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13 min
Vicios y oportunidades
Amor |
13.11.14
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Sinopsis

Una anécdota, algo que pasó hace exactamente un año, basada en hechos más que reales.

Soy un estudiante de un colegio técnico ya en mi último año, básicamente mi vida es un poco de estudio, entretenimiento variado y fiestas, siempre. Cumplo 19 dentro de tres meses, por lo tanto viernes y/o sábados siempre son días de fiesta. Nunca faltaba una salida un viernes o sábado. Además viernes siempre pude porque en ese día siempre salgo más temprano que el resto de los días, viernes suelo salir a las 17:40 y por lo tanto tengo tiempo de volver a mi casa, hacer unas cosas y luego salir como todos los fines de semana.

Tengo una conocida que es compañera de colegio. Con Marilyn salimos pocas veces, puesto que a pesar de admirarla bastante, no me relacionaba lo suficiente con ella. Primeros años del secundario éramos muy unidos, pero luego comenzaron los mal entendidos porque ella, junto con su mejor amiga, se marginaban del resto seguramente con el pensamiento de que estaban solas contra un mundo hipócrita y yo, haciendo muy mal, me “colgué” con ellas, o sea después de las vacaciones de verano nos encontramos de vuelta y no estaba presente siempre, hubo algo que tuve: una inseguridad terrible sin razón. La comencé a observar como alguien inalcanzable, que no necesitaba de mí, que no merecía su amistad por eso no se acercaba todo el tiempo, hubo una separación rara, nos mantuvimos muy distantes esos años; a mi, sin embargo, me preocupaba esa distancia pero me hacía bien mirarla desde lejos, apreciando las cosas que hacía con su amiga, yendo y viniendo por todos lados, nunca tuve ese problema a pesar de lo lejos que nos encontrábamos. A veces pienso que no me entiendo.

A pesar de lo poco que la acompañé últimamente, la conocía mejor que nadie y eso me gustaba, sabía todos sus defectos, sus gustos, sus virtudes y cada mínimo detalle o rasgo de su personalidad. Esto es más que suficiente para decir que me atraía, que sentía algo por ella; aunque siempre me molestó la ligera maldad que tiene sobre personas ajenas, aunque con cierta inteligencia: un conocido se hizo novio de su amiga por un momento. Ese muchacho había dejado el espíritu fiestero, la falta de compromisos y la flojera por esa chica especial. Marilyn, al desconfiar de su habitual actitud, trató de convencer a Camila para que dejara a Gabriel, que es puro verso lo que aquel prometía y decía; efectivamente lo logró, ella lo dejó al cabo de un mes. Él se sintió muy mal, pero hay que ver otro lado si Marilyn estaba celosa o temía que manipularan a su mejor amiga. Yo confío en que ella quería proteger a su amiga, porque es de cuidar mucho a sus seres queridos.

Así me pasé bastante tiempo reflexionando acerca de sus virtudes, cuestionando sus defectos buscando formas de mejorarlos, hacer de su existir una perfección. Uno de mis peores vicios es mi obsesión por ella, pensar todo el tiempo en ella hace que el tiempo se me esfume en un santiamén, se me perdió gran parte del año imaginando su persona. Así es que pensando en ella me dio hambre, puesto que no comí nada en todo ese día, a la hora de la cena mi estómago rugía de una manera impresionante, pidiendo algo para comer. En ese instante me llama un amigo de toda la vida: Ezequiel. Él me llama por celular y con un mensaje bastante conocido: “vamos a una fiesta”.

- Vamos a una fiesta, hoy van a celebrar los 19 de Fiorella. - dijo él con muchas ganas de salir. Yo lo pensé un poco porque no soy amigo de ella, pero sé quién sí: Marilyn.

- Bueno, contá conmigo. Pasame a buscar y vamos juntos – repliqué en un rato.

Fiorella cumplió en octubre, pero lo iban a celebrar ese 15 de noviembre porque fue una fecha donde todos los congregados se decidieron, un punto en común porque todos estaban ocupados ya sea por la universidad o el trabajo, o los dos.

Cerca de las 23:45 llegó a mi casa y nos fuimos juntos al club donde iban a hacer esa fiesta. Algo que me intrigó fue saber qué atuendos llevarían esas maravillosas mujeres. Ellas siempre se visten con diferentes vestimentas que hacían de cada evento algo digno de recordar por su belleza externa variada, habían vestidos, blusas y todo tipo de prendas para todos los gustos. Mientras tanto, Ezequiel manejaba su auto mientras yo por la ventanilla abierta sentía el viento y el paisaje nocturno de la gran ciudad, respirando un aire de nervios pero a la vez de inmensa felicidad porque quise que sea una noche digna de recordar. Sí, tuve pensado decirle de una vez a Marilyn qué es lo que sentía por ella y pasar toda una noche bailando sintiendo su espléndido cuerpo, tenerla en mis brazos al fin, acariciar su suave piel por fin.

El club se ubicaba en la planta alta de un edificio pintado de blanco. Debajo de esa planta se ubicaba el estacionamiento -pago, por cierto- junto a éste la escalera que subía hacia un espacio donde estaban los sanitarios y unos pasos más arriba finalmente el salón de baile, con una buena cantina, sistema de sonido e iluminación y al lado el balcón de la planta alta que dejaba a la gente apreciar la vista de la ciudad durante la noche. Uno de los mejores clubes que habían en la localidad.

Al llegar, lo primero que advertí fue la presencia de Camila y Marilyn, lo que esperaba. Adentro se hallaban Fiorella y el resto de sus amigos, pero tenerla a Marilyn fuera como si estuviera esperándome, es una sensación de coincidencia tan alegre como sería mi situación al salir ya de ahí al finalizar la noche. Camila llevó un conjunto celeste de pollera y prenda divinas, unos tacos medio altos y el cabello largo y lacio bien planchado. A pesar de estar algo rellena, vestida de esa manera sería como la reina de la noche, junto a Marilyn. Ésta tenía un vestido simple floreado de color amarillo oscuro, de un top totalmente negro y ajustado a la cintura que hacían resaltar y destacar sus enormes senos y combinaba con sus cabellos amarillos, rostro perfecto de nariz redondeada, cachetes bastante grandes y ojos marrones casi tan claros como su piel, sin mencionar su hermosa y gran sonrisa. En sus pies llevaba puestos unos tacones negros de plataforma algo alta, también ella estaba adornada con ciertas pulseras, collares y aros lujosos que mejoraban y llenaban un poco su aspecto, aún así estaba bella, más para esa ocasión.

Uno de los terribles vicios que tuve siempre fue el alcohol. Cada vez que hay bebidas alcohólicas las tomo como si estuviera sediento y esas bebidas fueran agua, las tomé siempre como cualquier gaseosa, jugo o agua; hasta que no acabaran los tragos, no dejaba de tomar, por eso siempre me gané las quejas de mis amigos que, cuando me pasan los vasos, los devuelvo casi vacíos, o de devolver los vasos y luego pedirlos después de un turno. Por ello, yo sería el alcohólico del grupo, el soplador, el cahú o el chupador. Esos eran mis apodos más frecuentes refiriéndose y burlándose de un vicio que agarré a los 12 y nunca pude superar porque no quise.

Nos saludamos con ellas y entramos para bailar un rato. Comencé mirándola cuando bailaba con algunos conocidos y el resto del tiempo con Camila, dos hermanas siempre unidas hasta en el baile. Bailé varias veces pero reventé de los celos cada vez que la vi bailando con otros, sinceramente me desesperaba. Esa obsesión enferma me dejaba loco hasta por unas rondas de baile que duraban menos de un minuto, aún con su amiga custodiándola. Esa intermitencia durante los ratos de baile me llevó a decir “tengo toda la noche para encararla”. Es otra de mis graves malas costumbres, dejar todo para después en vez de aprovechar el tiempo que se va.

Durante el baile, obviamente, nunca faltó el vaso de alcohol. Empezamos con cinco vasos -botellas de plástico cortadas o “degollados”- de Fernet de Menta con Sprite, seguimos con uno con Coca Cola y al final dos de vino puro. Yo no pude disimular mi obsesión por ella debido a la ebriedad y a que no se ocultar lo que siento. Cada vez que tomaba le pasaba el degollado a ella, incluso si ella me lo devolvía yo lo dirigía a ella otra vez, era más que evidente. Otra de las cosas que evidenciaba mi obsesión era mi mirada fija hacia sus movimientos en la pista, seguramente todos se dieron cuenta de que tenía otro gran vicio que era apreciarla y observarla todo el tiempo, sin preocupación de disimular.

Luego de todo eso que tomé me sentía ya bastante mareado, cuando caminaba no podía parar de tambalear, por lo tanto era bastante alta la necesidad de prenderme por cualquier mueble o pared para no caer, sumado a que por cada vaso hablaba más lento, mis ojos se tornaban rojos y mi visión disminuía. Aún así, tomé dos degollados más de vino con Coca Cola y miraba a Marilyn tan viciado y ebrio que me olvidé totalmente de mis amigos y, por supuesto, de mi mundo, mi alrededor.

En un determinado momento -no sé a qué hora, obvio- me llama Camila y me hace una serie de preguntas, seguramente se preocupó por mi un minuto.

- Fer, ¿Estás bien? ¿Me entendés bien? - Dijo y di entonces por sabido que se enteró de mi estado.

- Sí. Puedo ver y hablar todavía. Qué linda está Marilyn. - Respondí con una voz lenta y desgana, dando por sabido que mi objetivo era estar con su amiga.

- Así que te morís por Mari, eh. -dijo riéndose un poco- Sos re-piola, podés tener algo con ella.

-Bueno, que así sea.- respondí con felicidad pero con cierta inseguridad y depresión causas de mis incesantes dudas y mi ebriedad.

-Ah pero antes, traeme una cerveza.- me pidió aprovechándose de mi vicio y de la situación.

Estaba más mareado que nunca. Hablaba tan lento que no se me entendía, mi caminata era en zigzag puesto que carecía de equilibrio, lo veía todo tan borroso y deforme que tuve que guiarme hasta la barra por instinto y conocimiento de dirección, porque fui varias veces ya para pedir tragos varios.

Volví ya con el vaso de cerveza en la mano, fui hasta Camila y se lo di.

-No era para mi, era para Marilyn. Gracias igual.- dijo a propósito para hacerme sentir utilizado, aunque nunca me sentí tan feliz porque puede ser que invitándole un vaso entremos en conversación y sea ya la hora para decirle todo de una vez. Ella se encontraba en el balcón de afuera, así que me dirigí hasta ella y le invité la cerveza.

Lastimosamente ya estaba tomando otra cosa, no me acuerdo qué, pero también se hallaba ocupada hablando con Fiorella. Me dijo para ir a bailar después entonces entré en una profunda tristeza y me pregunté ¿Qué hago con ésto?. Tuve una respuesta rápida sin mover los labios para hablarme a mí mismo: tomar. El degollado lleno de cerveza me lo tomé yo solo. No me gusta la cerveza, pero no había otra cosa para hacer.

Terminé de tomarlo y sentí un malestar increíble, un dolor de estómago impresionante, en ese momento se me fueron totalmente la conciencia y los sentidos, ya hacía cosas mecánicamente sin uso total de mi conciencia. Según recuerdo, fui casi arrastrándome al baño y me descompensé, consecuencia de la enorme cantidad de alcohol que tomé por vicio y, por supuesto, por no comer absolutamente nada. Después de esa mala experiencia, recuperé una parte de mi uso de la razón y me deprimí bastante, se me fueron todas las energías y la cordura para ya hablar con Marilyn; puesto que no soy como otros que se embriagan y hacen de todo, yo me deprimo y se me van todas las fuerzas.

Me buscó Ezequiel y me dijo que ya casi eran las cinco de la mañana. Luego de un rato, frenó la música, se encendieron las luces y dieron por terminada la fiesta. Yo, por vicio y mal acostumbrado, no la disfruté para nada. Ni a la noche ni a la chica especial a la que quise ver.

Salimos al balcón para recuperar unas pocas energías para luego salir de vuelta a casa. Dije a Ezequiel y Patricio -otro amigo nuestro- que tiré una gran oportunidad “a la basura” y que ya no podía defenderme por mi ebriedad. Miré al estacionamiento y vi cómo Camila y Marilyn se iban del lugar, totalmente cuerdas sin ninguna cualidad extraña. Yo allí vi cómo se iba una oportunidad del lugar, totalmente fuera de cordura.

Como Ezequiel no tomó nada de alcohol puesto que el auto es suyo, nos fuimos ya del club. Dentro del coche pensé por qué se me fue la mayor oportunidad de mi vida, si por inseguro para intentar encararla, por vicio al beber de más y emborracharme o por mal acostumbrado de dejar las cosas para después y hacer cosas que no debía, o la combinación de todas las cosas juntas. Al ver que todo terminó y que me fui sin nada de lo que quise, mi depresión llegó al tope y me pregunté si ella en verdad significaba tanto para mi. Llegué a mi casa, entré y me acosté porque no estaba capacitado para nada más. En forma de gotas descargué toda la tristeza e impotencia por haberlo perdido todo.

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