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5 min
UNA FALDA VAQUERA Y UN COCHE CARO
Reales |
16.02.14
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Sinopsis

Lo que puede pasar en una noche...

Serían las dos y media de la mañana aproximadamente. Me encontraba en un bar del centro de Barcelona. Después de las excelentes notas sacadas en la universidad me merecía un descanso. Mis amigos habían desaparecido y desconocía su paradero. Sentado en un sillón dejaba pasar el tiempo con la copa en la mano haciendo que el roncola se balanceara dentro de su prisión de cristal . A pesar de no haber bebido ni siquiera dos copas me encontraba un tanto mareado. Delante de mí había un grupo de chicas de mi edad más o menos que reían alegres. Yo personalmente me fijé en una de ellas. Su falda vaquera, corta provocadora y llena de botones, me llamo la atención. Comencé a observarla detenidamente. Me engatusó con sus movimientos de felina a un lado y a otro balanceando al mismo tiempo esa falda tan atrevida. Bebí un sorbo del roncola intentando disimular cuando miraron hacia aquí. Y yo seguía con la mirada fija en esa falda pensando en todos los secretos que escondía en su interior. Y me moría de gusto por dentro cuando me imaginaba quitándosela. Y mi mirada fija en su falda fue la que me delató. En un momento en que sus amigas se fueron ella dirigió su mirada sensual hacia mi. Y yo seguía con la mente fija en esa falda que tanto me excitaba. Ella interpreto mi mirada tal y cómo yo quería que la entendiera y se acerco hacia mi. Y se sentó encima de mis piernas y me besó con pasión, con hambre animal. Y yo me ahogué en su torbellino y agarré con fuerza su falda mientras ella seguía en su frenesí alocado. Yo también la besé con urgencia entre el cuello, dejando que mis manos agarraran su culo y saborearan el placer de tener en mis manos esa falda que me volvió loco. Al poco me encontré tirado encima de una cama sin los pantalones y sin camiseta. Ella encima de mí aún vestía su falda. Y sin perder tiempo se la arranque a mordiscos disfrutando como nunca. Y luego cuando esa falda cayó en el suelo presa de la borrachera y de una pasión arrebatadora dejé que la chica hiciera a su antojo con esa furia felina y pasional, propia de las mujeres. Y yo, excitado, mientras me besaba, aún pensaba en esa falda vaquera.

A la mañana siguiente me desperté con un gran dolor de cabeza pero con un sonrisa en los labios. Me encontraba en la habitación de un hostal  y ella no estaba a mi lado. Bostecé y recordé con gozo la maravillosa noche que había pasado junto a esa belleza, revolcándome entre sus brazos y dejando que me domesticara a su gusto . Me incorporé y al momento me puse el calzoncillo por puro instinto. De repente escuché un ruido, cómo si alguien se fuera a hurtadillas. Agudicé el oído pero no escuché nada más. Sin saber por qué lo hacia miré si las cosas de la chica seguían encima de la mesilla de noche. Desaparecidas. Me extrañé. Al momento, miré dentro del bolsillo de mi pantalón. Horror. Mis llaves del coche no estaban. Como un loco miré por la ventana. Abajo estaba mi flamante vehículo, cortesia de mi señor padre, y dentro estaba la mujer con la que había compartido una de las mejores noches de mi vida. Sin perder tiempo me puse las zapatillas y sin casi vestirme bajé las escaleras hacia la salida. Un hombre que entraba en su habitación me vio y se quedó de piedra. Sin inmutarme salí del edificio en el momento en el que mi coche arrancaba. Enojado comencé a perseguirlo. Sabía que debía parar ya que no lo lograría pero ese coche me había costado una fortuna (mejor dicho a mi padre le había costado una fortuna). Mientras corría todos los peatones con los que me encontraba me miraban atónitos: hombres que se apartaban, mujeres que gritaban o se asombraban, jóvenes que se reían, ancianas que se desmayaban... y todo ese espectáculo por recuperar mi coche. En el camino perdí una zapatilla, empujé a un grupo de chavalas  adolescentes que se me quedaron mirando entre risitas, le robé el monopatín a un niño, atropellé a un gato, se me calló un andamio en la espalda y conseguí espantar a un grupo de palomas alocadas. Y al final, en una curva, el monopatín fallo y me caí de bruces viendo como mi coche se alejaba en la distancia. Y sin saber si reír o llorar me desmayé, convirtiéndome en un payaso de feria, engañado por un ligue de una noche y sin mi cochazo maravilloso. Y todo eso en tan pocas horas. Jodidamente perfecto.

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