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4 min
Wifi mental
Ciencia Ficción |
27.02.15
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Sinopsis

Relato apocalíptico con tintes tecnológicos.

Sé que estás ahí. La vida evoluciona trepidante y no existen palabras que podamos intercambiar. Tan solo una imagen. Tu rostro congelado e inmutable. El parpadeo te delata, sé que puedes escuchar mi corazón cuando te abrazo sentado en tu silla, mientras sostienes solapada perpetua, sobre tus rodillas, la mantita roja que te tejió la abuela; como las de antaño.

Es posible que el mundo se acabe y comience de nuevo; sí es así, espero que cuenten conmigo para solucionar la injusticia divina. Ahora que a través del agujero temporal se ha demostrado que Dios es una invención sublime y lejana. No hay esperanza a la que aferrarnos, tantos fieles desgarrados, ahora; obcecados intolerantes. El transcurso del tiempo demostraría que el poder del hombre sería el único en la tierra, y así ha sido, no me equivocaba, ya lo anunciaba en mis crónicas que defendían como deleznables. Ahora sostengo la pistola que nos fulminará el sufrimiento, nos fusionaremos en el aire y el respiradero nos empujará al exterior, para que terminemos vagando en cualquier parte cubriendo la naturaleza artificial, justo antes de que acabe todo definitivamente.

El sudor recorre mis sienes. Jamás pensé que alimentado diariamente por la desidia humana, pudiera reaccionar teniendo miedo y que mis manos tiemblen con tanta evidencia. Espero poder conectar la máquina correctamente e introducir los códigos sin problemas. Pero antes, encenderé el equipo de música que te regalamos de niño y que nunca pudiste usar. Tomaré asiento frente a ti, respiraré profundo y sostenido cuando escuchemos a Pavarotti y el nessun dorma. No hay mejor despedida, ahora que no están tu madre y tu hermana. ¿No crees?

Las agujas del reloj impulsan a borbotones por el desagüe, los últimos suspiros de vida. La gran estrella anaranjada ya no late y el día se ha convertido en noche. Ojalá hubieras podido presenciar cientos de atardeceres en el exterior, y percibido en tu rostro, como el calor tibio del ocaso en cualquier fecha estival se desvanecía irremediablemente. Lo siento, no quiero describir antiguas realidades como ciencia ficción para que sufras en tu eterno silencio, ahora que aún estás despierto.

La sangre comienza a drenarse en la tierra, la fuerza de la desesperación debe estar haciéndose patente. Ya no hay sentimientos que emanar, y escasos cuerpos a los que abrazar. La luz va y viene, encenderé el generador lo antes posible. La humedad roja traspasa los muros de ladrillo gris, y tengo una sonrisa gélida en mi rostro que debilita mi lucidez, no puedo perderme en la complacencia del trabajo bien hecho.

Hijo, tranquilo, solo tienes que mirarme. La distancia es escasa, seguro que funciona.

Abro el segundo cajón, al que nadie podía acceder excepto yo, pulso el interruptor azul del mando a distancia, y a continuación introduzco los parámetros adecuados. Los caracteres aparecen con normalidad y la potencia de la máquina parece correcta Compruebo que la mini placa de tu cuello no se ha movido ni un ápice; espero que no exista el dolor. Ahora compruebo la mía. Todo perfecto. Espléndido. Ahora subo el volumen del equipo de música para que nos reconforte. Llevo mi mano hacia la tuya; entre los dos, accionaremos la única posibilidad que hasta ahora ha existido para poder comunicarnos, y de esta manera hubiera podido entender el funcionamiento de un cuerpo y una mente, la tuya, tan frágil como misteriosa. Lo estoy deseando. Solo de pensar en tus primeras palabras se acelera aún más mis constantes vitales.

Entonces un silencio desconocido recorrió la sala, cuando la música cedió de repente y un enorme quejido humano hizo que las ventanas del sótano soñoliento y mal oliente se resquebrajaran, sin llegar a romperse del todo. Habló el pensamiento humano a través de los altavoces inalámbricos, como con voz de ultratumba:

-¡¡Papá eres un maldito lunático. Estoy deseando que termines con mi vida, antes de que el mundo se deshaga, no te soporto ni un segundo más!!

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Escritor aficionado. Sin disponer de mucho tiempo intentó leer, y escribir sin reprocharme el que perdí en su día. "Nunca podrán profanar tus ideas y tus pensamientos, mantener limpia la conciencia es vital para un alma transparente"

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