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5 min
Vicisitudes
Varios |
31.07.10
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Sinopsis

Claude Soriannes tenía una casa de dos plantas con fachada victoriana, y un par de secretos. Una mañana de amplio espectro solar, salió a la calle con cien euros con la única intención de comprar la carne que haría a la parrilla al estilo argentino. Los otros sesenta euros eran para una botella de buen vino. Cerró la enorme puerta de su casa, con el doble cierre cotidiano, asegurándose de que nadie, que no fuera él, entrara, y emprendió su camino. Saludó al vecino, Roger Logan, un engreído ingeniero químico que en aquellos momentos regaba el jardín de su casa, con una genuina sonrisa de chico del mes. Pensó en ir con el coche, pero luego se decidió por pasear, disfrutando así del sol abrasador que freía bajo su manto, las aceras de hormigón. Durante el camino, pensó en los fichajes que estaba haciendo su equipo de futbol preferido, luego sacó el ipod, lo encendió y puso “algo para cantar”.

      Fue idílico aquel paseo de buena mañana, tanto, que en varias ocasiones sonrió sin motivo aparente. Entro en el supermercado habitual, saludó a la cajera habitual, introdujo un euro distinto, aunque aparentemente habitual, en un carro de la compra diferente, aunque visiblemente habitual, y compró. Escogió él mismo, la carne a su gusto, y luego gozó el pequeño paseo por el pasillo de licores. Babeo dejando resbalar sus ojos por los contornos de algunas botellas, y finalmente se decidió por un ribera del Duero, y un Chartreusse; lo cual hizo que le sobrara una abundante cantidad de dinero, que redujo invirtiéndolo en una revista de coches. Al pasar por caja, pensó “Zorra…”mientras con un majestuoso ensanchamiento de las comisuras labiales pretendía hacerse pasar por el tipo simpático habitual, ante la cajera habitual, que probablemente no pensó “Zorro…”. Volvió con las bolsas a casa, y mientras lo hacía pensó que debería haber ido en coche. Gotas pegajosas de sudor ardiente, recorrían sus brazos y su rostro de una forma desmesurada. Cuando llegó a casa, abrió la puerta principal, y dejó de forma serena, las bolsas del supermercado sobre el sofá. Ignoró los gritos desesperados que escapaban del sótano, y encendió la tele. Fórmula uno, vuelta de calentamiento.

      Abrió una bolsa de patatas y se dispuso a sentarse frente el televisor, cuando empezó a impacientarse por los gritos. Chasqueó la lengua, y negó con la cabeza. Cogió una sola patata, la situó entre ambas filas de dientes, y la mordió. La escuchó crujir, interrumpidamente por los gritos, y luego sintió en el paladar la reacción salada que dejaban aquellos pequeños trozos en su boca. Pero no consideró la sensación, completamente pura. Dejó la bolsa sobre la mesa, subió los dos primeros escalones, se colocó el mechón rubio en la parte derecha de la cabeza, frente al espejo del pasillo. Continuó hasta el final del mismo, abrió la puerta, y gesticuló de forma repulsiva al oír los gritos en primera fila.

-¡¡Cállate, maldita sea!!- los gritos cesaron unos segundos, y luego se transformaron en gimoteos que aleatoriamente empleaban fórmulas que buscaban la compasión y la reciprocidad emocional. –Estás empezando a cansarme, Sara…- dijo él arrugando las cejas. Poco después, arrugó también los labios, y comenzó también a gimotear.

-por favor…-decía una voz de mujer, desde el fondo del pozo, entre sonidos de ansiedad fingida.

-Yo también quiero ser libre, Sara…yo también.- dijo Claude mientras fingía llorar.

-Por favor…sólo quiero salir de aquí.- repitió ella. El se acercó justo al borde del pozo, y susurró:

-¿Me liberas?- Sara dejó de llorar, y lo miró con un brillo interrogante en las pupilas- ¿Me liberas, Sara? Si tú me liberas a mí, yo te libero a ti. – desde el fondo del pozo, Sara asintió.

-Vale, te liberaré. ¿Qué tengo que hacer?

-Sólo tienes que…darme…permiso.- susurró Claude al fondo del pozo.

-¿Permiso para qué?

-Para que me libere, Sara, ¿Para que va ser? Y una vez que me des permiso, y me liberes, yo te liberaré a ti.

-Si…- dijo ella esperanzada. – Te doy permiso.

Claude sonrió, y asintió. “Muy bien” murmuró, aquellas palabras rebotaron en las paredes del pozo como un mal augurio, mientras él, cogía algo del armario. Cuando volvió al pozo, de un movimiento fugaz, sacó un revolver del 38 y penetró de un solo balazo el cráneo de la sirena cautiva. Ël, había quedado liberado por fin, de su canto hipnótico. Tiró el revólver al fondo del pozo, y dejó escapar unas carcajadas.

-Gracías, Sara. No podía…soportar, tu voz angelical resonando en mis patológicos tímpanos.

Volvió al pasillo, se colocó de nuevo el mechón rubio de su flequillo al lado derecho de la cabeza, bajó dos escalones, y se sentó frente al televisor. Repitió el proceso inicial, empleado con la patata, y esta vez estrechó los ojos disfrutando los sonidos resonantes de la mutilación de la patata entre sus dientes, si, esta vez sí considero aquello, una sensación completamente pura. Luego, chasqueó la lengua, y compuso con su rostro un tono de preocupación y molestia. Pensó durante unos segundos, y se decidió a hacerlo, a levantarse del sofá, para introducir la botella de vino que había comprado, en el frigorífico.

Claude Soriannes tenía una casa de dos plantas con fachada victoriana, y un par de secretos, el primero era una circunstancia cerebral, el segundo ya te lo he dicho.
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  • "…ansiedad ¿fingida?" No entiendo. El tema y los detalles de aparente "normalidad" se ha hecho muchas veces ya en el cine. La ejecución es correcta. Quizá sería "bajó los dos primeros escalones" si estaba en el sótano? Convendría mejorar la puntuación.
    Me encantó.El comienzo.El final.El ritmo.Los detalles (el mechón rebelde fundamental en el cuadro clínico).Hasta su nombre me ha puesto nerviosa.
    Una magnífica pluma y un magistral relato, como nos tienes acotrumbados. Saludos
    Mi pensamiento tras leer la primera frase ha sido "esto empieza bien"... Pero he temido que el final me decepcionara. Justo después he pensado "coño, es Load, no me va a decepcionar" y así ha sido. Eres genial
    Sublime, cuando se ha sentado en el sofa la primera vez me has dado una idea para un texto, pero resulta que la idea era la misma, jajja asi que ya me has jodido la idea. Me han encantado la descripcion de las cosas. A veces me aburren las descripciones en los libros, pero en este caso he sentido el sudor en mis brazos, y el sabor de la patata, enhorabuena.
    ¡Olé! Qué ritmo y qué arte con el suspense. Un abrazo, z.
  • Un pequeño homenaje a mis autores favoritos :)

    Versión modificada para los "menos modernos", chris espero que me comentes que te parece, un abrazo :)

    Dar las gracias a None por su contribución al "orto" del relato: me pasa por usar palabras de léxicos exóticos. Y ya respondo tu duda también: este texto nació de la inspiración de un par de grandes películas sudamericanas, "Martin H" y "Lugares comunes", las partes tontas del texto, son culpa mía jaja. Un abrazo a todos, y gracias de nuevo.

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