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4 min
Vida.
Reflexiones |
30.03.15
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Sinopsis

Reflexión vital sobre la visión del mundo de un niño, ahora hombre llena de imaginación, color y rabia.

 

Yo le lloré al pecado que no pasara, que me dejara en paz y me aliviara; en contradicción me hayo y muero, en besos de regaliz, en lágrimas de caramelo.

            Antes de empezar me gustaría hacer un inciso en que todo lo que escribo y considero bueno no lo borro, aunque permanezca inconexo en el relato total, considero que si mente marchita lo ha colocado ahí, es por algo.

            Me cabrea, golpeo y me cabrea; siempre ando cabreado y es de impotencia. Me cabrea que penséis, que viváis y sintáis, me cabrea. Me llena la boca de rabia hasta casi dolerme, hasta pensar que soy perro y no dueño, hasta pensar que yo vivo y él muerto. Que en el espejo me ve y me siente, que en mirada negra me lleva por dentro, que ya no se agarra a la vida, que ya lo dejó hace tiempo. Y ustedes.

  • ¿Por qué se aferran a la vida?  [Dice gritando]

Contestaron ellos llenos de estupideces, de magia y monotonía, de alergias y tonterías. Insertaron pues el chip en cuerpo, la carne la hicieron dura y el corazón lo tiñeron de negro; que en vez de sangrar, chirriaron al no moverlo, que en vez de mirarse a los ojos esquivaron a tactos sin miedo. ¿Qué son ustedes sino robots? ¿Qué son ustedes sino eternos? ¿Qué son ustedes sin el tiempo?

            ¡No son nada! Burros, imbéciles, pesados y atravesados. Trae la purga y condénalos al pecado, que solo saben aferrarse a la vida hasta creyendo en dioses tergiversados. Que no son ustedes tan buenos ni yo tan malo, que ni yo sé tanto y ustedes vacíos quedaron. Más miro a los ojos al robot y lo veo muerto, lo veo gris y sin nada adentro. Afirmo, ¡Mamá, ese señor lleva ojos de muerto! Más ella no responde gris, ve que su hijo arcoíris perdió la fe en vivir y la mata.

            Pero que culpa tengo yo si no puedo creer, que culpa tengo yo si ya nací muerto. Clávame y mátame por dentro, sángrame de color negro; arrástrame como a vosotros hicieron, enséñame eso que vosotros decís el mundo nuevo. Igualdad, felicidad y recelo, donde al hombre se le perdona el acto severo; donde gozáis de la putrefacción del cuerpo. Ya por parar de miraros no os veo, y vosotros aun así queréis seguir teniéndolos, ya sea en este o en otro lugar, ya sea en este o en otro universo. ¿No veis que no sangráis? ¿No os conocéis ese color rojo que ni sangre aparenta? Y es por eso que os ciega el miedo, por querer seguir viviendo, porque no entendéis adentros porque lleváis marchito el cuerpo, porque os creísteis flor y no sois ni pétalo.

            ¿Por qué lloro? Si no os quiero, si no me queréis, si no traigo bueno, si deseo que os lleve el suspiro del viento, tiempo cógelos y remuévelos; hazles vomitar sus piezas, desmóntalos y déjalos inútiles deseo. Entonces, en el mundo de chatarra que me encuentro, os recojo a pedazos y pienso, que hasta en mundo sin color, piezas de pecado busco; piezas de desdicha encuentro, de incomprensión y miedo, de anhelo a la monotonía, de odio al tiempo. Ay lo humano que me quema por dentro, porque a mí me quema, a vosotros ni eso.

 

Puchas.

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    Noche de Miércoles, todo tranquilo como siempre, como siempre no; decidí declararme y no salió bien, eso sí fue como siempre. Decidí volver a escribir, hacía mucho tiempo que no lo hacía, decidí volver a conocerme.

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