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6 min
UNA MAÑANA TORMENTOSA (capítulo 2 de EL SEÑOR X)
Humor |
20.12.14
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Sinopsis

Este es el segundo relato sobre el señor X. Es un tipo solitario, Pero la muralla que ha construido alrededor de él se derrumbará cuando conozca a una persona que le sacudirá desde los cimientos que él creía indestructibles.

UNA MAÑANA TORMENTOSA                                                 

   El señor X siempre mantenía cerrada la puerta del despacho, y de esa forma daba a entender, sin palabras, que no tenía el más mínimo interés en participar de la cotidianidad  de sus compañeros. Y así permanecía durante toda la jornada, solo violentada muy de cuando en cuando por su jefe para entregarle personalmente una tarea tan urgente que justificara la intromisión. Entonces X levantaba la vista de la pantalla del ordenador y fingía complacencia con la visita, mientras su jefe iniciaba un monólogo con el menor número de palabras posible, deseoso de acabar cuanto antes y regresar a la ruidosa convivencia que se respiraba al otro lado de la puerta.

   El uno de abril el señor X estaba revisando la contabilidad del trimestre pasado, disfrutando de la labor de cuadrar unas cifras tan largas que a cualquier otra persona le habrían resultado tremendamente aburridas y que a él le estimulaban por su docilidad para ser conducidas justo donde debían estar.

   El reloj de la pared marcaba las 10.25 cuando X intuyó que algo había cambiado en el mundo exterior, al otro lado de la pared.  Algo casi imperceptible, pero amenazador.  Desde su sillón aguzó los sentidos y pudo escuchar una voz  chillona y percibir un olor a perfume de mujer, tan penetrante que entró por debajo de la puerta segundos antes de que ésta se abriera sin previo aviso para dejar a la vista el desastre que se avecinaba.

   Su jefe, sonrojado y visiblemente abochornado, inició una torpe disculpa que fue zanjada por una criatura tan joven como arrolladora.

- Hola, soy Violeta. Estoy estudiando tercero de finanzas y contabilidad y vengo a hacer prácticas lo que queda de curso – anunció, como si él no tuviera nada que opinar al respecto.

- Perdóneme, X, lo había olvidado por completo. Espero que no le moleste. He pensado que usted sería el más indicado por ser el empleado más antiguo y comprometido con la empresa pero si tiene algún inconveniente…

- Pero bueno, qué protocolo. Yo no pienso molestar en absoluto, si a esto seguro que le hace falta un poco de sangre nueva. Cuando me vaya hasta me echarán de menos…- dijo Violeta, sin importarle interrumpir a su nuevo jefe.

   Y sin más preámbulos se quitó el chaquetón de lana mezclada y lo colgó en el perchero junto al abrigo negro del señor X, cogió la silla que estaba contra la pared,  en la que nunca nadie se había sentado antes y se colocó junto a X, que miraba perplejo a su jefe. Este se retiró con la excusa de una reunión inexistente y lo abandonó en medio de aquel terremoto de energía.  La intrusa apartó sin miramientos los tres bolígrafos colocados  perfectamente paralelos, el negro en medio, el rojo a su izquierda y el azul a la derecha, y colocó en su lugar una carpeta decorada con fotos de jóvenes de ambos sexos que mostraban sin pudor adornos metálicos que los perforaban en los rincones más recónditos de su anatomía. Algunos de esos jóvenes incluso servían de lienzo a dibujos multicolores más o menos elaborados que tenían como característica común el hecho de estar situados en zonas que a criterio de X debían estar cubierta por ropa.

-  Te puedo llamar M, ¿verdad? Es que nunca me acostumbro a llamar a la gente por el apellido, me da mal rollo…

- Sí, si, como quieras. Pero, por favor, no toques nada- X miraba horrorizado el montón de papeles que había quedado al alcance de la muchacha.

- Pero ¿cómo que no toque nada? Y entonces ¿cómo crees que voy a aprender?, ¿qué estabas haciendo?... puedo empezar ya…- sus manos se movían sin descanso, ahora enrollando un mechón de pelo rojo, luego tocando el brazo de X sin pedir permiso y por último acercándose a unos dientes implacables que mordisqueaban las uñas pintadas  a rayas verdes y naranja fluorescente.

- Pues no sé, la verdad es que no se me ocurre nada que puedas hacer. No me parece una buena idea que te quedes conmigo. Podrías ir con cualquier otro…- dijo X confiando en que su apatía consiguiera ahuyentar a ese moscardón inagotable.

- Pero no quiero, tu jefe me ha dicho que tú me puedes enseñar más que nadie, así que de aquí no me muevo. Y si no me das un encargo empezaré a buscar algo yo misma…-dijo rebuscando entre los informes. .

- Bueno, bueno. Si quieres ve al despacho de enfrente y le preguntas a la secretaria por el archivo de los albaranes de las ventas del año pasado, puedes empezar mecanizando eso.

   Cuando Violeta salió, el señor X recogió uno a uno todos los documentos que había sobre la mesa, los ordenó cronológicamente y los introdujo en el compartimento central de su cartera de mano. Luego le tocó el turno a los bolígrafos que habían sido impúdicamente desordenados unos instantes antes, X les devolvió su dignidad colocándolos en el primer cajón del escritorio en su orden natural: perfectamente paralelos, el negro en medio, el rojo a su izquierda y el azul a la derecha. A continuación salvó los archivos en la carpeta de contabilidad del ordenador, cerró su usuario y acabó la sesión. Por último se ajustó bien el nudo de la corbata negra que para mayor comodidad solía aflojar en las horas de oficina, se levantó, volvió a colocar contra la pared  la silla en la que nunca nadie se había sentado antes.

   En el despacho de enfrente un ciclón explosivo revolvía el archivador bajo la mirada atónita de la secretaria, en busca de unos albaranes que X mantenía custodiados bajo llave en el último cajón de su mesa.

   El señor X descolgó su abrigo negro del perchero, se lo puso poniendo especial cuidado en ajustarse bien los hombros haciéndolos coincidir con los de la chaqueta  y salió de la oficina con la cartera bajo el brazo, justo a tiempo de escapar de la tormenta que estaba a punto de descargar sobre su rutina.

 

 

 

 

 

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  • Lo único que puedo decirte es que quiero saber más. Me has creado intriga por saber lo que va a pasar y has logrado con Violeta un personaje-ciclón la mar de interesante. Te diría que tuvieses cuidado con alguna coma que creo que te falta, pero por lo demás muy bien. Y perdona que no te haya leído antes, no vi el comentario que me pusiste en el otro relato hasta el día de hoy. Un saludo. Nos leemos.
  • Microrrelato

    Este es el segundo relato sobre el señor X. Es un tipo solitario, Pero la muralla que ha construido alrededor de él se derrumbará cuando conozca a una persona que le sacudirá desde los cimientos que él creía indestructibles.

    Este es el primer relato que escribí del señor X. Me gustó el personaje y continué escribiendo sobre él. La evolución de su historia se va narrando a través de una serie de capítulos relacionados entre sí, que seguiré publicando por su orden cronológico. El señor X es un hombre solitario. Nunca había creado vínculos personales con nadie. Siempre ha valorado la independencia como su bien más preciado, y la había preservado a costa de aislarse de sus semejantes.

Médico de profesión, lectora por afición y en los últimos tiempos escritora de relatos cortos por vocación. Mis personajes cobran vida propia, se independizan y evolucionan incluso sin contar conmigo.

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