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7 min
una lágrima
Reflexiones |
25.05.12
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Sinopsis

Una simple lágrima evitó una tragedia.

 

Para  que un relato sea tal,  y una historia tenga alguna coherencia es necesario que la narración  tenga un inicio, un desarrollo y una conclusión final.

Dicho lo cual creo que me va a resultar difícil que esto que escribo tenga forma de algo parecido a un relato. Mientras golpeo el teclado voy haciendo que vayan sumándose  los caracteres y que la hoja no se quede en blanco.

Al menos habrá alguien que pueda leer lo que estoy copiando, porque si dejase la hoja impoluta es más que probable que algún maravilloso crítico muy dado a la modernidad estableciese que,  el mostrar una hoja tal cual sale de fábrica , es signo de pureza, de amplitud de miras, de extroversión.  En definitiva,  de querer reflejar con esa sencillez que da una hoja sin ninguna mácula,  que el mundo es mejor de lo que pensamos y que aun existe gente íntegra, cuya inocencia y falta de maldad hacen que la vida merezca la pena ser amada. Una hoja en blanco es  una manera de tener en consideración al lector, de hacerle interactuar, que no reciba únicamente, si no que ofrezca, piense, justifique, interprete  y valore el escrito, perdón, jeje,  la hoja.

Por el contrario , si dejara esta hoja en blanco, habría gente que pensase también  en una falta de respeto, una ausencia de ideas, un vacío existencial, un lenguaje de pensamientos más válido para el mimo que para la escritura, un enmascaramiento de la propia necedad y simpleza del autor, etc …

Pues bien, una vez hecha la pequeña introducción, que refleja sin duda una carencia de ideas absoluta por mi parte de lo que quiero escribir,  le llega el turno al desarrollo del relato

E

 

rase una vez una persona a la que un día le dieron un encargo. Escribir un relato hiperbreve de no más de 50 caracteres. Lo necesitaba un amigo para un concurso cuyo premio para el ganador era de 5000 €.  La tarea le pareció absolutamente sencilla, no en vano el era un reputado y archifamoso autor de bestseller de éxito. Su conocimiento del lenguaje, su habilidad para la escritura y la forma en la que empleaba las palabras le hacían atrapar al lector en unos relatos absolutamente magistrales. La escritura para él era una forma de vida, una manera de sentirse libre para elegir historias, personajes y vivencias que nunca podrían convertirse en realidad. Siempre lo hizo con soltura. Tenía un don y sabía explotarlo

Una mañana más de un día cualquiera se levantó a la misma hora que siempre. Encendió su ordenador mientras preparaba una taza de de café. Se sentó delante de la pantalla y pensó en el favor que le había pedido su amigo. Estaba pasando una delicada situación y necesitaba ese dinero. Creyó que la mejor forma en la que él podía ayudarle era escribiendo y ganando ese concurso. El amigo se había quedado sin trabajo y tenía 2 hijos que mantener. Vivía de la caridad cuando antes había llegado a ser un empresario de gran éxito.

Nuestro protagonista pensó que el encargo no debía ser tarea difícil y, si con ello podía ayudar a su amigo, pues aún mejor. Era un simple concurso para autores noveles, sin más experiencia que la publicación de relatos en páginas no profesionales por lo que un profesional como él tenía, debía y estaba obligado a ganar el concurso.

Pensó en unas cuantas historias, pero el argumento era demasiado extenso. Al intentar comprimirlas en únicamente 50 palabras no lograba expresar lo que quería. El papel seguía en blanco. Ni tan siquiera un título conseguía poner. Supuso que el pequeño encargo lo podía hacer en cualquier momento por lo que lo dejó  para más adelante y mientras seguía escribiendo esa novela de misterio que le ocupaba gran parte del día y de la que ya llevaba completadas más de 900 páginas.

Al día siguiente continuando su ritual, se sentó delante del ordenador con su taza de café y tampoco fue capaz de imaginar una historia tan pequeña. Siguió posponiendo el encargo un día tras otro y la pantalla continuaba en blanco.

Hasta que un día, una llamada de su amigo, le alertó que debía presentar el relato como fecha tope al día siguiente. Los nervios se apoderaron del sereno e ilustre escritor. Un simple relato corto le estaba superando, no era capaz de resumir en pocas líneas una historia. No sólo eso,  no era capaz de salvar a su amigo con la única arma que tenía que era la escritura. Era un fracasado. Nada de lo que había hecho hasta ahora tenía valor. Simplemente no era capaz de ayudar a un amigo, ni tan siquiera de escribir 4 líneas con sentido. Estaba hundido y la depresión le invadió.

Imprimió una hoja en blanco, la dejó encima de la mesa, cogió su pluma y comenzó a escribir:

Pido perdón por lo que voy a hacer. Os quiero, nadie tiene la culpa. Soy un fracasado y no merezco vivir…

En ese instante su ex mujer apareció por la puerta con el bebé de ambos,  de apenas 3 meses de edad. El niño abrió los ojos, esbozó una sonrisa y le dijo por primera vez “papá”

En ese instante una lágrima cayó a la hoja, tan grande que borró lo que había escrito, convirtiéndose en un mágica sombra azul.

Debajo de esta acuosa mancha escribió lo siguiente:

 

Ninguna palabra es suficientemente completa como para expresar un sentimiento. 

Ninguna sonrisa más emocionante que la de un hijo

Ninguna palabra más bonita que la de tu bebé diciendo papá

Ninguna lágrima más grande que la que borra todos los malos pensamientos

Ningún fracaso más terrible, que la propia cobardía.

 

Ah , por cierto se me olvidaba , el final de la historia no debería de ser previsible, tampoco excesivamente edulcorado, aunque ni duro ni terrible , y por supuesto se debe sugerir más que clarificar. Es el lector, tú amigo lector,  quien debes de interpretar y sacar tus propias conclusiones al final del escrito. El desenlace que propongo es el siguiente

El relato fue presentado a tiempo, y desgraciadamente no pasó el corte por defecto de forma al tener una mancha en el centro de la hoja.

El amigo fue llamado ese mismo día para realizar una entrevista de trabajo y fue seleccionado y contratado indefinidamente en una empresa de reconocido prestigio

El papel, el escrito, el relato,  acabó en la basura,  y es que los sentimientos no caben en una hoja y nada ni nadie puede comprenderlos, porque las letras no son suficientes argumentos.

 

Espero que te haya gustado. Al menos he conseguido dar forma a mi historia y hacerte pensar.

 

 

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