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7 min
VIVIENDO LO NUESTRO XII (vs Gabrielle y Gamusino)
Amor |
26.11.19
  • 4
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Sinopsis

 

 

—La has encontrado, Sara! —dice Paul como excusa, con una sonrisa. —La he traído por si nos entraba el sueño. También tengo Cincuenta Sombras de Grey.

 

Ambas nos miramos y sonreímos.

 

—Ven, siéntate, gamberro, —increpa Sara.

 

Antes de sentarse pregunta si queremos cerveza, yo le pido un sorbo de la suya. Va a la nevera y se trae una, que reparte a sorbos después de echarse un buen trago al gaznate.

 

Estamos los tres sentados en el sofá. Paul abre el archivo con el esquema hecho por Sara. Pido verlo y comienzo a leer, pero mi cabeza continúa arriba, en el baño, en el extraño comportamiento de mi amigo.

 

Sara coge el portátil y empieza a teclear con una sonrisa de oreja a oreja. Extrañados por su marcha, nos asomamos a la pantalla del portátil. No es una continuación, ni son los mismos personajes...

 

—Sara, ¿estás escribiendo lo que creo que estás escribiendo? —digo sonrojándome hasta las orejas. 

 

Dirige su mirada a mis piernas, levanta mi camiseta y deja al descubierto la zona más erógena de mi cuerpo.

 

—Si Ángela. Escribo lo que más desearía en estos momentos.

 

—Joder —exclama Paul, sorprendido.

 

—Sigue, —la insto —quiero saber.

 

 

Y nos sumergimos en las palabras escritas por Sara. Revive el día caótico que los tres hemos trenzado, tres personas, unidas unas por la amistad, Angy y Paul, otras por el deseo, Sara y Paul, y el descubrimiento de la pasión a tres bandas, juntos y por separado.

 

"...Sara descubre su bisexualidad ante sus nuevos amigos y fantasea con la joven, que inexplicablemente se siente atraída hacia ella y las dos chicas se envuelven oníricamente en unas embravecidas olas de insatisfacción sexual y de obsesas e innombrables fantasías. Sara es más decidida, con un papel claramente dominante. Ángela, una muchacha muy tímida, mucho más pasiva, se debate en un conflicto moral entre lo que desea y lo que estaría dispuesta a hacer sin que le remordiera la conciencia. Han tenido un conato de sexo duro, apenas una mínima muestra, lo suficiente para encender su líbido más escondida y oculta, que saltará por los aires al despertar ambas y la incredulidad de lo que ve dará paso a su lujuria más extrema: Sara posee un monstruoso miembro donde antes tenía su clítoris, una verga erecta y potente que obnubila a Ángela, ebria de deseo.

Paul duerme, Sara se tiende sobre Ángela mezclando calor de hembras enceladas y sudores y ésta se le ofrece diciendo: —soy tuya... "

 

 

Enmudezco.

 

La Sara real se gira hacia mi.

 

—Si os parece muy fuerte lo dejamos.

 

Paul silba... 

 

—¿Qué dices Angy?

 

—¿Como piensas continuar?—contesto con extraña serenidad, mis ojos brillantes de deseo. Sara mira sin disimulo mi entrepierna.

 

—Pues... no estoy muy segura— contesta— pero... a ver... colaboración. Paul, cual sería para ti un acto de posesión?

 

Duda, y apoya el mentón en su mano.

 

—No sé... atarla?

 

—Un buen comienzo, pero insuficiente. ¿Angy?

 

Un pequeño movimiento muestra un par de centímetros más de mi abdomen. Mi ombligo ya está a la vista. Sé que es uno de los fetiches de Sara.

 

—Dímelo tú —le reclamo en un duelo de miradas.

 

Creo que no va a andarse con rodeos. Pero, ¿y Paul?

"Ebria de deseo"... mi mente me dice que algo no me cuadra. ¿Porqué pienso en él si es ella la que está frente a mi provocándome?

 

—¿Qué has deseado hacer o que te hagan, sexualmente hablando, y no te has atrevido a pedir, y a lo que no podrías negarte aunque quisieras? —continúa sin darme tregua alguna.

 

Silencio. Pienso a gran velocidad, se atropellan las imágenes. ¿Cómo se inició este sentimiento hacia Sara?... A quién estoy engañando? A mi. A mi misma. Y lo veo claro.

 

—¿Vas a contestar Ángela?

 

Por fin sé porqué me siento atraída por Sara. Lo ha plasmado muy bien en ese borrador del que sobra ese fantasioso pene. El lado oscuro que nunca he conocido ni explorado me lleva irremediablemente hacia ella.

 

El lado oscuro... ¿puro deseo, o fantasía? En todo caso presiento que no puedo seguir por ahí. Todo necesita un tiempo, pero por lo visto no lo tengo. 

 

Me siento presionada. Con Sara hubiera podido encontrar sinceridad, entrega, confianza, empatía... y pasión, pasión desbordada... pero esa exigencia... Así, no. 

Paul sigue ahí, pero parece en shock. Sigue nuestra conversación, pienso que su cabeza también estará funcionando a mil... o quizá no, en todo caso, no reacciona.

Le miro suplicando un cable pero no hay respuesta.

 

Me enfurece no poder contestar. 

Me enfurece que en quién había depositado mi confianza no mueva un dedo para mediar por lo que parecía importarle. 

Me enfurece que una sencilla y sincera entrega se haya convertido en una complicación.

Entro en un bloqueo que no me permite continuar con mi razonamiento. 

Me miro y me veo semidesnuda, entre dos personas, una, prácticamente desconocida, el otro, el que me había hecho ilusionarme, y acaba de pasar de mi. Ninguno de los dos ha resultado como esperaba. Avergonzada y furiosa abandono el salón, estirando la camiseta lo más abajo posible.

En la terraza el ambiente fresco de la brisa marina me serena un poco. El alcohol por fin se ha evaporado y el Beso del Dragón ha perdido ya su efecto.

Y decido que no quiero nada con ninguno de los dos. No puedo coger de cada uno una parte y juntarlas, así que elijo no elegir a nadie.

 

Vuelvo a entrar y sin mediar palabra le arrebato el portátil a Sara.

 

—Voy con mi parte. Os agradeceré que para cuando la termine ya os hayáis retirado a vuestro cuarto. Yo dormiré en el saco aquí. Buenas noches.

 

En la terraza, con el inmenso cielo tachonado de estrellas, cigarrillo en mano y una cola light que a medias quedó ahí, me dispongo a continuar con mi colaboración. La inspiración entra en mí junto con la comprensión de la realidad. ¿No querías poseer a Ángela? Pues aquí la tienes:

 

"... Ángela despierta con sensación de plenitud, recuerda el sueño con claras imágenes, deseando íntimamente que Sara se acerque a su lado. Y la siente. No la imagina, está ahí. La siente deslizarse sobre ella, siente el tacto de sus manos acariciando su piel desnuda, sus dedos jugando con sus pechos recién despertados, la boca juguetona perdiéndose en su cuello, estremeciéndola, provocándola con más caricias de las que podía soportar y las palabras se le escapan en un suspiro: 

—Sara... soy tuya, haz conmigo lo que desees. Fundidas en un beso inacabable, sus piernas rozándose sus sexos húmedos, las manos recorriéndolos mutuamente con caricias suaves, para Ángela una sensación desconocidamente placentera, para Sara, una afirmación de su deseo; comparten su esencia, disfrutan de sus cuerpos y el placer las cubre con una pátina de sensaciones indescriptibles... hasta que caen rendidas por su propio goce, sus pieles exudando aroma a sexo satisfecho. Sara besa sus ojos cerrados, sus mejillas, sus labios, adorando ese rostro...

—Buenos días... —escuchan, sin entender quién... ¡Paul!

—Queridas... ha sido el mejor despertar de mi vida. "

 

 

Guardo la redacción, cierro el portátil y me dispongo a recoger mi saco de dormir. 

 

 

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