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6 min
Una muerte innecesaria
Drama |
27.10.15
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Sinopsis

Laura se dirigió al balcón. Tras reunir el valor necesario para mirar para abajo, vio lo que tanto temía; dos hombres en su uniforme de policía se acercaban a su portal. La mujer suspiró con cansancio y totalmete derrotada se dejó tirar en su sofá. Así puesta, decidió recordar como había llegado hasta ese punto:

Todo comenzó en el año 2000. Laura se acababa de casar con Miguel, su novio de toda la vida. En ese momento, Miguel tenía 22 años y Laura apenas 20. Se fueron a vivir juntos muy jóvenes, cosa que sorprendió a las dos familias. Laura estaba en tercero de la carrera de derecho. Miguel trabajaba en una obra y ganaba lo suficiente como para costearle la carrera a su reciente mujer, por lo que decidieron casarse e independizarse a pesar de su juventud.

Al principio todo iba bien; ella estudiaba día y noche para lograr sacarse la licenciatura, y él se mataba a trabajar para sacar a los dos adelante. Pero, cuando ya llevaban un año viviendo de alquiler, a Miguel se le ocurrió la idea que le cambió la vida para siempre; corría el año 2001 y estabamos en pleno auge del mercado inmobiliario.Por lo que se compraron una casa que les iba a costar pagar 35 años. En ese instante, no pensaron mucho en la deuda y en los años que les iba a costar pagarlo. Eran jóvenes y despreocupados del futuro que se les avecinaba. Pensaban que no les podía pasar nada malo, eran muy optimistas respecto a la vida que les esperaba. Ese fue su único delito.

Todo fue bien mientras Miguel conservó su trabajo. Laura terminó la carrera de derecho y tras un máster de dos años, en el año 2004, se decidió incorporar a la busqueda activa de empleo. Sin embargo, no encontró nada de su especialidad y decidió esperar. No tenían ningún problema económico, pues con el sueldo de Miguel llegaban de sobra a final de mes.

Fue en el año 2006,cuando el punto de vista de Laura cambió por completo. Se despertó en ella el instinto maternal que se levanta en todas las mujeres a cierta edad. Al decirle lo que sentía a su marido,él se mostró de acuerdo a ser padre, pues ya que su mujer no encontraba trabajo en esa época, podían aprovechar para tener a su primer hijo. Por lo tanto, se pusieron manos a la obra.

Su hija nació en el año 2007. Le pusieron de nombre Cristina, que era como se llamaba la madre de Miguel. Era igual que su padre menos en el color de sus ojos. Los dos padres estaban muy orgullosos y felices de su vida. Los cuatro abuelos les ofrecieron su ayuda para lo que fuera. Pero, tanto Miguel como Laura, decidieron no pedirles nada nunca. Debían demostrar que eran capaces de salir adelante ellos solos.

Fue en ese momento de felicidad, cuando pasó lo peor que podía pasar: estalló la crisis económica del 2008. En un principio, el único efecto que tuvo esta recesión en la economía de la familia fue la bajada de sueldo que tuvo Miguel en su trabajo. Aparte de eso, Laura seguía sin encontrar trabajo y se empezó a poner nerviosa. A sus 28 años, no había trabajado nunca.

En el año 2010, la crisis se recrudeció y Miguel perdió su trabajo. A pesar de todo, decidieron no decir nada a sus padres por orgullo. Siguieron adelante con los pocos ahorros que habían logrado hasta entonces.

En el año 2011 se encontraron ante una disyuntiva; debían seguir pagando la hipoteca o dar de comer a su hija de cuatro años que no se enteraba de nada por iniciativa de sus padres.Obviamente, se inclinaron por lo segundo, y el banco no dejaba de enviarles cartas amenazadoras con las consecuencias si seguían sin pagar.

En 2012 pasó lo peor que podía haber pasado; Miguel falleció cuando un coche conducido por un conductor ebrio se lo llevó por delante en un paso de cebra. Ni siquiera en ese momento dramático quiso Laura pedir ayuda. Dijo que tenía ahorrado dinero de sobra y que con la pensión de viudedad le daba de sobra para sobrevivir, cosa que no era así. El banco le reclamaba todo los pagos atrasados de los últimos tiempos, ya no le valía con volver a pagar las mensualidades de nuevo cómo si no hubiera pasado nada.

Laura abrió los ojos. Eso era todo. El banco había anunciado la subasta de su piso y le notificó que debía abandonar su casa para ese mismo día. A esos desalmados multimillonarios no les importaba nada que una mujer con una niña de 5 años se fuera a quedar en la calle. Sólo les importaba el dinero. De hecho, a pesar de que no iba a poder volver a vivir en su casa, debía seguir pagándola. 

PUM PUM PUM. Ya habían llegado. Alguien les debía haber abierto la puerta del portal, pues ella había ignorado los múltiples timbrazos. PUM PUM PUM. Laura fue a la habitación de su hija. Dormía cómo un tronco, a pesar de los golpetazos, pues tenía el sueño igual de profundo que su padre. En ese breve instante pensó que si no hubiera sido tan orgullosa habría podido pedir ayuda a sus padres. Sus padres... Lo que iba a hacer a continuación les iba a matar de la pena pero no veía otra opción. Le dio un beso de despedida a su hija y se dio la vuelta. Esperaba que sus nuevos padres adoptivos le dieran lo que ellos no le habían podido dar.

PUUUM. Los dos policías habían echado la puerta abajo a la fuerza. Laura les miró un instante y se dirigió rapidamente al balcón igual que antes. Los agentes, paralizados sin saber que hacer, contemplaron como la mujer que iban a desahuciar, se ponía de pie sobre  la barandilla y como dió un paso con el que se perdía en el vacío. Los dos antidisturbios por fin reaccionaron y fueron inmediatamente a mirar que había pasado con la mujer. Era un cuarto piso y la mujer había caído de cabeza. No cabía la menor duda; Laura había fallecido.

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Estudiante de Periodismo. Intento de escritor. Intento de periodista.

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