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Reflexiones |
17.09.20
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Sinopsis

Rectificó y se dio cuenta de que aquello que tanto anhelaba ya no existía y que no le quedaba nada familiar en el lugar que la vio crecer.

Alicia se sintió lejos de casa, de las luces de la ciudad y el sonido constante de tráfico y personas caminando frenéticamente de una dirección a otra. No es que hubiera prestado nunca demasiada atención a aquellos detalles. Su madre solía regañarla por llevar siempre los auriculares en los oídos a un volumen poco saludable para sus tímpanos.

Pero hasta ese momento en el que se sentía más sola que nunca, no había reparado en lo que amaba la banda sonora de la gran urbe. Allí, los coches que recorrían las carreteras eran contados, los patines eléctricos una leyenda y tampoco podía pedir que le llevasen la cena a casa si se le antojaban tallarines a las 11 de la noche.

El aire era algo puro, cuando no tenía un cigarro entre los labios. Y en aquella pureza Alicia sintió que se ahogaba, de la misma manera irónica que si un pez muriese por exceso de agua. El aire era además cambiante y si por la mañana se podía freír un huevo en el asfalto, por la noche enfriaba y había que echar mano de una sudadera.

Pero Alicia rectificó y se dio cuenta de que aquello que tanto anhelaba ya no existía y que no le quedaba nada familiar en el lugar que la vio crecer. Porque ella la había traicionado, porque él la había engañado, porque su abuela no volvería nunca más. También entendió que, si bien su pasado se había caído a pedazos, sus espectativas de un futuro incierto le restaban razones para volver.

Entonces una pregunta surcó su mente precipitada pero muy claramente.

¿Y si no volviese nunca?

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