cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

5 min
Una tarde de merienda
Humor |
16.01.15
  • 4
  • 9
  • 1355
Sinopsis

Dos amigas pasan una tarde de merienda muy peculiar


Isabel llevaba casi media hora esperando a Mónica en la puerta de la cafetería cuando su móvil emitió un silbido avisándola de la entrada de un whatsapp:

 

Bip, bip.

 

—Perdón, perdón, ya llego. Estoy saliendo del metro.

 

Conociéndola, seguro que se entretenía por el camino mirando los escaparates; eso si no entraba en alguna tienda hippy y se compraba un sombrero. Isabel se dispuso a esperar: Mónica no llegaría antes de que transcurrieran otros quince minutos. Abrió el móvil, se colocó los auriculares y estuvo escuchando en YouTube la canción “Love me again” de John Newman. Movía la cabeza al ritmo de la melodía mientras sus labios musitaban la letra.
 


Bip, bip.



Isabel, que estaba abstraída en la canción, se sobresaltó con la llegada de su amiga.



—Isabel!!



—Moni!! Qué alegría verte después de tanto tiempo! Estás guapísima!



—Perdona el retraso. Llevo todo el día de rebajas y estaba en el otro extremo de la ciudad.



—No importa. Acabo de llegar.

 

Mónica sabía que no era cierto. Lo más seguro era que hubiese llegado con media hora de antelación, pero no iba a ser ella la que empezase a discutir después de más de un año sin verse.
 


—Entramos?
 


—Sí, sí, entremos.

Se sentaron en una mesa junto al gran ventanal que daba a la calle principal. Fuera estaba anocheciendo y las luces de los escaparates iluminaban el camino de los cientos de viandantes que entraban y salían de las tiendas. Una camarera les trajo la carta.


 

—Qué vas a pedir, Moni?
 


—Tortitas con nata, muumm, y un café con leche desnatada y sacarina. Tengo un hambre!! Llevo todo el día de tienda en tienda.



—Yo voy a pedir una ensalada mixta y una cocacola light.
 


—Ugg!! Cómo puedes comer eso? Es alimento para canarios. Pide algo más rico.
 

 

—No puedo. He engordado setecientos cincuenta gramos en navidad. Ya me conoces. Como empiece con los mazapanes, no hay quien me pare. Mira: Te mando dos fotos con el mismo traje de antes y después de las vacaciones.

 

Bip, bip.

—Si estás flaquísima...

 


—Setecientos cincuenta gramos, Moni, y directos a los michelines.
 


—Si yo te contara...! Mejor dejamos este tema tan desagradable.

 

—O.K.

 

La camarera tomó nota del pedido y las dejó contándose las novedades.
 


—Qué te has comprado?

 

—Una blazer ideal en Zara. Una ganga.
 


—Cuanto?

 

—Cuanto crees?
 


—35 euros.



—25.
 


—Nooooo!!!!

 

—Síiiiii!!!
 


—Enséñamela!

 

—Te mando la foto.
 


Bip, bip.

—Es preciosísima!!!


 

—La tengo que esconder porque como me la vea mi madre... Le prometí no comprarme más cosas pero no me pude resistir.

 

—La mía no me perdona que me fuera a una fiesta la noche anterior al examen de latín.

 

—Qué pasó?

 

—Genial!!! Estuve hasta las seis de la mañana bailando y la fiesta estaba hasta los topes de chicos guapos.

 

—Y el examen?

 

—Cate.

 

—Bah! Para lo que sirve el latín.

La camarera les trajo el pedido. Les dirigió una larga mirada antes de dirigirse a otra mesa. Suspiró. Cada vez se veía gente más extraña en aquella cafetería y las dos jóvenes se llevaban la palma. ¿Quién lo diría viéndolas tan arregladitas? Seguro que no dejaban propina; eso si no se iban sin pagar. Isabel y Mónica, ajenas al malhumor de la camarera, se estaban intercambiando fotos por whatsapp.



—Isabel!!! Éste quién es?



—Ruben, mi novio. A que es mono?



—Mono??? Es monísimo!!!

 


—Llevamos 5 meses.



—Dónde lo conociste?



—En el Puerto de Santa María, me lo presentó mi hermano.
 


—Y él no tiene un hermano?

—Nooo! Ja, ja, ja.

 

—Las hay con suerte.

 

—Tiene un amigo que…

 

—Qué?

 

—Que está como un queso.

 

—Preséntamelo, porfa!!

 

—Ya veremos, je, je.



La camarera no les quitaba ojo más y más asombrada del comportamiento de aquellas dos adolescentes. Otros clientes la reclamaron a lo largo de la tarde, pero, cuando pasaba cerca de Isabel y Mónica, las miraba de soslayo. La tarde dio paso a la noche mientras familias enteras entraban en la cafetería para refugiarse del frío de mediados de enero. Aquel día de rebajas había más gente de lo normal y en la cafetería estaban escasos de personal. A las nueve de la noche, con el ajetreo en las otras mesas, la camarera se había olvidado de las dos amigas. Mónica le hizo una seña pidiéndole la cuenta.



—Tenemos que vernos más, Isabel.



—Sí, sí. Llámame.



—Besines.



—Muac, muac.

 

La camarera terminó su turno a las diez de la noche. A aquella hora las tiendas ya habían cerrado sus puertas y las aceras, que durante la tarde estuvieron abarrotadas de gente cargada de bolsas, se mostraban casi desiertas. La camarera se paró en la puerta de un banco para abrocharse el cuello del abrigo. Después de pasar ocho horas de pie llevando y trayendo bandejas, se sentía agotada. Caminó hasta la esquina, donde la esperaba su marido, que la había ido a recoger en el coche para que no cogiera frío en el autobús.

 

—¿Has tenido un buen día? —le preguntó él después de darle un beso en los labios.
 

 


—¡¡Puff!! He tenido las clientes más raras que te puedas imaginar. Dos chicas adolescentes que se han pasado toda la tarde juntas sin dirigirse la palabra: venga a mandar whatsapp como posesas.

 

—Pero, ¿cómo que no se dirigían la palabra?

 

—Nada, no se han dicho ni mu. No han abierto la boca más que para hacer el pedido y para pagar la cuenta. ¿Tú lo entiendes?


—A los jóvenes de hoy no hay quién los entienda.
 


 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Soy una psicóloga que está dando los primeros pasos en esto de escribir. Creo que en cada momento de nuestra vida podemos encontrar la historia, la frase o la palabra que nos llegue al corazón. Espero, humildemente, llegar al tuyo.

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta