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4 min
URDÍA LA MENTIRA
Fantasía |
28.01.12
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Sinopsis

Si la mentira fuera un personaje, que lo és. Entonces este relato es cierto, y la temática elegida para catalogarlo es otra mentira. Una más...

Caminaba la Mentira con cautelosa prisa, rumiando pensamientos que nadie ha sido nunca capaces de alcanzar, siquiera la mismísima Comprensión. A pesar de que presumiblemente se dirigía hacía un lugar en concreto su marcha no era ni mucho menos lógica, pues zigzagueaba ostentosamente por el despropósito. Cuando cruzó  por mi lado me dio la impresión de que una preocupación la desbordaba. La inquietud parecía ensombrecer si cabe más a esta oscura alma. Incapaz de poder aguantar el morbo por descubrir lo que estaba urdiendo, pues de todos es conocida su perversa capacidad, me dispuse a perseguir su motivo. Hubo caminado media hora de metros, quedo paralizada de repente junto al lecho del rio. Más allá, la Conveniencia chapoteaba alegremente.

-¡Eh, ven un momento!- le grito la Mentira, vaciándose el alma para que su aliento alcanzara su cometido.
-¿Qué puede desear algo tan adverso como tú?- le contesta la Conveniencia, acercándose minimamente a la orilla.
-Tengo algo que preguntarte-
-¿Y que respuesta tan importante puede ser capaz de privarme de mi baño?-
-Bueno,... he encontrado una cosa. ¡Una cosa muy valiosa! Deberías venir, si quieres ver, si deseas saber- Dicho esto último con voz grave, aportando un mínimo de necesaria curiosidad, escondía disimuladamente detrás de sí algo que a la Conveniencia le pareció ver, provocando que como un resorte se levantase del fondo y se fuera acercando lentamente, abriendo sus oídos e inclinándolos hacía detrás como si de felino al acecho se tratase. Ésta, convenenciera a pesar de la reticencia de obedecer órdenes ajenas sin un justificante propio y provechoso, iba sucumbiendo poco a mucho, tan rápidamente como se acercaba hacia la Mentira.
-¿Tan valiosa como para esconderla de mis ojos?- preguntó la Conveniencia creyendo aun a mi distancia que baboseaba por aquella supuesta reliquia.
-Bueno, eso depende. Necesito saber donde puedo encontrar a la Verdad-
-¿Crees que ese objeto tan valioso podría interesarme? Por qué querría algo como tú saber donde encontrarla-
-¡Bueno, eso depende de quién lo pregunte! Sólo debes decirme dónde puedo encontrarla si algo quieres a cambio-
-Es curioso que estés dispuesta a intercambiar algo tan desorbitado solo por ese tipo de respuesta. ¿Por qué crees que te lo voy a decir?-
-Porque aunque lo que escondo con tanto esmero no sea de tu propiedad estoy seguro que siempre te ha pertenecido, de hecho es algo que deberías poseer desde hace mucho tiempo-
-¿Y qué puede saber algo como tú lo que a alguien como a mí le pertenece por derecho? No me conoces ni lo suficiente como para otorgarte ese conocimiento-
-Te conozco lo necesario como para saber de tú interés por lo que llevo en mis manos. Yo digo que te pertenece. Tu decides si lo quieres-
-Ya... ya. Esta bien, tú ganas. Anoche marchaban por este sendero. Las seguí hasta el paso de las montañas y se desviaron hacia el oeste. ¿Ahora me darás lo que es mío?-
-¿Marchaban?-
-La Inteligencia, el Perdón y ella. Dame lo que me pertenece-
-Malditas... - sentencio malhumorada la Mentira. Inmediatamente giraba sobre si misma para encaminarse sendero arriba.
-¡”Mentira”! Habíamos hecho un pacto. ¡Dame lo que es mío, lo que dijiste que me pertenece!-
-Oh, lo siento. Se me olvidaba, toma lo que es tuyo... - Y alargándole el brazo abrió lentamente el puño para mostrarle la mano totalmente vacía. La Conveniencia quedo boquiabierta, y enojada, replico.
-¡Pero si no hay nada!-
-Cierto es que he mentido, a medias realmente, pero ¡Qué esperabas ignorante! Te mentí en el objeto, no en la forma. Al fin y al cabo algo tan despreciable como tú solo puede tener en posesión lo que te ofrezco-

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