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Históricos |
25.04.14
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Sinopsis

Era un día de lluvía, como lo son muchos días en Londres, y feliz de volver a pisar esa miserable acera, no le importó dejar el paraguas en el coche mientras se plantaba ante el número 7 de esa callejuela que olía a flores y a pan recién horneado.

Cruzó el umbral, y la pequeña entrada seguía siendo fría y luminosa, pero ahora, las altas paredes blancas estaban llenas de manchas de humendad y cubiertas por una fina capa de polvo y suciedad.  

Fue subiendo poco a poco los peldaños de la ancha escalera, y al llegar a su rellano, cansada, se sentó. Observó esa puerta de madera maciza, el pomo en forma de flor, y no pudo evitar que se le escapasen dos míseras lágrimas, volviendo a ese ajetreado viernes de 1948.

El día amenció frío y lluvioso, y el pequeño salón de casa estaba atestado de señoras rechonchas que olían a ron y a perfume caro. Sus labios estaban pintados de rojo carmín, y sus manos resguardadas por unos finos guantes de piel negra. Ella, diminuta, iba sirviéndoles tazas de té blanco y galletas de mantequilla horneadas esa misma mañana, disfrutando en silencio de ese lujoso circo que se reunía cada viernes a las cuatro en su pequeña y rota casa a orillas del Támesis.

Elegantes abrigos de bisón descansaban encima de unas insignificantes sillas de madera que su abuela había heredado de algún pariente lejano, y el perchero, nunca había estado tan lleno de sombreros. Se acercaba la Navidad y ninguna de esas importantes señoras que estaba ahora tomando el té en su salón podía permitirse el lujo de dejarse ver con un vestido pasado de moda.

Afortunadamente, tres años atrás había finalizado la Guerra, y para muchas de esas mujeres, los años de austeridad y de tristeza habían llegado a su fin. Los colores, los estampados, la seda, el lujo y las fiestas hasta el amanecer repletas de alcohol habían vuelto, y su abuela, era la encargada de vestir a esas mujeres deseosas de ser admiradas por los nobles maridos de sus amigas.

Pero en su casa, esa misma que cada viernes se convertia en lo más similiar a un castillo de reinas y princesas, reinaban aún el hambre y el frió. Su abuelo apenas podía ponerse en pie y su madre, esa delicada mujer de tez blanca, había fallecido años atrás.

Un fuerte trueno la devolvió a la realidad, y se decidió a abrir esa puerta que tantos recuerdos e historias guardaba en su interior. 

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Escritora. Urbanita con alma mediterránea. Coleccionista de momentos.

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