cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

25 min
Viajero de la mente
Fantasía |
19.12.09
  • 5
  • 3
  • 2027
Sinopsis

Este relato trata sobre el Amor. El título es solamente una ilusión de tu mente...

IGNUS. VIAJERO DE LA MENTE.

1ra. parte: "EL ECLIPSE"

... Siete de la mañana. Es la hora del eclipse. Ignus se levanta temprano; no se pierde ningún eclipse. El cree que estos fenómenos naturales son manifestaciones del poder de la naturaleza. Hoy se espera un eclipse total de sol; el más extraño de la historia; nunca hubo un eclipse tan temprano, porque la Luna no suele estar en el lugar correcto a esa hora... Hasta hoy.

Ignus sabe que hoy es un día diferente. Desde temprano había dejado de escuchar las "voces", y eso era alentador. Las voces lo desesperan cuando desea un poco de tranquilidad. Y son implacables: siempre vuelven. Son como pequeños susurros al oído provocados por millones de microbios, cada uno con un pequeño megáfono. (O así es como Ignus lo imagina). Cada voz es individualizable, pero todas juntas se convierten en un maremagnum de sonidos incomprensibles. Siempre las oyó, pero hoy están en un extraño silencio. Un suave presentimiento flota en el ambiente: algo grandioso va a pasar.

Luego de un momento, Ignus sale a buscar su silla favorita para eclipses; la de madera verde. Le gusta la silla de madera verde, porque el hecho de que la silla esté viva le hace sentir que lo abraza con extrema suavidad cada vez que la usa.

La luna comienza a acercarse al Sol en su eterno periplo. Luego de algunos minutos, el Sol está casi completamente oculto detrás del círculo oscuro. Ignus ve el eclipse a través de un CD. Una vez le dijeron que eran útiles para eso; ya que los CD´s son translúcidos, pero no transparentes; lo que provoca que se pueda ver a través de ellos, pero también retienen gran parte de las radiaciones solares. Todo iba bien; en pocos instantes el Sol estaría completamente oculto, y se podría admirar la hermosa corona…

Pero en ese instante, ocurrió lo inesperado. ¡Una fina luz se filtraba a través de la Luna!. -Eso es imposible, -se dijo Ignus, -la Luna es maciza, ¡no puede atravesarla la luz!. ¿Qué estoy viendo?. La tibia luz blanca se abrió paso a través de la Luna, y se depositó suavemente sobre el rostro de Ignus; En ese instante, nuestro extraño protagonista vislumbró que esa luz era algo más que un reflejo del Sol; desplazaba un enorme caudal de sentimientos. Sin saber por qué, Ignus se largó a llorar silenciosamente… Y recordó… recordó las veces que había mirado a las estrellas buscando a su Eterno Amor imposible. Recordó las lágrimas amargas que derramó cada noche cuando intentaba concentrarse en las estrellas y las voces no se lo permitían. Recordó vagamente que otras veces él recitaba poemas a las estrellas, con la firme esperanza de que su Amor estuviera viéndolas, y escuchando en la distancia…

Recordó que él pensaba en su inocencia que la Luna podría ser una enorme antena que retransmite los sentimientos de la gente…

Las voces volvieron, (siempre vuelven); y, extrañamente, todas decían lo mismo: -“Ignus, este es el momento de escuchar…”.

Ignus no comprendía el mensaje, pero estaba claro que lo que pasaba no era normal. Temió por unos instantes que se tratara de un nuevo viaje a los laberintos de su mente. Pero entonces escuchó una voz que era diferente a las voces que había escuchado hasta entonces. Esa era la voz más angelical que hubiera oído jamás. Era la voz más dulce que podría existir. Y a pesar de que no escuchaba claramente sus mensajes, luego de concentrarse un poco logró oír una parte: -“…donde quiera que estés, mi corazón irá contigo y será tu guía en la eternidad…”.

Ignus estaba sobrecogido. Jamás había oído algo así antes; pero sonaba hermoso. Parecía parte de un poema… Extraño, muy extraño…


2da parte: "ARREIT"



... Extraño, muy extraño...

Sin embargo, Ignus estaba conmovido. Nunca había escuchado una voz tan suave y dulce. No se animaba a hablar, porque temía romper el encantamiento que aquella voz había causado en el ambiente. A pesar de eso, no pudo evitar decir:

- Hola... ¿me escuchas?

- SI

- ¡No puedo creerlo!. ¿Estoy hablando con un Angel, o simplemente estoy soñando?.

- No se si estás soñando, pero dudo mucho de que alguien pueda llamarme ángel.

- ¿Qué está sucediendo?.

- No lo sé. Estoy tan sorprendida como tú. Estaba aquí, tranquila, leyéndole a mis estrellas, y de repente apareciste.

- ¡Esto es extraordinario!. Creo que hemos creado un canal de comunicación a través de la Luna. ¡Es absolutamente sorprendente!. ¿Quién eres tú?.

- Me llamo Arual.

- Arual, es un placer conocerte.

- El placer es todo mío. Sabes, no entiendo nada de lo que dices. ¿Cómo te llamas?.

- Mi nombre es Ignus.

- Bien, Ignus, no entiendo de qué hablas. Temo que seas un "Edneud", y me estés engañando...

- "Donde quiera que estés, mi corazón irá contigo y será tu guía en la eternidad..."

- ¿Estabas escuchando eso?.

- Si.

- Entonces... puede ser... ¡NO!, ¡no es posible que seas tu!.

- ¿Qué yo sea quién?.

- Debo irme. Tengo mucho miedo.

- ¡NO, ESPERA!; esta comunicación... no sabemos si se volverá a producirse... Al menos dime de dónde eres. ¿Acaso eres de otro planeta?.

- ¿Planeta?, hablas muy raro... Soy del mismo sitio que tú, obviamente; vivo en Seria Soneub; en Arreit. Ahora debo irme; adiós. Mañana volveré aquí, si estás ahí significará que no eres un "Edneud".

Ignus, se quedó petrificado. Entonces sí era de otro planeta. Nunca había oído hablar de Seria Soneub, y mucho menos de Arreit... Aunque los términos le resultaban familiares... Incluso ella lo había llamado "Edneud"... y su nombre: "Arual".Era todo muy raro... Ignus volvió al interior de su casa.

Necesitaba pensar. Notó que las "voces" no hablaban todavía. Y se sintió en paz. Luego de unos instantes, estaba dormitando en su lecho, sin dormirse del todo. Le gustaba dejar divagar a su mente cuando no tenía nada que hacer; así la mantenía entretenida. Deseaba volver a hablar con Arual. Algo en ella lo hacía sentir otra vez como un niño. Era extraño, tuvo el presentimiento de que Arual formaría una parte importante en su vida...

Poco antes de quedarse dormido, en su mente flotaba el nombre de Arual. Giraba y giraba, cambiando de colores y fondos; convirtiéndose en pequeños arcos de colores vivos; y cambiando su forma de manera extravagante. De repente, Ignus se despertó sobresaltado. En su mente se había formado nuevamente el nombre Arual; pero se había girado, quedando exactamente al revés, y como por arte de magia, él había leído otro nombre: "Laura".

Entonces se sorprendió mucho más, cuando descubrió que "Arreit" al revés se lee "Tierra"...


3ra parte: “REVELACIONES ONÍRICAS”

… Se sorprendió mucho más, cuando descubrió que Arreit al revés se lee “Tierra”…

Entonces, comenzó a repasar las cosas que Arual (Laura) le había dicho. Ella dudaba de que él fuera un “Edneud”, es decir un “duende”; también le había dicho que vivía en “Seria Soneub”; o sea… ¡Buenos Aires!.

Ignus estaba desconcertado. ¿Cómo era posible que ella viviera en su misma ciudad, pero al revés?.¿Y por qué ella no comprendía lo que él decía?.

Tejió innumerables hipótesis, acerca del origen de Arual, cada una más descabellada que la anterior; leyó una y otra vez todos sus libros, y buscó todas las referencias que indicaran algo sobre cosas invertidas, y nombres girados. Leyó mucho, y obtuvo poco, pero no estaba decepcionado, más bien estaba intrigado y a la vez pensando en múltiples teorías a la vez.

Ignus no podía esperar a que ella volviera a aparecer. Esta vez no había eclipse, así que no imaginaba como sería posible que el milagro volviera a suceder.

De todas maneras, salió al patio, y se sentó en su silla de madera verde, a esperar que el destino decida cuál sería su suerte. La Luna apareció flotando en el firmamento, y en seguida las estrellas se convirtieron en pequeños agujeros en un telón negro.

Ignus meditaba. ¿Cómo lograría comunicarse nuevamente con Arual?. Su mente divagaba entre sentimientos azarosos, descubriendo esa veta demente que todos poseemos, pero tememos demostrar. Imaginaba a Arual. El la veía muy bella, con sus largos cabellos flotando en el cielo, volando entre las estrellas, convirtiéndose gradualmente en parte del universo mismo.

Se sorprendió a sí mismo observando detenidamente la Luna. Y, como tantas otras veces, recitó uno de sus poemas preferidos. -¡Oh, Luna!, -dijo. -Dime la causa de mi eterno vagar; dime por qué debo existir en este mundo cargado de amarga soledad. Dime, ¡Oh!, enorme espejo; dime dónde está la imagen de mi amada reflejada, para observar en tu faz el rostro, de la persona que a mi corazón ha de completar…

Entonces sucedió algo mágico. Las últimas sílabas fueron pronunciadas por dos voces; no solamente por él mismo.

Reconoció en la otra voz a Arual, y su alma se llenó de gozo al descubrir que ella no solamente lo oía, sino que también había escuchado anteriormente este poema.

Posiblemente por pudor, no hizo referencia alguna a este hecho, y dijo: - Hola Arual, estaba pensando en ti. - Hola Ignus, como prometí, volví aquí para encontrarte, y estoy muy feliz de que no seas un Edneud.

- Acerca de eso; ¿Puedes explicarme por qué le temes a los Duendes?.

- No se lo que es un “Duende”; sólo se que los Sedneud son inmensamente taimados, y siempre buscan su propio beneficio, por eso tenía miedo, de que fueras uno de ellos…

- Pues, tranquila, sólo soy yo, Ignus.

- Gracias a soiD. Pero de todas formas no te conozco…

- Pero aquí estamos. Reviviendo el milagro de nuestra comunicación; tal vez el destino ha decidido que debamos hablar, por alguna causa, y hagamos lo que hagamos, así será.

- Ignus, confieso que me habías asustado bastante, pero ahora puedo decir con tranquilidad que no eres un Edneud… simplemente eres un poco Odalfihc. Pero igual me caes simpático.

- Gracias… ¿Puedo hacerte una pregunta?.

- Claro, Ignus.

- ¿Por qué pronuncias tantas palabras al revés?.

- Yo no digo nada al revés. Ahora que lo pienso, es por eso que no te entiendo a veces… ¡Tú dices cosas al revés!.

- Creo que habitamos en diferentes lugares, aunque aparentemente estamos en el mismo. Es tan extraño…

- ¿Sabes?, he estado escuchándote recitar algunos de tus poemas… Me gustan mucho.

Ignus, se ruborizó inconscientemente. Luego contestó:

- ¡Vaya, no sabía que tenía un auditorio!. Voy a intentar modular mejor mi voz la próxima vez.

- Ignus, no necesitas modular tu voz. No se por que se produjo este extraño contacto entre nosotros, pero te diré algo: Estoy muy contenta de haberte conocido.

En ese momento, grandes nubes oscuras se interpusieron entre Ignus y la Luna, y la comunicación terminó casi tan de pronto como había comenzado.

Ignus estaba emocionado. Tal vez por su extrema timidez, tal vez por su afición a la ciencia, o tal vez porque no era muy comunicativo con la gente; pero Ignus no solía hablar mucho con mujeres. El hecho de que una le hubiera dicho que estaba contenta de conocerlo, significaba para él una gran satisfacción. Una infantil mueca de sonrisa contenida se dibujó en su rostro. Arual… Era un nombre hermoso. Y su voz… Era la voz más angelical que Ignus hubiera oído jamás. Tal vez alguien allá arriba había oído sus sueños… Tal vez el futuro comenzaba a definirse, y por fín iba a conocer a su alma gemela…

Pero recordó que ni siquiera sabía dónde estaba. ¿Cómo iba a reunirse con ella, si no podía encontrarla?. Entonces decidió que ayudaría al destino a definir su futuro. –Intentaré encontrarla – se dijo – Si las estrellas determinaron que debo hacerlo, y así está escrito en los libros dorados de la historia futura, entonces nada podrá detenerme. Caso contrario, fallaré irremediablemente. Con estos pensamientos en su cerebro, y en su corazón, Ignus se puso a trabajar con ahínco en el problema más grande que había encontrado en su vida: ¿Cómo encontrar a Arual?.

… Son las tres de la mañana.

Hace dos semanas que Ignus habló con Arual por vez primera. Desde entonces, todos los días, salió a su jardín a la misma hora, con la misma silla verde. Pero solamente podía comunicarse con Arual en aquellos días en que podía ver la Luna. En ese tiempo, ellos habían estado conociéndose, e Ignus cada vez confirmaba con mayor razón sus sospechas. Arual le había confesado que ella también le leía a sus estrellas, buscando a su Amor. El no tenía una basta experiencia en esos temas, pero comprendió rápidamente que tanto él como Arual se estaban enamorando, y aunque este hecho lo llenó de miedo, al mismo tiempo endurecía su determinación: Arual era su alma gemela, y él la encontraría aunque tuviera que dar vuelta el universo para ello.

Ignus descansaba. Había sido un largo día. Estuvo leyendo toda la tarde un tratado sobre duendes escrito en un monasterio ruso del siglo XII. Había una extraña referencia a que los duendes eran capaces de vivir en dos “sitios espejados”. Los monjes explicaban que los duendes eran capaces de atravesar espejos, y que esa era su manera de viajar largas distancias. Ellos entraban en un espejo aquí, y a los pocos segundos podían aparecer nuevamente en otro espejo a miles de kilómetros. En esos viajes a veces llevaban tesoros que robaban a los monjes, y otras veces aparecían del espejo con extrañas joyas que los monjes no conocían.

La mente inconsciente de Ignus, generalmente funcionaba mejor que su mente consciente. Siempre que descansaba, dejaba desvariar a su cerebro, para que formara ideas, imágenes y otras cosas realmente extrañas. Este ejercicio no sólo lo entretenía, muchas veces eran la forma de encontrar soluciones a los problemas más inverosímiles.

Su mente divagaba. Ignus veía a los Duendes entrar y salir de los espejos. Su imaginación, le mostraba en cámara lenta al ser ingresando al espejo, y luego le mostraba la parte de atrás del mismo, y veía cómo el duende aparecía por el otro lado…

Estaba en eso, cuando las voces comenzaron de nuevo: “…Dime, ¡Oh!, enorme espejo; dime dónde está la imagen de mi amada reflejada…”. Repetían esta frase sin cesar. Ignus sabía lo que era; era una parte del poema que él mismo le había recitado a Arual. Su mente analítica, entonces, comenzó a tejer una hipótesis a partir de todos estos datos: Un espejo… un duende que pasa a través de él… Arual le teme a los duendes… La Luna permite la comunicación… No funciona cuando está nublado… La silla verde… está viva… Las voces… “Dime ¡Oh!, enorme espejo”… La Luna es un enorme espejo… Los duendes atraviesan los espejos… Arual le teme a los duendes… ¡¡¡¡Los duendes viajan al mundo de Arual a través de los espejos, y yo puedo comunicarme con ella porque la Luna es un enorme espejo y mi silla está viva!!!!.

Toda la frase se formó como si fuera un monosílabo. Ignus despertó y volvió a pronunciarla. Era totalmente lógico. La Luna era un enorme espejo, que le permitía mantener una comunicación con Arual, que se encontraba en otro universo. En ese universo las cosas parecen estar al revés porque están “vistas” en un espejo. (La Luna). La silla verde debía actuar como una antena o algo parecido… ya definiría eso. Y los duendes viajan allí frecuentemente, por eso Arual les teme.

Ignus estaba muy feliz, tanto que comenzó a dar brincos de alegría y comenzó a cantar. Bailó a las tres de la mañana en su casa a oscuras, y los vecinos que veían su silueta en su ventana, decían: “No es sorprendente, ya sabíamos que estaba loco”.

Ignus estaba loco… De amor por Arual, y ahora ya tenía la llave para abrir la puerta que le permitiría llegar a ella. Sólo le faltaba un pequeño detalle: ¿¿Dónde está la puerta??.


4ta parte: “EL VIAJE” – Epílogo.

…¿¿Dónde está la puerta??.

Ignus se hacía esta pregunta, noche y día; sin detenerse nunca. Estaba a solamente un paso de conocer a su alma gemela… una simple puerta no iba a detenerlo.

La mente de Ignus funcionaba a tremendas velocidades; pero no podía obtener una respuesta. El sabía que la Luna era el espejo… ¡pero no podía viajar a la Luna!; aún si lo hiciera, ¿Cómo haría para “entrar” en ella?, ¿como lo hacían los duendes rusos del siglo XII…?

Mientras tanto, las cosas con Arual estaban cada vez mejor. Ellos, luego de algunas mutuas vergüenzas, y de algunos mutuos intentos, se habían confesado su Amor, y ambos estaban desolados por no poder siquiera verse. Era hermoso saber que estaban hechos el uno para el otro. Era hermoso saber que se complementaban en todo aquello en lo cual no eran idénticos. Pero se sentían incompletos por el hecho de no poder brindarse todo ese Amor que estaba representado en las palabras…

- Dime, Ignus; ¿Por qué le hablabas a las estrellas?.

- Porque siempre supe que tú estabas ahí; en alguna parte, y tenía la firme esperanza de que al momento de recitar mis poemas, estarías viendo mi estrella, para de esa manera encontrar nuestras miradas en el infinito.

- Eres muy dulce. ¿Nunca habías desesperado?.

- Algunas veces me encontraba muy solo… Es muy difícil mantener una idea maravillosa por demasiado tiempo. Siempre quiere irse, buscando nuevos horizontes, otras personas que sean capaces de mantenerla en secreto hasta que sea el tiempo de madurar. Creo que lograba mantener mi compostura sólo por el hecho de pensarte, y saber que allí, a lo lejos, estaba tu Amor esperanzado, destinado a encontrarse con el mío, flotando entre las estrellas, convirtiéndose suavemente en pequeñas brisas, que agitan las rosas rojas de mi jardín. Cuando eso pasa, siento el aroma de las rosas, y se que de alguna manera estás aquí, manifestándote en sueños de colores rosados, para no dejarme llevar por la desesperanza.

- Cuando yo le leía a la Luna… de alguna manera sabía que podías escucharme. Tenía ese presentimiento de que mi Alma Gemela estaba conmigo, leyendo a la par, disfrutando cada frase, y sujetando con fuerza mis palabras, en un abrazo invisible, que me hacía sentir segura. Era como si ya estuvieras aquí, leyendo conmigo, sujetándome de la cintura, y acariciando dulcemente mis cabellos…

- ¡Dios mío!. Cuantas veces desee tenerlos entre mis dedos… Mis rústicos dedos de hombre, que intentan por todos los medios aparentarse suaves, solamente para tratar de que tus cabellos sientan la caricia de mil sedas… Quisiera tan sólo por un momento lograr tocarte… mis manos tienen tantas cosas que decirte…

Así se desarrollaban las conversaciones, Ignus y Arual estaban enamorados, pero los separaba una frontera invisible, creada por fuerzas que no comprendían, con una puerta… Una codiciada puerta en algún lugar… ¡Porque la puerta DEBÍA estar en alguna parte!.

Cierta noche, luego de charlar con Arual, Ignus, estando tan cansado, (hacía días que dormía demasiado poco, buscando una respuesta), se quedó dormido en su silla. Su silla de madera verde, aquella desde la cual tenía sus contactos con su Alma Gemela.

Ignus soñaba… Soñaba con una puerta. Una hermosa puerta de oro, tras la cual se escondían los secretos más increíbles de la creación. En su sueño, Ignus extraía de entre sus ropas una llave, una pesada llave de plata, que tenía grabadas las letras I y A. La llave brillaba en la semipenumbra de los sueños. Ignus abría la puerta, y una hermosa Arual corría a su encuentro, flotando en suaves ropas de seda, sus cabellos agitados por el viento provocado por su apresuramiento; sus ojos luminosos, irradiando Amor a cada paso. Su cuerpo majestuoso moviéndose cual gacela alada, perturbando el sueño de miles de luciérnagas que veían pasar tanta hermosura, y se sentían opacadas en su brillar. Ignus soñaba, y su mente, trabajando siempre, a un ritmo vertiginoso, le decía: “Ignus, eres un experimentado viajero de la mente, debes aprovechar esta habilidad”.

Al despertar, Ignus estaba decidido: Intentaría encontrar a Arual utilizando su capacidad de viajar con su mente. Se estuvo preparando por horas, alejando de su mente todos los pensamientos mundanos, aquellos que nos impiden volar y soñar con nitidez. Cuando estuvo listo, cerró sus ojos, y contó suavemente desde cien hasta cero. Al llegar a cero, ya estaba preparado para iniciar su viaje. ¿Dónde intentaría primero?. Como era lógico, iría a la Luna… y buscaría una puerta allí. Eso hizo. Su mente lo llevó flotando hacia arriba, veía muy pequeña su casa ahí abajo. Subió y subió, alcanzó a las nubes, y poco después, se encontraba en el límite de la atmósfera. Allí donde los sueños de la gente reposan esperando la oportunidad de hacerse realidad. El ambiente comenzó a cambiar de color, de celeste a negro, hasta que se encontró en el espacio infinito. La Luna era enorme sobre su cabeza; con firmes brazadas imaginarias se acercó a ella, navegando una nave invisible, que alunizó cerca del Mar de la Tranquilidad.

Ignus caminó por la Luna… Buscó cualquier entrada. Cualquier cosa que le llamara la atención. Levantó cada piedra, removió cada centímetro de arena. Se encontró con varios duendes viajantes, a quienes preguntó por el camino del espejo. Ellos no hicieron caso a sus ruegos. Estaban muy ocupados con sus negocios, y él era simplemente un alma sin valor para ellos.

Ignus siguió volando. No se sentía desanimado. Era solamente el principio del viaje. Decidió disimuladamente seguir a algunos de los duendes, para tal vez encontrar algún espejo.

Siguió duendes a todos los planetas. Cada uno tenía su tarea, y consistía en obtener los tesoros de cada lugar. Así, algunos viajaban a Mercurio, donde obtenían hermosas piedras de diamante en bruto, que estaban a flor de tierra, debido al enorme calor. Otros viajaban a Saturno, y quitaban las esmeraldas que estaban regadas por doquier entre sus anillos. Algunos viajaban a Marte, para recoger todo el óxido de hierro, que combinado con los gases de Júpiter se convertía en hermosas piedras de colores desconocidos.

Ignus viajó con cada uno de ellos, pero no pudo encontrar a solamente uno que ingresara a un espejo. Ya estaba por claudicar, pensaba que tal vez los monjes hubieran visto visiones, o simplemente hubieran exagerado…

Decidió volver a la Tierra. Ya volvería a viajar mañana…

Suavemente se dejó llevar por las brisas nocturnas, hasta su casa, donde flotó hasta encontrarse con sí mismo. Se observó durante unos instantes. Veía un rostro triste. Así era como se sentía. Sus ojos estaban rojizos por la necesidad de llorar. Pero mientras Ignus no despertara de su viaje no iba a poder hacerlo. Entonces, mientras se miraba, descubrió algo extraño: En sus ojos se reflejaba una gigantesca puerta azul. ¡Cual no sería su sorpresa!. Era una hermosa puerta, con manijas de agua, que estaba flotando justo por encima del nivel de su mirada. Ignus se sintió conmovido. ¡Claro!, ¿cómo no lo había visto antes?. La puerta se encontraba en él mismo. El Amor, siempre se encuentra en nosotros mismos. No sirve buscarlo en los lugares más recónditos del universo, porque solamente nosotros sabemos dónde en nuestra alma lo guardamos. La puerta no era precisamente una puerta… más bien era una barrera que Ignus debía superar para lograr acceder a su Amor. Nuestra Alma Gemela puede encontrarse en cualquier parte físicamente. Pero el destino la pone en nuestro camino de diferentes maneras, está en nosotros lograr admitir que no siempre le prestamos atención. Todo nuestro esfuerzo, todo nuestro potencial, todos nuestros conocimientos… nada es de utilidad si no sabemos cómo implementarlo; lo mismo pasa con nuestro Amor: podemos tenerlo en abundancia, pero no encontrará un destino si no lo dejamos salir. Debemos solamente ser nosotros mismos para que nuestra Alma Gemela sea capaz de reconocernos.

De repente, alguien tocó a su hombro incorpóreo. Y allí estaba. Era Arual, tal como él se la había imaginado. No sabía qué decir. Estaba enmudecido por su belleza, y porque ella había aparecido así, de la nada, repentinamente, y sin motivo aparente. Pero todo puede suceder durante un viaje de la mente…

- Hola, Ignus.

- Hola, mi Amor.

Y se abrazaron, y sintieron todo el calor que sus almas experimentaban.

Ignus observo nuevamente a Arual. Era simplemente hermosa. Poseía un ojo celeste, y el otro verde; una singularidad que siempre le había gustado. Sus cabellos caían suavemente sobre sus hombros, y su cuerpo era suave, como un colchón de nubes. La besó, y millones de mariposas volaron en su interior, cada una llevando una pequeña porción de ese Amor tan especial, increíble y extraordinario que sentían. Sus cuerpos, virtualmente, se encontraban en una conjunción de almas, que los llevaba mucho más allá de un simple abrazo, para llegar a una fusión de Amor indescriptible…

Lentamente, Ignus despertó. Cuando lo hizo, descubrió que estaba llorando… Llorando cristalinas lágrimas, que sabían de un Amor lejano, que él no sabía dónde encontrar…

Poco a poco, regresó a la realidad. Su sorpresa comenzó cuando descubrió que sujetaba algo en sus manos. Sus dedos le dijeron (no así sus ojos, que se negaban a reconocer lo que veía), que lo que sujetaba era un CD… Estaba mirando a través de él, y veía un eclipse. Estaba sentado en su silla de madera verde, en su patio, observando una hermosa corona solar…

Ignus no podía creer lo que le estaba pasando. Todo había sido una ilusión, una increíble broma de su mente, un viaje hacia un deseo único y desesperado…

Lloraba desesperanzado. Si todo había sido un sueño, entonces jamás encontraría a Arual. Estaba condenado a vivir solo, por siempre.

…….

La pesadumbre lo invadía. No quería seguir allí. Decidió descansar, ya que se encontraba sorprendentemente agotado. Tal vez el esfuerzo de la visión. ¿Quién sabe?. De todas maneras fue a dormir… creía recordar que algo le había pasado; no podía recordar lo que había sido…; pero no entendía por qué tenía los ojos llenos de lágrimas, ni por qué se sentía tan triste…

Su mente negaba los sucesos, para que su corazón pudiera resistir tanto dolor. El no lo sabía, pero su mente lo había salvado, de nuevo….

…….

El tiempo pasó, y un par de semanas después, Ignus concurrió a la biblioteca del pueblo. Ignus habitaba un pueblo cerca de la ciudad de Buenos Aires; en el conurbano. En esos lugares todavía existían las pequeñas bibliotecas, y en ellas había libros que habían estado ahí por décadas, sin tocar, dado que muy pocas personas las visitaban diariamente. Ignus era una de esas personas. Tomó un libro de los estantes. Lo hizo porque algo le llamó la atención: Era un antiguo tratado de unos monjes rusos del siglo XII, que hablaba sobre duendes… Le pareció que le recordaba algo, pero no sabía que. Junto a él, había un libro de poemas, se llamaba: “La Luna es el espejo del Alma”. También lo tomó. En ese momento, sus ojos vieron algo que lo dejó desconcertado. Del otro lado de la estantería, otro par de ojos lo observaban, con una expresión similar de desconcierto. El la vió, y de alguna manera, supo instantáneamente que se llamaba Laura… Pero lo que lo había dejado completamente alelado, era que en su rostro, ella poseía un ojo de color celeste, y uno de color verde…



FIN.
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 49
  • 4.33
  • 556

"De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo... Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria." -Jorge Luis Borges. Escribo desde que era un niño, e invento historias desde mucho tiempo antes. Mi biblioteca está super-poblada, algunos libros incluso han comenzado una revuelta para ocupar los mejores estantes. Mi fuerte es la ciencia ficción y la imaginación mi mejor herramienta; aunque dicen los que me leen que soy un escritor versátil, y puedo adaptarme a múltiples géneros con facilidad. He publicado mis escritos en múltiples sitios de internet, blogs y grupos de correo electrónico, con modesto y relativo éxito (lo de "éxito" está por verse, lo de "modesto y relativo", es indudable). También varios de mis cuentos y poesías han sido emitidos a través de diversas radios y revistas de difusión digital. Uno de mis cuentos además ha sido llevado a papel en una antología. Próximamente planeo autopublicar mi última obra: un libro de ciencia ficción que se encuentra actualmente en desarrollo, cuyo protagonista es el robot "Curiosity"de la NASA. ¡Bienvenida/o a mi mundo! Aquí encontrarás algunas de mis obras. Espero sean de tu agrado. Cualquier comentario será recibido con gratitud. Para quien quiera contactarme, ya que aquí no hay MP, mi email es: ignus@rudiv.com "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." -Proverbio hindú.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta