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4 min
Una fantasía llena de normalidad
Amor |
16.01.15
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Sinopsis

Todos nos hemos sentido alguna vez así, con más o menos normalidad de por medio.

Cuando Marcos levanta la vista del periódico siente que le falta el aire. Se obliga a parpadear varias veces para creer lo que ven sus ojos. Aquella es una chica normal. Nada de bellezas de películas ni modelos de lencería encajadas en una supuesta vida real. No. Aquella es una chica normal, en un contexto normal, vestida normal. Y es esa deslumbrante normalidad lo que hace que se enamore perdidamente de ella. Una normalidad que tanto se extraña hoy día. Camina con tranquilidad paseando un perro pequeño sin raza determinada. No consulta su móvil ni camina absorta en él. Viste unos vaqueros sencillos y una blusa cómoda. Sin demasiados arreglos ni decoraciones llamativas innecesarias. El pelo es castaño, muy común y corriente, recogido detrás con una pinza oscura. Su cara es normal, ojos oscuros, bonitos en cierta forma, mejillas sonrosadas, todo sin maquillar. Un conjunto muy normal. Pero es ese conjunto de normalidad lo que la hace tan atractiva y hermosa a la vez, tan misteriosa y tan agradable. Es aquella la persona más normal que Marcos jamás ha visto, pero también la única persona a la que jamás ha mirado de esa forma. Marcos no se percata de que su boca se ha quedado entreabierta, mientras imagina en ella un sinfín de posibilidades fantasiosas, mil y un amaneceres, infinitas palabras cruzadas sobre un césped de fresca hierba, tardes frías de otoño bajo mantas suaves, domingos lluviosos junto a la ventana del salón. Cae en la cuenta de que no la imagina desnuda. No lo necesita. Lo que ven sus ojos es lo que desea. Y eso es extraño en alguien que jamás ha mantenido una relación estable a pesar de ser todo un símbolo de belleza donde vaya, y allá donde va las chicas se derriten por él. Pero ahora descubre de pronto que nada de eso sería necesario con ella, con aquella chica normal que se acerca caminando con aire tranquilo, despreocupado, sonriendo al día y a su vida en general, sin darse cuenta de aquel muchacho que la observa patidifuso en la terraza de aquel bar. Noches de cine, palomitas y diversión, discusiones acabadas en un beso de arrepentimiento, momentos de tristeza y melancolía arropados por su cálido abrazo, enfermedades y malestares mermados por un cuidado lleno de amor. Incluso una vejez serena, en el ocaso de sus días, llena de amor y ternura, imagina Marcos viéndola pasar. Qué caprichoso destino aquel que acerca a dos seres tan diferentes, procedentes de caminos distintos, a la distancia de un simple "hola", separados por un instante de valor que reconcome las entrañas del muchacho mientras ella pasa a su lado sin mirarle. Es tan normal, tan única, tan misteriosa su figura... Y pasa, y ella continúa con su normalidad, paseando a su perro mezclado, sin percatarse de la existencia de un Marcos que la ve alejándose con su exuberante normalidad, irradiando aquel perfume de sencillez, derrochando ese "nosequé" que la convierte en el amor de su vida. El muchacho la observa alejarse y vuelve sus ojos al periódico, no sin antes prometerse a sí mismo que mañana regresará al mismo bar, a la misma hora, esperando volver a encontrarse con aquellos ojos normales, jurándose que reunirá el valor para hablarle. Lo hará. O todo aquello que ha visto, sentido y fantaseado en su interior, seguirá siendo simplemente eso. Una fantasía, aunque llena de normalidad.
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    Todos nos hemos sentido alguna vez así, con más o menos normalidad de por medio.

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