cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

3 min
Un zumo de naranja
Reales |
13.11.21
  • 5
  • 2
  • 276
Sinopsis

Es un día caluroso. Cuatro personas entran bulliciosas y sedientas. Para mala suerte de la propietaria no le piden nada embotellado, pues a una de ellas le pareció buena idea un delicioso jugo de naranja natural y los otros se antojan. Y ahí empieza el suplicio.

A propósito de trapos insalubres, una buena señora regenta una pequeña cafetería cerca al Centro Histórico. Es un día caluroso. Cuatro personas entran bulliciosas y sedientas. Para mala suerte de la propietaria no le piden nada embotellado, pues a una de ellas le pareció buena idea un delicioso jugo de naranja natural y los otros se antojan. Y ahí empieza el suplicio.

El exprimidor es manual y las naranjas son pequeñas, duras y secas. La señora se pone a la labor con pesadumbre. Después de apachurrar varias naranjas, el esfuerzo y el calor empiezan a hacerle mella. Suda; de vez en cuando agarra un trapo que alguna vez fue blanco y se limpia la frente, pero en el arduo proceso, varias gotas se precipitan al jugo inexorablemente. Los clientes dejan de conversar. La miran de reojo. El fragor del tráfico afuera en la calle es apenas un rumor lejano. Solo se escucha el cuchillo hincarse una y otra vez sobre la fruta y golpear la tabla.

Cerca al mediodía el calor es implacable. En este punto la señora realiza su máximo esfuerzo. No se va a rendir. Ni más faltaba. Sacará los cuatro vasos cueste lo que cueste. Pero el tiempo corre y la paciencia mengua. Las naranjas limpias y frescas de la nevera se agotan y todavía falta jugo. Ya no hay tiempo de lavar nada y las coge directamente de una costalilla que está en el suelo, bajo el lavaplatos. Ahora la mugre de las cascaras, el sudor y el trapo son todo uno. El color del jugo es de un amarillo grisáceo. Finalmente lo logra. Enjuaga como puede unos vasos de cristal y sirve sus cuatro soberbios zumos en la mesa. Se seca el cuello, satisfecha y agotada. "Cuatro jugos de naranja natural", confirma. Los clientes se miran nerviosos; ahí está la robusta señora, de frente, implacable.

Toma una vez más el trapo y ahora limpia la hoja del gran cuchillo empleado en la batalla. Se ve reluciente. Los clientes van vaciando sus bebidas lentamente, con ojos cerrados. Las gargantas se refrescan, ahhg. Pagan en silencio. Con las manos salpicadas de pulpa de fruta, ella les recibe el dinero y les devuelve unas monedas y billetes empapados "Adiós, por aquí siempre a la orden". Antes de salir al incendio de la calle, uno de los clientes cree observar una cierta sutil sonrisa maliciosa. Será cosa del calor o del relampagueo del sol sobre la lámina metálica del mostrador.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Eso explica la inmunidad a toda clase de microbios que hemos desarrollado los habitantes del trópico.
    Muy original. La pequeña lucha diaria en el trabajo tiene su qué.
  • Orejas’ era un típico delincuente callejero, viejo conocido de las autoridades, siempre implicado en hurtos menores y atracos con arma blanca. Acumulaba un rosario de capturas y retornos a la calle.

    Sale un hombre joven, puñal en mano, a buscar su botín del día y acaba tendido sin vida en uno de los prados adyacentes al histórico puente de La Custodia, junto al del Humilladero,

    Si señores, como lo han leído, se trata del hurto de unos cerdos. Marranos, guarros, cochinos, puercos, chanchos o como bien quieran llamar a estos nobles animalitos.

    Es un día caluroso. Cuatro personas entran bulliciosas y sedientas. Para mala suerte de la propietaria no le piden nada embotellado, pues a una de ellas le pareció buena idea un delicioso jugo de naranja natural y los otros se antojan. Y ahí empieza el suplicio.

    Perros domésticos se han vuelto salvajes por culpa del hambre

    Mirando al vacio

    tedios y recuerdos

    La casa vacía

    que más da

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta