volver o, al menos, por ahora. Muchas gracias por tu valoración y comentarios. Saludos!
    Menos mal que nos lo ofreces a pequeñas dosis, porque esto empieza a ser angustioso. Por cierto, acabo de leer tu comentario en "Esta mañana ha salido el sol" y te comento que la ciudad está abandonada porque el protagonista está solo en el mundo, te remito al primer capítulo. Saludos agradecidos por tus lecturas.
  • Breve reflexión sobre las relaciones personales actuales

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    Un relato que escribí hace algún tiempo...siempre me ha interesado hasta dónde puede llegar la mente humana cuando está sometida a algún tipo de presión, amenaza, etc. Locura, desesperación...(Los que me lean ya se habrán dado cuenta) En éste caso, está inspirado en algo que me ocurrió.

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    Inspirado en algo que me contó mi abuelo hace ya algunos años. A él le dedico esta historia.

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