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4 min
Veinte segundos
Varios |
22.05.13
  • 4
  • 9
  • 2771
Sinopsis

.

 

– ¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?

– ¿Qué?

– Que cuando estoy contigo nada me preocupa. Puedo estar triste o sentirme mal pero nunca me preocupa el hecho de estarlo. No sé el motivo ni lo que implica, solo sé que me gusta.

Cada poco tiempo las paredes del pequeño apartamento retumbaban movidas por el tren que pasaba a pocos metros de ellas. Las lámparas se agitaban y los muebles se movían y había que volver a colocarlos en su sitio cada día, sin embargo ellos habían aprendido a soportarlo, habían cogido ese molesto sonido y lo habían hecho suyo admitiéndolo como un elemento más del paisaje, una herramienta de la situación que bien podía hacerla más perfecta.  El terremoto duraba cerca de veinte segundos, un tercio de minuto que ellos podían aprovechar como les conviniera: Si discutían, esos veinte segundos eran la tregua necesaria para pensar y en la gran mayoría de los casos, tragarse su propio orgullo. Por la mañana lo utilizaban como su particular  despertador, puntual como el amanecer; y si, como ahora, estaban tumbados en la cama, eran veinte segundos para ellos, en los que no hacer nada más que mirarse a los ojos, sin decir ni una palabra, sin silencios incómodos, veinte segundos que mucha gente no llega a tener ni con todo el tiempo del mundo, y ellos, con los cimientos de su hogar sufriendo y gastándose las juntas de cada tubería, eran capaces de disfrutar.

– ¿Quieres saber qué es lo que más me gusta a mí? – Dijo ella cuando cesó la tormenta.

– ¿Las tostadas con aceite que preparo por la mañana?

– No idiota – Contestó entre risas. – Lo que más me gusta de ti es eso mismo. Que no te preocupas por las mismas tonterías de siempre, simplemente las dejas estar. Son y siempre serán y así hay que aceptarlo. Tú consigues que me sienta tranquila, viva donde viva, aunque no podamos tener esos viajes con los que soñamos o esa casa en la playa o las montañas que vemos en las películas. Nosotros estamos aquí tumbados, eso es todo, en este momento no hay nada más y tampoco tiene por qué haberlo, nunca lo hubiera llegado a entender de no ser por ti, tú me has dado paz en un mundo donde todos declaran la guerra, ya sea entre países, personas o consigo mismos. Siento que nosotros somos libres. A veces miro a todas esas personas y las veo encerradas, presas en un laberinto de espejos del que aun no han encontrado escapatoria, y me siento grande por más pequeña que me crean ellos. Tú me has demostrado que la felicidad es algo que va por dentro y que podemos separar de lo que nos sucede en el exterior.

Una vez más se miraron sin decir nada para fundirse en un abrazo infinito.

– ¿Sigues sin creer en el destino? – Susurró ella al oído.

– Así es. No sé por qué la gente cree que el destino es más bello que la casualidad. Si el destino nos hubiera puesto aquí querría decir que todo lo que sucede es sobre seguro, que nunca hubo la posibilidad de que algo no hubiera llegado. La casualidad  debe ser certera, la casualidad implica el que de entre muchas opciones se hayan encadenado las correctas para llevarnos hasta donde estamos. Nos enseña que lo que tenemos es un milagro que no se repetirá, que mil carambolas del destino nos han acabado colocando justo donde deberíamos estar, y eso es algo digno de celebrar, algo que hace de la vida una oportunidad que debemos saborear. 

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  • El tiempo detenido en una eternidad de veinte segundos. Reflexión, lucidez, silencio interior ante el ruido del exterior. Sencillo, discreto, reflexivo. Me ha gustado por ese toque de intimidad que plantea una pausa que debería ser obligatoria.
    Me ha gustado. buen relato, de verdad, pero de todo, me quedo con el fragmento en el que el narrador nos cuenta esos veinte segundos y todo lo que conllevan. Para mi gusto, eso es lo mejor del texto.
    El último párrafo. Ese último párrafo es oro, en serio.
    Un bonito relato de dos corazones sosegados mientras el azar lo quiera. Felicidades.
    En mi opinión VV.AA., el formato que le ha dado al relato es buena, a mi me centra en la historia. No me parece que se diluya para nada. De hecho para mi gusto, las conversaciones interrumpidas suelen ser las más reales y por tanto, las que conllevan más sentimiento. En cuanto al relato, creo como bien dices que las cosas suceden por algún motivo, no por azar y que nuestro camino ya esta trazado mucho antes de que nazcamos. ¿Casualidad o destino? No te sabría decir… Te seguiré leyendo.
    No es mala la idea de una conversación o una discusión interrupida por el tren, pero se diluye al colocarla al principio (y explicarla en lugar de dejar que suceda) y después abrir el diálogo y continuarlo hasta el final.
    Me ha gustado mucho.. Un saludo!
    Muy bello relato, con una gran ternura y reflexiones más que interesantes. He disfrutado mucho la lectura, saludos!
  • Sin ti no soy nada, vieja amiga.

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Guionista.

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