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19 min
Una dama de negro, un suspiro del viento y dos lagrimas olvidadas.
Reflexiones |
08.11.14
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Sinopsis

Ultima parte de "Crónicas de un bohemio" y tambien mi despedida del mundo de la escritura. Esta serie de tres cuentos trata de explicar un poco la forma de recorrer los caminos de mi propio corazon. Y ahora que llegue al fondo, esto es lo unico que quiero dejar. Les aconsejo leer primero las dos anteriores partes, espero sea de su agrado. Fue un gusto compartir con ustedes, Adios!

Crónicas de un bohemio parte 3.-

Una dama de negro, un suspiro del viento y dos lagrimas olvidadas.

*Acto I: Un alma cansada.*

Viejas sendas que guían a los viajeros a la perdición mientras sus adoquines sonríen y celebran cómplices de semejante crimen. Se divierten con la ignorancia y la incertidumbre de los extraviados, saboreando el amargo licor hecho de lágrimas y regodeándose con la insípida melodía de las plegarias olvidadas. Cuál es el final deja de ser la pregunta para intentar recordar cual fue el motivo, ¿Qué fue aquello que guio a tu corazón a recorrer una senda perdida en el tiempo?

Un desahuciado bar al costado del camino luce como un perfecto campo de flores para descansar, para olvidar las intrincadas trampas del destino y permitir que la paz se pose un rato sobre los tensos hombros. No huele a rosas ni tulipanes, no es cálido y ni siquiera se acerca a la mínima expresión de lo reconfortante, pero el agotado bohemio necesitaba olvidar un poco aquello que con ansias buscaba y, quizás, relajar un poco su garganta con algún añejado licor.

Buscar su lugar en el mundo, su pétalo dorado, se había vuelto una obsesión por la cual se sometió a largos viajes. Buscando meticulosamente en cada nueva ciudad, explorando retorcidos callejones y lujosos teatros. Vio con sus propios ojos la triste realidad que esclaviza algunas personas y la desvergonzada forma de vivir de los que se hacían llamar clase alta.

Sus ojos se habían conmovido en más de una ocasión al presenciar el hambre y la desgracia que algunos viven como si fuera vida. No podía evitar pensar que su delicado lirio dorado se encontraba perdido entre semejante obscuridad. Pues, las tinieblas pueden convertir hasta el más suave pétalo en un ramo de espinas.

Pero necesitaba un trago y ese bar era el lugar perfecto.

Estaciono su automóvil cerca de la entrada, cerró sus ojos por un instante como buscando permiso para descansar, para aclarar su mente y luego de un minuto en silencio se dispuso a entrar a ese olvidado lugar.

Bajo del automóvil y un suspiro amotinado se escapó de su boca y se unió al fuerte viento que había abofeteaba su cara con desprecio. Las señales eran claras pero su mente se había enturbiado con el tiempo, así que simplemente las ignoro y habiendo encendido un cigarro barato simplemente decidió que lo correcto y lo incorrecto ya no tenían sentido a esa altura.   

 

*Acto II: Buscando descanso en el valle de la muerte*.

El aire allí dentro podía cortarse con papel, las miradas podían sentirse como arañazos en el alma y los susurros parecían todos cómplices de algún trato de mala fe; podría jurar que el diablo lo observaba desde un rincón.

Pero él no temía a esas cosas, su alma ya tenía dueño, su voluntad ya había sido robada.

Camino lentamente hacia la barra, sin prestar atención a todo lo que se murmuraba. Tomo asiento en una banqueta sorprendentemente cómoda, se apoyó con un codo sobre la lustrosa barra de madera color café y le pidió al barman un whisky en las rocas. Fácilmente su obscura figura podía camuflarse con el lugar.

El sujeto de cara tosca y una expresión de odiar al mundo circundante asintió al pedido con un gesto vacío, colocando rápidamente el vaso delante del bohemio, como si ya hubiera sabido lo que su cliente iba a pedirle. Pero él ignoro ese detalle como todos los otros. Simplemente no había algo que pudiera sorprenderlo, estaba perdido en su mente.

_Barman: El camino puede ser largo a veces, pero muchos encuentran aquí lo que andan buscando.

-El bohemio bebe un poco de su whisky antes de contestar-

_Bueno, debe ser verdad, porque solo buscaba un buen trago y lo he encontrado.

_Barman: Su cara es la de alguien que ha recorrido un largo camino, así que, mi whisky barato debe ser especial.

_Yo podría jurar que he visto su cara en algún periódico, en la sección de criminales peligrosos, pero aquí está sirviéndome un buen trago.

_Barman: Se le da bien el sarcasmo a usted.

_Podría decir que es uno de los talentos que mi madre me heredo.

_Barman: Seguro una gran mujer.

_Formada a la antigua, yo no lograba encontrar diferencia alguna entre las brujas de los cuentos y ella.

_Barman: Las madres son así, pero siempre aman incondicionalmente.

_Nadie dijo lo contrario y yo sería un mentiroso si le dijera que mi madre no me amo.

_Barman: Muchos mentirosos vienen aquí a pedir un trago.

_Es un bar y usted un psicólogo barato.

_Barman: “Psicólogo barato”, jamás me habían llamado así antes.

_Perdone, mi humor a desvariado estos días.

_Barman: No hace falta que se disculpe, tiene usted mucha razón. Uno pone un bar a la vera del camino y recibe más pacientes al año que un psicólogo profesional.

_”La bebida es el mejor medio de acercamiento” solía decir mi padre.

_Barman: -ríe de manera reservada- Es usted todo un personaje, sírvase otro trago, la casa invita.

_Sin duda lo mejor que me ha pasado en estos días.

_Barman: Espere a ver a la artista de la noche entonces.

 

El Whisky se iba volviendo más compañero a medida que bebía y el hielo besando los labios del bohemio traía a su mente viejos recuerdos de encuentros amorosos pero infantiles.

El aire se había vuelto fortuitamente más acogedor, como una neblina acunándolo en el vacío; los susurros que antes lo incomodaban habían desaparecido, perdidos de la mano del piano que ambientaba el lugar. El diablo no había quitado la vista de él en ningún momento, observando como su alma se perdía en el tiempo y el espacio.

Ya nada era importante. En aquel momento el tic-tac del reloj había dejado de existir y lo único que marcaba el tiempo era el palpitar de su muñeca apoyada de mala manera contra la barra. Al menos podía asegurar que estaba vivo, su corazón latía como de costumbre: a pasos dudosos y erráticos.

Ya estaba perdido en la nada, en su propia falta de confianza, su falta de determinación. Ese calvario para las esperanzas no era más que la reencarnación de su baja autoestima y la falta de un grito de guerra. De un momento a otro se había convertido en otra de esas almas sumidas en la desolación que tanto lo habían sorprendido cuando ingreso al lugar, era uno más del montón. El sentido de todo ya se había torcido y aquello que era un simple desvió era ya una forma de vivir.

 

*Acto III: El famoso pétalo dorado*

Repentinamente la luz del lugar se vistió de un rojo carmesí; el piano cambio de ritmo para acompañar a la dulce voz de una dama vestida de negro; los susurros ya no se escondían entre otros sonidos sino que habían guardado un respetuoso silencio; las miradas se dirigían al telón bordo que lentamente se iba abriendo como dando inicio a una nueva etapa; y los vasos chocando contra la mesa podían ser confundidos fácilmente con un aplauso de bienvenida para la artista de la noche. El diablo había quitado la vista de él y sonreía con ansias.

Creyó oír al barman decirle que disfrutara el espectáculo mientras dejaba de manera amistosa un vaso cerca de su mano, pero no atino a responder. Algo lo había cautivado de manera violenta.

_Oiga, ¿Quién es la mujer que está cantando?

_Barman: Una viajera, como usted.

_Pero ¿conoce su nombre?

_Barman: La verdad es que no lo menciono. Dijo que su banda se llamaba “El pétalo marchito”.

Su mano temblequeo repentinamente de manera rebelde al escuchar el nombre de la banda, frenéticamente metió su mano en el bolsillo y saco el pañuelo en el cual había envuelto tiempo atrás su preciado pétalo dorado. Tuvo miedo de abrirlo, sentía vergüenza de haber abandonado la búsqueda por tantas horas.

Horas… ¿Cuántas horas había estado allí? Apoyo el pañuelo sobre la mesa y cerró los ojos para estar seguro que la dulce voz que acariciaba su corazón desde el escenario era la misma que había escuchado esa tarde de primavera desde su ventana.

_Pensar que es una simple coincidencia sería muy estúpido de mi parte.

_Barman: Mi amigo, las coincidencias son solo tretas del destino.

_El destino es un buen bromista.

_Barman: Disfrute la velada, le advertí que encontraría lo que estaba buscando. Todos encuentran aquí algo de su vida.

Guardo silencio y se dejó llevar por la melodía, los recuerdos lo asediaban a cada tonada. Estaba seguro de que la persona que estaba buscando estaba frente a él endulzando sus oídos.

Su ángel color dorado, la belleza misma de un sueño, el motivo por el cual había resistido los latigazos de la vida, por el cual se había convertido en esclavo de su propia perdición se encontraba allí; En el fondo de su alma, en lo más obscuro de sus sentimientos, en el pozo al que cae un hombre para morir desolado. Allí se encontraba su pétalo dorado, la esperanza misma.

 

*Acto IV: Esperanza o Soledad*

Siguió el consejo de quien saciaba su desesperación con alcohol barato. Disfruto el espectáculo sin mover un musculo.

Cualquiera que lo viera podría decir que ese tipo se encontraba en alguna especie de alucinación, pasó de ser el sujeto nuevo a ser el ente más perdido del lugar. El cantinero no podía evitar mirarlo con lastima, como si de alguna curiosa forma ya supiera su triste destino.

Así paso el tiempo y él espero hasta que el show llegara a su fin. Tenía que hablar con ella. Necesitaba verla a los ojos y que ella supiera que al fin había logrado encontrarla. Que la soledad ya no sería parte de sus vidas, que el futuro seria de ahora en más del color del pétalo que estaba envuelto en el pañuelo. Los sueños podían ser realidad y la realidad podía volverse algo soñado.

Eso era lo único que hacia latir su corazón, lo único que mantenía el hielo alejado de la pequeña llama que aún mantenía el lumbre en semejante obscuridad. La soledad que el bohemio le había encargado en aquel campo rocoso llegaría a su fin, estaba a punto de cambiar su destino y el de aquel viejo escrito. Ya jamás estaría solo. La esperanza lo cambiaria todo.

 

 *Acto V: El pétalo marchito.*

Las horas pasaron y el espectáculo llego a su final. El bohemio, quien había permanecido inmóvil, solo respirando por reflejo y tenebrosamente como una fría figura de seda aun vagaba en sueños futuros.

_Barman: Ha sido cautivado usted de la peor manera mí amigo, pero mire que abandonar su pobre vaso de esa manera…

Sacudió su cabeza para despertarse mientras el tipo detrás de la barra retiraba el vaso de su lado; sintió un fuerte mareo como si hubiera dormido durante días.

_Barman: Ha bebido usted demasiado, ¿Se acuerdo siquiera que era lo que andaba buscando?

_Ya le dije que solo andaba buscando un buen trago. –Miro de reojo hacia el cantinero y creo ver a la pasada  el vestido negro entrando a una habitación-

_Barman: Sigue usted con eso…

_ ¿Le molesta si felicito a la cantante? –Interrumpiendo bruscamente-

_Barman: No ira usted a provocar un lio ¿Verdad? Lamentaría mucho tener que decirle a Pipi que lo envié al hospital.

_ ¿Pipi?

_Barman: El sujeto de la esquina, allí. –Dijo mientras señalaba a una persona que cualquier otro podría haber confundido con un inmenso minotauro sanguinario.-

_Tratare de no molestar a Pipi, solo quiero hablar con ella.

_Pase usted entonces, con cuidado.

Rápidamente abandono la banqueta donde estaba arraigado. Perdió el equilibrio por un instante y creyó que la siguiente parada era el suelo, sin embargo, alguien lo sostuvo. Se recompuso y pidió disculpas a quien lo había atrapado, aunque su piel se erizo y sus huesos temblaron al darse cuenta que el diablo mismo era quien había evitado su caída.

_Aun no es momento de caer ¿Verdad? –Tiro su galera hacia atrás, le enseño una escalofriante sonrisa y le indico el camino hacia la habitación-. Anda pequeño… Nada más paso, todo estará bien.

En el fondo podía sentir que algo estaba mal, pero su vista continuaba nublada. Simplemente enderezo su columna, levanto la mirada y se dirigió hacia la puerta que lo cambiaria todo. El camino era confuso y el final incierto, pero él no quería abandonar su sueño, simplemente no quería sentirse perdido en el camino que se le había encomendado.

Atravesó la puerta con el envión que el peso muerto de su cuerpo venía arrastrando y ahí la vio, esperándolo. Pero algo no iba bien.

No había una sonrisa o un abrazo para recibirlo, solo una mirada fría, una mueca triste y un final no deseado.

_Esperanza: Así que al final has llegado.

_Dijiste que debía buscarte sin importar lo que sucediera, aunque pareciera imposible.

_Esperanza: Pues sí, eso es lo que dije aquella vez.

_Entonces si eres tú.

_Esperanza: ¿Lo soy? ¿Soy lo que buscabas?

_No más juegos…estoy cansado y mi corazón ya no late igual.

_Esperanza: Viniste hasta este lugar a buscar un sueño dorado, pero de camino sacrificaste todo lo que eras.

_No había otra forma…

_Esperanza: ¿Si no eres realmente el que debía buscarme por qué crees que yo soy realmente lo que estás buscando?

_Porque lo sé, te vi aquella vez debajo de ese árbol, aún tengo el pétalo que me diste.

_Esperanza: ¿Lo has revisado últimamente?

_Lo tengo envuelto en este pañuelo y lo he cuidado con mi vida.

_Esperanza: Te has aferrado a una esperanza falsa joven… ¿Por qué no abres el pañuelo? ¿A que le tienes miedo?

_¡¡Si tuviera miedo estaría perdido!!

_Esperanza: ¿Has visto dónde estás?

_ ¡Ya basta! ¡El camino fue duro pero llegue hasta aquí! ¡Sacrifique mi corazón pero estoy a tus pies! –Cae bruscamente de rodillas-

_Esperanza: -Se acerca caminando lentamente hacia él, se inclina en cuclillas y toma sus manos- Simplemente abre el pañuelo y deja ya de sufrir.

_Yo solo quería encontrar al lugar donde pertenezco…el lugar donde mi ser debe existir. –Entre sollozos-

_Esperanza: Llorar no sirve de nada ahora, simplemente abre el pañuelo… Tu viaje llego a su final, lo has hecho bien.

Sus ojos perdieron el brillo y sintió un frio en el pecho, ¿Qué era el miedo? ¿Qué era el odio o el amor siquiera? ¿Qué era lo que había estado buscando todo este tiempo? Ya no sentía nada, solo había obscuridad. El diablo sonreía detrás de él, apoyado en el marco de la vieja puerta, mirando como otro bohemio soñador caía ante las garras de un mundo insensato y despiadado.

Él lentamente abría el pañuelo, aunque el acto era innecesario, puesto que ya sabía que era lo que descansaba en paz allí dentro. Ahí, entre los brillantes blancos de la tela yacía un pétalo negro; marchito por el tiempo y las heridas; disfrutando de un lúgubre sueño y acunado por la triste realidad. Ya no quedaba ni un gramo de ese color dorado resplandeciente.

_ No soy a quien buscabas, pero soy a quien deberás abrazar de ahora en más…

_Louis: ¿Por qué? ¿Qué fue lo que hice mal?

_ ¿Hacer mal? Solo seguiste con ingenuidad el camino que llevaba hacia la trampa. No has hecho nada mal.

_Louis: Pero lo di todo cuanto pude y jamás deje de soñar.

_Exactamente por eso fue que tomaste el camino incorrecto. Has dado todo lo que tenías, hasta quedar vacío. El mundo tomo todo lo bueno que tenías para dar y te trajo aquí conmigo.

_Louis: No eres la esperanza misma, eres la misma soledad que dormía conmigo por las noches. Eres el mismo ser que me ataba a mi cama y negaba mi futuro.

_Soledad: Y tú no eres más el bohemio que creía que podía cambiar el mundo actual, solo eres un tipo que perdió la razón de soñar.

_Louis: Solo caí en una trampa…

_Soledad: En el fondo lo sabias y aun así tomaste la mano de la mentira para mantenerte en pie… ¿Crees ser inocente en tu propio velorio? Ven a mis brazos y deja que el sueño termine.-

_Louis: Nuestro abrazo tendrá que esperar, porque tengo algo que hacer todavía.

 

*Acto Final: La despedida de un corazón roto*

Salió del bar y condujo a toda velocidad. Sentía su cuerpo adormecido y su corazón recitaba una triste melodía. Aun así el destino era claro.

Condujo por horas hasta llegar donde se encontraba su viejo hogar; allí donde las crónicas del bohemio habían empezado.

Los recuerdos inundaron su mente, pero las últimas dos lagrimas habían sido olvidadas en esa escondida e infame habitación del viejo bar.

Dejo el auto a la vera del camino, se quitó los zapatos y se dirigió hacia el campo rocoso. Podía sentir la hierba en sus pies como cuando era niño y hasta creyó ver al viejo Chispa corriendo a su lado por un instante. La locura lo abordaba a cada paso.

El cielo rompió en lágrimas y los relámpagos gritaban de ira a medida que se iba acercando al viejo campo rocoso.

Al llegar se recostó en la gran roca, tirado ahí en su paisaje perfecto. Mirando el cielo tratando de soñar con la esperanza. La lluvia dibujaba lágrimas en su rostro pero sus ojos estaban secos como el mismísimo desierto. Creyó ser observado temerosamente por un niño y entendió que el momento había llegado.

Con un semblante curioso el pequeño caminaba hacia él buscando a cada paso su mirada.

El niño parado junto al bohemio apreciaba sus ojos azules como el cielo que se ocultaba detrás de las nubes, teñidos con un poco de tristeza que decoraba con un rojo sórdido; perdidos en la nada.

Creyó escuchar la dulce voz infantil saludándolo y preguntándole si estaba bien. Pero estaba cansado de las preguntas y el mundo así que simplemente siguió ignorando su presencia.

Cualquiera diría que, ahí tirado, parecía estar muerto en realidad; ¿Qué tan lejos estaba de estarlo? El fuego de su alma se consumía a cada bocanada de aire frio que tomaba. Sus heridas internas eran demasiado grandes para poder ignorarlas y el dolor de su corazón solo alimentaba su deseo de terminar el camino. Solo esperaba un poco de piedad de alguno llamado Dios.

El niño atino a retirarse del lugar como si no quisiera molestar la lúgubre paz del bohemio. Pero cuando dispuso retirarse del lugar sus ojos traviesos decidieron encontrar el libro que Louis había dejado para él. Su propio diario. Poemas y cuentos había allí, mas ni un solo gramo de alegría. Todos dedicados a un amor del pasado, a una esperanza que el bohemio había ya abandonado. Era niño para entender cada palabra, cada sentimiento derramado en esas letras, pero aun así, la amargura también usurpo su corazón.

El niño Levanto sus ojos húmedos para ver una vez más aquel escritor.  Ahora que comprendía un poco su dolor, quería que sus ojos comprendieran el sufrimiento ligado a esos párrafos; quería ver las heridas del corazón reflejadas en la mirada y quizás observar uno de los suspiros que acompañaron tan fielmente el temblequeo de su mano al escribir; pero Louis ya no estaba en la gran roca.

Yacía en su lugar un cigarro que soportaba la lluvia y un gran vacío inexplicable. No había rastro del escritor en todo el campo rocalloso. Como si nunca hubiera estado en ese desolado lugar. Pero el libro estaba en las manos del pequeño y el dolor había anidado en su pecho; eso era prueba fehaciente de que el bohemio había existido; que su mente realmente no se estaba perdiendo en sus absurdas locuras.

Los ojos del pequeño Carlos se nublaron de lágrimas. Trato de secar la melancolía de sus mejillas; con su ingenuidad corrompida por un sentimiento que le fue heredado y sus esperanzas de niño aun sanas; pues sí, seco sus ojos, pero fue al abrirlos que la sorpresa llego a él. Allí estaba; sentado en la roca en la cual había yacido ese triste poeta; ya envejecido por cientos de millas; con el pesar del tiempo en sus hombros; en otro o en el mismo día gris; con una tristeza que no buscaba remedio; allí estaba, ocupando el lugar de ese que tanto había sufrido; esperando bajo las últimas lluvias del invierno que alguno tome su lugar, que comprenda el dolor de Louis y su dolor; sentado, mojado y con el ultimo verso del libro en sus ojos, esperando ser leído.

(…)”Suerte la de este bohemio, suerte para el que el cielo lo acompaño con su gris tristeza; suerte para sus tristes ojos que la lluvia dibujo con picardía sus lágrimas; suerte la de sus sollozos que encontraron resguardo en su bufanda. Porque ciertamente, la tristeza duele, pero duele más cuando la soledad decide acompañarla. Suertudo ese bohemio, porque el cielo comprendía su tristeza y por lo menos, hoy ya no estaba solo.”

Hoy yacía abrazado a la soledad...

By Friedrich Galarraga (Freaky)

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  • Fue cuando escribiste el primero de estos tres textos, cuando todo termino, fue mi culpa lo se, y trate de mantener unido algo que ya no tenia remedio, espero que encuentres quien pueda unir las partes y darte la paz que te mereces...
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    Ultimamente me cuesta mucho escribir. Tantas cosas atosigandome y mi propia autocritica me tienen inmerso en un bloqueo... Pero igual les dejo esto.

    Este no necesita mucha descripción. No es mas que uno de esos dias en los que preferimos escondernos entre las sabanas.

    Algunas palabras de amor a distancia y extrañeza.

    Relato recientemente escrito, espero que lo disfruten y sus criticas constructivas.

    Un cuento corto que llego a mi reflexionando sobre el niño que llevo dentro y la persona horrible que he sido durante todos estos años. Un dato curioso es que el cuento esta adaptado a una pesadilla que tenia a diario cuando era niño. Saludos y espero lo disfruten.

    Ultima parte de "Crónicas de un bohemio" y tambien mi despedida del mundo de la escritura. Esta serie de tres cuentos trata de explicar un poco la forma de recorrer los caminos de mi propio corazon. Y ahora que llegue al fondo, esto es lo unico que quiero dejar. Les aconsejo leer primero las dos anteriores partes, espero sea de su agrado. Fue un gusto compartir con ustedes, Adios!

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Sobre mi no hay mucho que decir; soy un tipo solitario al que le llegan los relatos como sueños o reflexiones que tengo conmigo mismo por la calle. Escribo desde la primera vez que me enamore y la vida me ha vuelto demasiado escéptico para seguir siendo romántico.

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