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7 min
VIDA LÍQUIDA 1
Reales |
17.08.21
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Sinopsis

Un hombre común se casa con una convencional mujer, pero ésta le hace dar un insospechado vuelco en su vida. Esta es una historia basada en hechos reales; pero aviso para que no hayan confusiones que el protagonista de la misma no soy yo.

A una hora crepuscular de un día cualquiera a mediados de los aós 60 del siglo pasado, al salir de la escuela que estaba ubicada en el barrio industrial de Barcelona llamado Pueblo Nuevo que actualmente linda con la Villa Olímpica que era donde yo vivía, me dolía terriblemente la garganta a la vez que me sentía febril hasta el punto que mi entorno se me antojaba que había adquirido un aire irreal.

De manera que cuando llegué a mi casa y se lo notifiqué a mis progenitores, éstos al tomarme la temperatura con un termómetro pudieron comprobar que efectivamente estaba enfermo, por lo que enseguida me instaron a que me metiese en la cama.

Seguramente a muchos jóvenes les sorprenderá si les digo que en aquel lejano ayer cuando un sujeto caía enfermo por leve que fuera su indisposición éste la incubaba en el lecho durante una semana y algo más.

- Habrá que llamar al doctor Fullat para que venga a visitar a Guillermo - le dijo mi padre a mi madre.

- Claro - convino ella-. Llámalo ahora que estará en la Consulta.

Como es de imaginar aquella noche tuve sueños confusos a causa de la fiebre, y a la mañana siguiente entró mi madre a mi habitación para saber cómo me encontraba y también para anunciarme que el médico vendría a verme antes del medio día.

Mientras tanto Adela que era la criada de la casa, ya que en aquel entonces se estilaba que muchas familias de clase media por poco que pudiesen disponían de aquel servicio doméstico y eran unas chicas del medio rural que habían venido a servir a la capital de diferentes tierras de la Península Ibérica económicamente deprimidas; quienes por un módico sueldo con derecho a cama y comida se hospedaban en el mismo hogar en el que trabajaban hasta que se casaban; aunque algunas también se desviaban hacia el servicio público del sexo, ella, decía, a instancias de mi madre se dedicó a hacer "sábado" que consistía en limpiar a fondo el piso para que cuando llegase el médico viese un ambiente suficientemente saneado y aséptico en beneficio del paciente.

El doctor Fullat era un hombre cordial, aproximadamente de cincuenta y tantos años de edad, el cual sin más dilación procedió a auscultarme con su estetoscopio. Seguidamente pasó a mirarme la garganta con la ayuda de una cuchara sopera y una pequeña linterna dando lugar a que llegara a mi olfato la fuerte aroma de su Agua de Colonia que emanaba de su cabeza, mientras que por la ventana de la habitación se filtraba un rayo de sol dibujando un luminoso rectángulo en las pretendidas figuras persas bordadas en la colcha de mi cama.

Y en el transcurso de aquel reconocimiento percibí que mi familia en pleno - padres y abuelos maternos- se hallaban expectantes a los pies de la cama esperando el diagnóstico del doctor.

Aquello era todo un ritual puesto que a pesar de todo el médico seguía conservando la aureola de mago de la tribu en aquel caso urbana; era el "sabio" que se suponía que conocía los secretos de la naturaleza humana; la vida ajena estaba en sus manos y por tanto merecía toda la consideración del mundo.

Por otro lado si tanto mis padres como mis abuelos estaban en la habitación era porque en aquellos años los miembros de las familias todavía vivían muy dependientes los unos de los otros según el modelo tradicional.

-¡Nada, nada! Este chico tiene unas simples anginas que se solucionan con unas pocas inyecciones - dijo sonriente el facultativo.

Entonces todos los allí presentes suspiraron de alivio.

- ¿Y qué tal está su espoa? Hace unos días que no la veo en el Mercado - le preguntó mi madre distendida al doctor Fullat.

- Oh, mi mujer está muy bien... Gracias.Ya le diré que ha preguntado por ella.

-¿Y su hijo? Sabemos que siempre ha sido un buen estudiante.

- Sí. Ya lo creo. Muy pronto será sacerdote y podrá oficiar Misa. Será todo un ministro del Altísimo- respondió el doctor Fullat muy orgulloso dado que era un hombre profundamente religioso.

- Usted es médico del cuerpo, y su hijo lo será del alma. Una buena combinación - apostilló mi abuela que era una mujer un poco teatral.

El doctor hizo una risita de compromiso.

Aquel cálido ambiente familiar confería tal seguridad a la sociedad que nadie sospechaba lo que sucedería unos años más tarde.

Cuando dejé de ser un niño elegí la Carrera de ingeniero industrial, y al terminar mis estudios y empezar a trabajar en una importane empresa de mi ramo, un domingo por la tarde asistí a una Fiesta con baile que se celebraba en la Facultad de Filosofía y Letras de la ciudad y fue precisamente allí donde conocí a la mujer más hermosa que jamás había visto llamada María Teresa Rocafort.

Era una distinguida dama. de unos veintidos años; alta;morena y con unos ojos grandes de color gris, la cual tan pronto como le dirigí la palabra ella no vaciló en confraternizar conmigo con una inusitada simpatía, por lo que entre los dos se estableció un fuerte nexo de unión; de complicidad que propició que aquella Fiesta de la Facultad quedara relegada en un plano muy lejano de nuestra percepción personal.

Salí con ella varias veces y como era de esperar nos enamoramos apasionadamente y decidimos casarnos al cabo de unos meses.

María Teresa era la hija de una familia muy convencional de Pueblo Nuevo y había cursado sus estudios en un colegio de monjas en el que la habían educado para ser una buena esposa y madre de familia y al parecer ella se había adaptado a dicha educación sin ningún problema y posteriormente había hecho la Carrera de Filosofía y Letras. Pues la aparente estabilidad social de la época seguía tan plana sin fisura alguna como aquel día que caí enfermo de anginas y me visitó el doctor Fullat. Se diría que vivíamos en una burbuja que nos preservaba de cualquier influencia desestabilizadora del exterior.

La boda se celebró en la Catedral de Barcelona en un día soleado de primavera a la que asistió un buen número de invitados. Luego el banquete se hizo en un restaurante que estaba muy cerca de la montaña del Tibidabo, y a la hora del brindis como es habitual alguien clamó: "!Que se besen los novios... que se besen...!" Y naturalmente nos besamos llenos de gozo.

Mi madre en un momento determinado me susurró:

- Has hecho suerte de encontrar a esta buena chica.

"Buena chica" quería decir ser la hija de una familia muy ortodoxa con la moral imperante.

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  • Haces bien en avisar que no eres el protagonista, o ya empezamos a montar historias :-) Abrazo, Francesc
    Saludos Francesc, esperamos el desenlace de la nueva vida del protagonista, fuera de hogar materno, ya recién casado... ¿ Será un amor fugaz y frágil? como enseña Bauman en "El amor líquido"....
    Eres creativo y se ve que tocas muchos palos. Solo una observación que aprecio, no soy experto, te he visto hacer alguna reiteración innecesaria como : le tomó la temperatura con el termómetro por ejemplo.Me lo decian en varios cursos, no añade nada al relato,por ejemplo el termómetro viejo. Bueno prrdona por el rollo, no es mi estilo pero eso...Buen día.
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He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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