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4 min
Una noche cualquiera
Drama |
14.07.14
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Sinopsis

AVISO: Puede resultar algo desagradable

  Me llamó Míriam. Para salir. Que hacía mucho que no quedábamos. Para ir a la disco. La dije que vale, pero me iría pronto, porque había quedado con Alexander. Últimamente solo estaba con el,  besándonos,  acariciandonos,  abrazandonos y bueno... ya sabéis el qué más. Sé que muchos, estaréis pensando que no está bien pasar todo el tiempo,  cada instante con tu pareja. De hecho,  yo también lo pensaba. Pero, él era diferente,  era mí él. Nunca nadie, me había tratado así. Nunca.

   En ese momento estaba trabajando. Fue un largo día. Al  fín, pasó el último cliente, un hombre mayor, le cobré y  cerré la pastelería. 

  En casa, me puse un vestido negro. Precioso. La parte de arriba era como un corsé y la de abajo suelta. Me maquille, me ondulé mi pelo pelirrojo y me fui con Míriam. 

 -¡ Vaya, que guapa estás!- me dijo

-Tengo espejo,  pero gracias- la contesté. 

- Seguro que  a Alexander le encanta tú humor- Oh, Alexander, era tan...

-¡Ey!¡Despierta!- me gritó mientras chaqueaba el corazón con el índice para volviera al mundo real.

-Vale, vale-  me reí. 

  Fuimos a su coche rojo. Porque si ibamos andando hasta la disco, mis pies morirían.  La pregunté que qué tal la iba, me dijo que bien, que el otro día había encontrado un puesto de dependienta en una tienda de ropa. Que al principio,  le pareció un chico guapo, pero que  era gey. Me reí. Díez minutos después de conversación,  habíamos llegado.

 Entramos,  allí estaban  Jessica ( Eso sí que era un pesar de nombre), Mónica y  Carlos. Nos saludamos. Bebí muy poco, baile y hablé con Carlos. Sólo estuve como una hora excasa. Me despedí y me dijeron que sí ya me iba,  les contesté que sí. 

  La casa de Alexander  estaba cerca, a 7 u 8 minutos. Empecé a caminar, no había nadie por la calle.  Cómo odiaba esa  sensación. Cómo la odiaba. Pasó un hombre, delgado, me sonrió con ojos  desorbitados y viciosos. Me sonaba su cara,  creo que era el chico que mientras yo bailaba , me miraba mi busto hinchado, pero no le quise hacer caso. Comencé a andar deprisa. Menos mal que Míriam me dejó su americana para la vuelta, pensé.

  Solo faltaban dos manzanas para llegar. Noté un golpe en el hombro, que me empotró contra la pared. Intentó abrirme las piernas, pero no pudo. Le empuje,  y cuando iba a huir, me cogió del hombro y al instante sentí algo helado en la cabeza. Una pistola me apuntaba a la cabeza. Empecé a llorar. Me susurró al oído que me quitará la chaqueta que me las quería ver, que las tenía muy bonitas. Sí era él . Lo hice, me temblaban las manos. Después,  me ordenó que abriera las piernas. No, grité al principio, pero me disparó en la pierna,  y puso de nuevo el revolver en mí sien. Se desabrochó el pantalón,  me bajó las bragas,  un dolor insoportable comencé a sentir. Un dolor tan grande, tan profundo que me estallaba en la cabeza. Me  desmayé. 

  Me desperté en el hospital, había una enfermera.

- Ya te hemos hecho la mayoría de las pruebas, cariño - me miraba con compasión,  pero ¿ por qué? - Parece, que está todo bien,  aunque faltan algunas. Que hasta que no venga el psicólogo no se pueden hacer. ¡ Dios mío!  ¡Es que siempre tiene que llegar tarde!- resopló enfadada.

¿De qué está hablando?  ¿ Y qué hago aquí? 

-A por  cierto,  cariño, tienes visita, casi se me olvida - Salió de la habitación. 

Entró un chico, bastante guapo, pero llorando estaba.

-Helena... -  sollozando -¿ Estás bien?

-Sí,  gracias, pero... ¿ Quién es usted?

 

 

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