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6 min
Vecinos
Amor |
04.04.17
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Sinopsis

A veces los sueños son realidad, o no?

Es noche cerrada, no sabes que hora es, pero ya no hay gente por las calles.

El calor se hace insoportable, por fin ha dejado de llover y la tormenta de verano pasó. Abres la ventana cubierta con tan solo ese camisón de lino blanco, que dibuja delicadamente cada una de las curvas de tu cuerpo.

Al abrir la ventana, una brisa de aire fresco entra por la misma haciendo que tu piel sienta un golpe de aire fresco. Fijas la mirada en la ventana del vecino de enfrente, ese personaje tan extraño que solo veías a través de ella y de vez en cuando. Su torso desnudo es perfecto, excitante y subversivo. Su rostro, con marcadas facciones, te atraía desde siempre, pero nunca te atreviste a revelárselo.

El estaba sentado en la mesa de la cocina, comiendo una fruta a altas horas de la noche.

El cuadro dibujado tu mente era perfecto y eso encendió el motor de tu imaginación justo cuando el giró la cabeza y te vislumbro entre las sombras.

Corriste las cortinas y te escondiste. La situación te excitaba, el calor de la noche y la imagen de ese ser tan perfecto te hacían estremecer.

Te tumbaste en la cama de nuevo con la intención de dormir, pero el calor asfixiante te impedía conciliar el sueño.

La tormenta volvía a tronar y la luz de los relámpagos dibujaba sombras en la obscuridad de la habitación.

El calor se volvió insoportable y dejaste caer la sabana que te cubría a un lado de la cama. Atrapada por el deseo, tus manos fueron subiendo poco a poco el camisón que te cubría, hasta quedar totalmente desnuda encima de la cama. Lentamente tus manos empiezan a acariciar tu vientre explorando tu cuerpo con la punta de los dedos, abriéndote paso por debajo de la única prenda que te queda, tu braguita.

Como si estuvieras drogada, empiezas a acariciarte hasta que un gemido sale de tu garganta, disfrutas en las sombras y te pierdes en ellas.

De repente, un ruido extraño te hace sobresaltar y rápidamente recoges el camisón del suelo para taparte y sentirte más segura.

Te levantas y te diriges hacia la ventana pero allí no hay nada más que las cortinas movidas por una tímida brisa nocturna.

El vecino ya no se encuentra en la cocina, ha desaparecido y la noche se vislumbra tranquila.

Te recuestas de nuevo en la cama desnuda, tus pechos apuntan firmes al techo, desafiantes, excitados por la posibilidad de que alguien pueda verte en la intimidad de la habitación.

Tu excitación y el sofocante calor te hacen continuar con las caricias y la entrega a ti misma, pero notas como si hubiera alguien en la oscuridad de la noche que te observa, cosa que hace que te vuelvas más gata y salvajemente húmeda.

Sin nada que te cubra te retuerces de placer, buscando, quizás, un cuerpo a tu lado para compartir este momento. De repente notas que una de las sombras de la pared se mueve hacia tu cama y empieza a cobrar vida en forma humana.

Sobresaltada y excitada, tratas de taparte y preguntas ¿Quién eres? . “Tus más íntimos deseos” responde.

Sin mediar palabra te coge por la cintura con unas manos fuertes y suaves como la seda y te arquea la espalda, a continuación, separa tus piernas y te coloca en una posición totalmente desinhibida. Introduce su cabeza entre tus piernas y sin prisa pasa la lengua desde el principio hasta el final de ellas.

Intentas atrapar sus cabellos con tus manos pero se pierden en una nube negra que vuelve a aparecer cuando tus dedos se retiran de ella. Comprendes que si lo tocas se desvanece. Eso te obliga a estar a su merced, sin poder hacer nada mas que disfrutar.

Su lengua se detuvo en tu clítoris ya humedecido por la acción de tu mano y empezó a darle pequeños toquecitos con la punta de la lengua para más adelante secuestrarlo entre sus labios y succionarlo para tu deleite y gozo.

Poco a poco su boca se encamina lentamente subiendo por tu vientre hasta llegar a tus labios dejando impregnada en ella un sabor inconfundible a nata que te hace comprender que es tu sueño.

Como una serpiente se desliza debajo de ti y también mirando hacia arriba se coloca debajo tuyo, abrazándote con sus brazos y penetrándote poco a poco desde esa posición. Aprietas tu culo contra su estómago pero destensas tus músculos vaginales para que la penetración sea más placentera y profunda.

Lentamente empiezas a moverte suavemente arriba y abajo cada vez más rápido, tus uñas se clavan en su piel y vuelve a desvanecerse, así que lo sueltas rápidamente. Tu cuerpo es un volcán en erupción.

En un momento de casi desfallecimiento te giras e intentas adivinar si el rostro que tiene tu amante es el de tu vecino, pero no ves más que una sombra, aunque se vislumbran unos ojos, una boca, lo que hace sacarte una sonrisa lasciva de complicidad. Intentas girarte pero no te deja, te presiona las caderas para que no te muevas y sigue con su ritmo frenético, así te quiere, desde ahí te domina, te acaricia los pechos, el vientre, la espalda, tu clítoris, te tiene a su merced.

Exhausta te dejas caer de lado en la cama y el se mantiene pegado a ti unos instantes antes de desaparecer.

El día se asoma y va matando poco a poco a tu amante nocturno.

Te despiertas pensando si habrá sido un sueño erótico nada más, pero al ir a recoger tu camisón del suelo, observas unas marcas de pisadas como grabadas a fuego en dirección a la ventana.

¿Ha sido verdad? ¿Ha sido un sueño? Quizás no lo sepas nunca, o, quizás lo descubras esta noche. ¿Quién sabe? De lo que estas segura es que es tu diablillo.

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