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11 min
Viviendo lo nuestro VIII (vs Gabrielle y Seren)
Fantasía |
21.09.19
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Sinopsis

- Vé hasta el fondo y tras la curva, la última casa a la derecha - me dirije - Métete en la entrada.

Aparco cerca de la puerta y entramos en la pequeña casa equipaje en mano. Dejamos todo en la entrada y Sara cierra la puerta.

Me dirijo al enorme ventanal que da acceso a la terraza posterior. Angy me sigue curiosa.

- Las vistas son espectaculares - alaba ella al detenerse junto a mí.

- Vaya con la madrina - le digo de espaldas - ¿la heredarás cuando palme?

La oigo reírse.

- No creo. Oíd nenes, no tengo ganas de cocinar y vosotros creo que tampoco. Me voy al Mercadona de la calle de detrás a comprar tres raciones de arroz al horno, pan y frutas. ¿Os va?

- Perfecto, te acompaño - se ofrece Ángela.

Yo me callo. Que acaben de conocerse un poco más. Así me pongo cómodo mientras y les preparo mi plan.

- Paul, en la nevera tienes Estrella Galicia, vino y vermut casero. Ahora volvemos.

Se lo agradezco con un guiño y media sonrisa.

Cuando se marchan me dedico a comprobar la equipación del loft. Un chaise longue para cinco comensales de espaldas a la entrada, cocina americana, una mesa transparentemente elegante custodiada por cuatro sillas de diseño actual, una gran pantalla de plasma en una pared, ah, y un equipo de música con entrada auxiliar. Irá genial para la banda sonora de mi sorpresa.

El baño es enorme, con una bañera de hidromasaje al fondo, taza y bidé. Un mueble blanco y azul, de finos motivos mediterráneos me da la bienvenida. Y la cama, es enorme, tal como dijo Sara, de dos metros por dos metros, más que apta para tres.

Le esconderé el dichoso saco a Angy. Abro mi bolsa para organizarme y luego, cuando regresen les prepararé un pica pica que he previsto meter dentro consistente en unas olivas, unas porciones de quesos variados y bolsa de chips.

No sé a que se debe la actitud de Ángela tonteando con Sara, pero quiero descubrir hasta donde quiere llegar. Es posible que sea un juego para conseguir mi atención, pero si no lo es o si no es capaz de disfrutarlo... No me gustaría dañar su integridad. He sido un gilipollas, muy ciego para no ver lo que me estaba pidiendo tiempo atrás, metiendo el dedo en la llaga contando mis aventuras. No caí en la cuenta de que es mujer, por cierto muy apetecible ahora que lo pienso. En fin, espero poder solucionar eso con ella en éste par de días que estaremos juntos. Aunque quizás no sea el mejor momento. A parte tengo que aclarar lo mio con Sara. Me pierdo con ella, es tan impulsiva...

Y falta también ponernos con el trabajo. El motivo, o mejor dicho, la excusa por la cual nos hemos reunido en éste apartado rincón de la costa. Me estoy estresando. No sé si tendemos tiempo para todo.

Conecto el cable de audio al equipo y pongo algo de música de la biblioteca de mi móvil para caldear el ambiente mientras espero que regresen. Abro la nevera y me sirvo una gallega bien fría, a morro.

Ha pasado una media hora y oigo meter las llaves en la cerradura de la puerta pero tras unos segundos, nadie entra. Es extraño.

Apago la música y me quedo de pie escuchando. No sé que debo escuchar. De pronto Sara grita el nombre de Ángela. Me sobresalta y salgo disparado a abrir la puerta para ver que ocurre. Mientras la abro, un segundo grito en menor volumen. Me encuentro a Sara de espaldas y las bolsas de la compra a sus pies. Le pregunto.

- ¿Qué ha pasado? ¿Y Ángela?

Veo su silueta a lo lejos dirigirse hacia la playa como alma que persigue el diablo. En un impulso salgo para ir tras ella pero Sara me detiene por el brazo.

- Paul, no. Dejalá. Necesita estar sola un rato.

No entiendo nada.

- ¿Y eso?

- Anda, ayudame a meter la compra dentro y te lo explico.

Dudo entre lo que mi instinto me pide y lo que ella me sugiere.

- Hazme caso, estará bien - insiste.

Al final acepto su petición. La ayudo con las bolsas y deja la puerta sin cerrar del todo. Supongo que entre mujeres se entienden aunque no las tengo todas.

- La que estoy mal soy yo.

Vaya, lo que faltaba. ¿Y ahora que tiene ésta?

- ¿Por?

- He dormido fatal esta noche - me sorprende con semejante respuesta - me duele la espalda. No quería deciros nada para no preocuparos pero he estado a punto de anular el fin de semana.

- Me has asustado. Pensaba que era algo peor - me alivio dejando la compra sobre la encimera - Con eso te puedo ayudar - le digo complaciente.

- Pues te lo agradecería.

- Claro encanto. Menos mal que traigo mi neceser de primeros auxilios - cojo mi bolsa de deporte y lo saco para enseñárselo - Pero primero dejame que llame a Ángela.

- ¿Qué llevas ahí?

- Un poco de todo - le describo recordando - chubasqueros para el pito, anillo vibrador, bolas chinas, gel íntimo, esposas, un tanga de piel de leopardo... ah y lo más importante, ungüento sanador de espaldas.

- Eres un cabronazo - bromea y se muerde el labio inferior.

Angy no me contesta. Cuelgo y luego veo que llega un mensaje en el que me dice que está bien. Guardo el móvil, algo más tranquilo.

- Lo sé. Anda ven que te voy a arreglar. Quítate la ropa y vamos al sofá.

- Voy a por una toalla del armario primero, y ahora te lo explico.

Nos preparamos para la sesión de terapia manual y habilitamos el chaise longue. Ella desnuda sobre la toalla y yo a pelo de cintura para arriba para no mancharme. Como entre Ángy y nos vea así, se liará.

- Ángela me ha soltado un buen besazo antes de entrar - dice al comenzar el masaje con mis manos pringadas en la crema.

- Te refieres a besazo... besazo.

- En toda regla - dice medio quejándose.

- ¿Y a cuento de qué?- continúo incidiendo mis dedos sobre su zona contracturada.

Realmente le tiene que molestar. Creo que podré aliviarla. A ver... sí, aquí está. Ya eres mio. Recuerdo que eso mismo le dijo Jessica a mi hermano siamés. Vale, concéntrate Paul que te vas. Es que tener a Sara así, a tIro de nuevo...con éste culazo.

- Pues yo diría que tiene que ver contigo y a tu relación conmigo.

- Está celosa entonces.

- Sí no lo habéis hablado entre vosotros todavía...

- Pues no.

- Con razón. ¿Pero a ti te gusta Angy? - gira la cabeza hacia mí.

- Digamos que me ha empezado a gustar, aunque no sé si llego tarde.

- ¿Te pone más que yo? - pregunta ladina.

Paro mis manos para intercalar una carcajada.

- No puedo compararos, lo sabes. Espera, espera...

Le arranco otro gemido pero no de placer. La tengo que hacer sufrir un poquito para darle un final feliz a sus lumbares. Un pensamiento abstracto me sobreviene y lo suelto sin pensar.

- ¿A ti te pone Ángela, Sara? - le pregunto en voz baja.

- Yo ya la he probado. No besa mal, y está libre.

- Ahora te capto - me confirma - No dejas de sorprenderme chica. Aunque me parece que ella es más hetero.

- Las mujeres siempre te vamos a sorprender Paul, me lo acabas de decir. Ha empezado a experimentar conmigo. Lo que hagas me tiene sin cuidado, eres un tío, y los tíos sois muy previsibles y frágiles.

Joder con Sara. Se avecina una tormenta por lo que veo.

- Entonces... El trabajo literario y el fin de semana aqui ha sido una excusa - intento sonsacarle mientras finalizo la sesión terapéutica.

- Esa cuestión te la dejo a tu parecer. Todo depende.

- Entiendo. Bueno...ya casi estoy.

- Por mi puedes seguir un poco más - me sugiere la muy bandida. Me divierte su desfachatez.

Lo que no me está dejando claro es si pretende hacer un trío o solo va a la conquista de mi Angy. Ya lo veré.

Alguien abre entonces la puerta. Es Ángela que entra, cierra y va a la cocina y se prepara un vaso de agua. Nos ve en el sofá tal y como estamos. Nos quedamos quietos. Posa el vaso en la piedra plana y pulida y sin argumentar palabra encamina sus pasos al baño. Su expresión me dice que la he vuelto a cagar con la escena. Cierra la puerta por dentro.

- Disculpa - le digo a Sara.

Me levanto y me limpio las manos en el borde colgante de la toalla. Pico con los nudillos en la madera lisa y la voz de Angy me da permiso. Me cuelo en el baño y vuelvo a encajar la hoja en el marco.Tiene la mirada perdida en el suelo.

- Angy - me acerco lentamente - Sara me lo ha contado...

Mi tierna mano en su barbilla, alzando sus tristes ojos que me encienden al fijarse en los míos.

- No vuelvas a hacer eso - la reprendo.

Acto seguido la estrecho entre mis brazos, sobre la piel de mi torso cálido y la ciño a mi cuerpo. Quiero hacerle entender que la necesito.

- No Paul. No lo haré.

Mis manos surcan su espalda hasta atracar en su cintura, me dispongo a ofrecerle mis labios para entregarle ese beso que anteriormente ya tenía que haber hecho suyo, pero la voz de Sara al otro lado de la puerta nos sobresalta rompiendo el silencio y la magia inesperada del momento.

- ¿Estás bien Ángela?

Sonreímos cómplices sin dejar de mirarnos.

- Si, tranquila . Ahora salgo - contesta con melodía en su voz.

- No vas a salir de aquí sin que te bese, preciosa mía - le prometo misitando.

Nuestras bocas se abalanzan a un tiempo, los labios se unen, se abren y cierran, los párpados caen y la noche se hace, el corazón se desboca y nuestros cuerpos bailan. Su mano enredada en mi pelo, mis dedos en el latente cuello de ella, glotona de mi lengua, ansiosa de mis caricias. Estalla mi deseo por fin, por toda su correspondencia.

Luego la calma. Nos separamos para recuperar el aliento.

Sería una gilipollez extraordinaria preguntarle ahora a quién le gusta más besar.

- ¿Qué hacías con Sara en el sofá? ¿Os habéis acostado? - me pregunta interesada.

- Si lo hubiera hecho no estaría aquí dentro contigo. Me ha pedido una sesión de terapia para su espalda.

- ¡Vaya!

- Tenemos una sesión pendiente a solas. Prometido Angy - le auguro.

Volvemos a mirarnos y hallo reflejos de éxtasis en sus hechizantes pupilas. No hay arrepentimiento alguno. Le doy la vez para salir del baño, ambos de la mano. Sara nos espera de pie, con la toalla beige anudada por encima de sus pechos.

- Sara, quiero disculparme contigo por mi atrevimiento - le dice soltando mi mano y acercándose a ella.

- No tienes porqué, querida - le quita importancia - Estás cosas pasan y punto. Ya le he dicho a Paul que ha sido agradable. No descartes repetirlo si te apetece.

- Bueno, todo aclarado - intervengo - ¿Os apetece un pica pica? Se me ha abierto el apetito. Acompañarme a la cocina, lo tengo medio preparado.

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