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4 min
Urbana
Reales |
18.06.15
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Sinopsis

Ahí viene Urbana Lacourt, la mujer que siente la necesidad de ir a todos los velorios a rezar el rosario a todos los muertos del pueblo. Lo hace como el mismo entusiasmo con el que canta canciones de cuna.

CHASCOMUS Y SU GENTE

Urbana

Incalculables visitas a las casas mortuorias para rezarle el rosario a los muertos conocidos o ignotos, asistente fiel a los velatorios de las Casas Armendariz y Sallaberry. Su amor a la conversación incansable, y sus diarias visitas a la iglesia hacen a Urbana parte de la leyenda de Chascomús.

Urbana Lacourt, es una mujer alta y corpulenta, vestida casi siempre con un batón color tostado.

Se la ve caminando y conversando con cuanto vecino cruzan sus pasos envueltos en zapatillas de abrigo.

Dicen que su pasión primera es concurrir a los velorios a rezarle a los muertos del pueblo. Cuando la dama alta sale a la calle los niños del barrio, haciendo una suerte de juego picante con su apellido le cantan:

“¡ Urbana Lacourt, sienta bien lo que le voy a decir!”

La mujer alta se da vuelta y revolea su cartera negra en señal de enojo.

Los motivos por los que va a casi todos los velorios a rezar el Santo Rosario, sólo el Señor lo sabe.

Urbana está siempre activa. Colabora con su madre que es lavandera y planchadora.

Un día de todos los días de su vida.

La ropa está limpia y bien doblada. Sólo falta plancharla.

Urbana juguetea con la plancha en el cuello de una de las tantas camisas que pasan por sus manos.

Crujido de papel.

Las prendas han sido envueltas en papel madera.

Golpe de palmas en una casa de la calle Solís, Urbana entrega los atados de ropa.

La mujer que reza en los velorios  está entrando en la leyenda de Chascomús.

Ella no lo sabe.

Más voces de niños juegan con su nombre.

¡Urbana Lacourt, sienta lo que le voy a decir!

La mujer del batón marrón, no les hace caso y sigue su camino a la iglesia.

El cura párroco la ve venir y ya comienza a retarla con la mirada.

Parece que dos por tres a Urbana se le desparraman las papas en el piso de la Iglesia.

El reloj de la vida sigue marchando.

Urbana sigue entre todos nosotros preguntando si alguien conoce al nuevo muerto.

Parece que un desconocido se murió en un tonto accidente y ella no conoce el apellido.

No le queda otra. Ahí va a mirar la cara del que se fue al más allá.

Cada cual sigue con sus sueños.

Golpe de palmas y entrega de más ropa bien planchada.

Pasan días vestidos de sol y otros arropados con negras nubes.

Momentos y más momentos.

 La mujer de la figura marrón está en la escuela de hermanas, pasando el plumero.

Más niños cantando:

¡Urbana Lacourt, sienta lo que le voy a decir!

Urbana, la de la figura grande es una experta en preguntas.

Se dice que adquirió una maestría en conocimiento de los muertos del pueblo.

Otro sol cuenta sus movimientos altos.

Urbana en la iglesia juntando las frutas desparramadas en el piso .

La mujer de la cartera negra está siempre sedienta de información.

Otra vez alguien está jugando con las palabras:

“ ¡Urbana Lacourt, sienta lo que le voy a decir!”.

Ella mira para todos lados, intenta encontrarlos, pero no los ve.

La rezadora sabe que están ahí. Que las voces no vienen de un mundo invisible.

La vida sigue inventando historias.

Urbana no puede irse a dormir sin saber quién es el muerto del accidente de la esquina.

 La mujer es mucho más grande y alta que todos los habitantes del pueblo. Hay un dicho que dice que las alturas son dueñas de los cielos ¿Urbana es dueña de más cielo que nosotros?

Parece que nadie puede ayudar a desentrañar este enorme secreto.

Urbana Lacourt, sienta bien lo que le voy a decir: usted está en la historia de nuestra querida ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • Las palabras pueden decir verdades o imaginar otras realidades.

    Me llaman el pino chato porque mi tronco esta algo desgarrado pero por suerte mi orgullo está intacto.

    Si te das vuelta ellos están ahí en el tiempo de los primeros pasos.

    La noche se viste con collares de estrellas y cuentan una historia de amor.

    La fantasía está dando sus últimos suspiros.

    Hacen mucho ruído, empujan puertas, alzan las voces, pero no la encuentran...

    Comienzan a agitarse los colores en el cielo.

    Salvatierra, un vecino de Chascomús, muy recordado por su manera original de plantarse ante la vida.

    Me gusta estar ahí, en los labios de todos ayudando a pensar un mundo nuevo.

    Existen incontables sueños. Algunos nos hacen sentir hermosas sensaciones y otras nos muestran figuras fantásticas.¿Son pantallazos de la mente jugando a confundirnos entre lo real y lo irreal?

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Me sé un ser decidido y armado de palabras ganadas en miles de batallas emprendidas contras las hojas escritas. Mis ojos, que visten el color del tiempo, los heredé de los espíritus emergidos de la vieja y misteriosa Irlanda.El folklore irlandés es rico en fantasías,brujas,y magos; dioses y adivinos. De ahí viene mi sangre. Mis pelos parecen bravíos guerreros. Desafían a todos los peines que intenten entrar en sus inmensidades. Poseo boca pequeña, de labios superiores levemente abultados, que se mueven como relámpagos en cualquier charla. pero saben guardar muy bien los secretos. Mi nariz es chica pero sensible a todos los aromas de la vida.Soy generosa por educación y rebelde por decisión. Analista de sueños y pensamientos.Me gusta la risa porque hace que el alma brille en el rostro. Amo las palabras porque le dan sonido a la vida.

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