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2 min
Una metáfora
Reales |
30.11.14
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Sinopsis

Mi amigo Roberto vivía en una cárcel. Una de fríos barrotes tan gruesos como los pilares que sostienen el peso del mundo en las cavernas del infierno.

Mi amigo Roberto vivía en una cárcel. Una de fríos barrotes tan gruesos como los pilares que sostienen el peso del mundo en las cavernas del infierno. Muchas veces le intentaron arrastrar fuera de aquel lugar, pero él nunca se atrevió a huir. Vivía atormentado en el interior de aquella jaula llorando por no salir.  No por no poder salir, sólo por no hacerlo, pues podría atravesar los barrotes si se hubiera levantado y caminado hacia ellos, pero no lo hacía, la humedad de su celda daba menos miedo.

Pasaron los años y mi amigo lloraba cada noche, seguía inmerso en su propio lamento, sin saber que los músculos de sus piernas eran más que capaces de sacarle de allí y transportarle más lejos de lo que jamás hubiera imaginado. En alguna ocasión hizo un amago, pero no era real, solo sucedía en su imaginación, en la que se veía flotando hacia la salida, sin realizar ningún esfuerzo para llegar allí.

Un buen día Roberto murió por dentro, quedó vacío y sin sentido, y ese día dejó de tener miedo. Apoyado en un bastón más antiguo y sabio se impulsó hasta quedar erguido, y no fue fácil, pues hubo de realizar un gran esfuerzo por despertar sus dormidas piernas, que apenas recordaban ya el caminar. Sin embargo, tras aquel duro sacrificio, descubrió que los pasos hacia la salida eran tan livianos como en su sueño, y pronto llegó y se asomo al otro lado de los barrotes, superando el miedo que le mantuvo preso.

 Y así es como Roberto abandonó su cárcel. Podría decir que entonces fue libre pero eso no sería cierto, poco después mi buen amigo se encerró en una celda aun más pequeña, de la que nunca salió, pero en la que jamás volvió a llorar.

Lo último que me dijo fue que había descubierto que nadie puede vivir fuera de su cárcel, pero que elegir en qué celda abandonarnos es nuestro privilegio, y eso nos hace libres. 

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Guionista. Escritor, entrenador de fútbol, socorrista y monitor de padel. Un poco de todo, nada de mucho y 20 años menos.

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