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3 min
Yo, conmigo mismo, y mi soledad
Reflexiones |
15.12.13
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Sinopsis

Muchas veces no sabemos cuando es hora de parar, cuando hemos llegado al limite, pero nuestro cuerpo se encarga de ello y en este caso, el mensaje fue claro y aprovechó la oportunidad que le dio la vida.

Que a gusto se estaba en aquella cocina; levantó la cabeza para admirarla una vez más; los pocos armarios de madera, los azulejos envejecidos y colocados en forma romboide, una ventana por la que siempre entraba el sol y que la llenaba de vida, y desde la que se veía el mar, que le daba la vida a él, la cocina de leña, que todo hay que decirlo, era la envidia de los vecinos, ya casi no quedaban en el pueblo y la comida no sabía igual en las modernas de ahora.

Volvió la vista hacia sus manos que rodeaban un taza de café con leche humeante, uno de sus vicios confesables; y se quedó pensando, y sonrió, y escuchó atentamente para ver que captaban sus oídos; bien..., muy bien..., ¡nada!, no se escuchaba nada, y eso era perfecto, así le gustaba vivir, esa era su vida desde hacía unos años.

Él sabía que era motivo de cuchicheos y cotilleos entre los vecinos, cada vez que paseaba por la calle, por la playa..., la gente lo saludaba cortésmente, como a un vecino mas, pero en cuanto pasaba de lejos, hablaban de él; además, últimamente, ya no se escondían y, se lo comentaban. ¿Que, porque estaba tan solo?, que debería buscarse a alguien, ¿que porque tanto misterio con su vida?, en fin, preguntas a las que no tenía ninguna intención de responder, no quería dar a nadie mucha más confianza, que la de unos simples vecinos.

Su vida anterior, no le incumbía a nadie; era un alto ejecutivo de una empresa de publicidad en la gran ciudad. Si el día tiene 24 horas, él trabajaba 25, y dentro de esas jornadas de trabajo, estaban las partidas de tenis, pádel, golf; comidas con clientes, almuerzos, las cenas de gala, fiestas, cócteles..., etc., la mayoría de las veces, terminaba esos eventos con alguna chica en su apartamento, dormía 2 o 3 horas, los domingos, casi ni descansaba porque siempre tenía algún compromiso; eso sí, ganaba mucho dinero, pero solo le servía para tener una vida llena de comodidades, no disfrutaba de él.

Hasta que llego aquel día nefasto, jugando un partido de tenis con unos clientes, su cuerpo dijo basta; comenzó a sentirse mal, lo último que recordaba es que comenzó a ver puntitos y se despertó un meses después en el hospital. Los médicos le explicaron que había sufrido un colapso debido al cansancio acumulado y que era recomendable que se internara en una clínica de reposo, y así lo hizo, estuvo un año en el que tuvo tiempo de sobra para pensar.

Cuando salió de la clínica, llamó a su contable para informarse del estado de sus cuentas; tenía dinero para vivir cómodamente toda su vida, escribió su carta de renuncia a su puesto en la empresa y sin pensar, se dirigió hacia la costa en su descapotable. Viviría en el primer pueblo pequeño y tranquilo que encontrara a su paso.

 Y allí estaba, sentado en su cocina, sin ruidos, sin gente..., y feliz.

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  • Gracias Jose Manuel, tienes razon, las cosas no son tan sencillas..., a veces, o si?. Un saludo.
    Me gusta la ilación de los argumentos, que van fluidos y sin forzar. Por otra parte considero al protagonista un hombre afortunado, porque pudo parar a tiempo y porque pudo hacerlo, y además muy bonitamente. Saludos.
    Gracias Roberto por leerme y comentar. Y si, yo creo que a la mayoria muchas veces nos gustaria poder vivir esa vida, Un saludo
    Me he identificado con el protagonista. Yo también he considerado que el ideal más bello de mi vida sería vivir mi existencia como lo describes en la frase final: sin ruidos, sin gente..., y feliz.
  • Amor, sufrimiento, drama, soledad, deseo...Son palabras con significados tan distintos, y la mayoría de veces..., tienen tanto en común. Aquí os dejo un relato en el que podríamos recogerlas todas.

    A veces, en la vida cotidiana, no valoramos las pequeñas cosas, los pequeños momentos ... Esta historia habla de una señora anciana en una residencia, y de un día que no comenzaba bien y se arreglo con uno de esos pequeños momentos.

    Todos los días vemos en las noticias gente que pasa horas esperando el concierto de sus ídolos, que lloran si consiguen un autógrafo de alguien famoso y no apreciamos a los que tenemos alrededor, personas que no son famosas pero que son verdaderos héroes, eso si, sin capa ni antifaz.

    ¿Los sueños se hacen realidad?, yo creo firmemente que si y algo así, como lo que cuenta este relato, es posible. Así que, no dejéis de soñar y no dejéis de luchar por vuestros sueños.

    Es un relato ficticio, totalmente inventado pero dadas las circunstancias y la situación en la que vivimos, el protagonista de esta historia... "Podía ser cualquiera"

    ¿Quien no ha soñado con el beso de su príncipe azul?, ese que llegue montado en un caballo blanco y nos rescate de la torre mas alta. Pues, esta historia es asi, pero en los tiempos que vivimos. Como un beso, puede darnos la vida y la felicidad que estabamos esperando.

    Muchas veces no sabemos cuando es hora de parar, cuando hemos llegado al limite, pero nuestro cuerpo se encarga de ello y en este caso, el mensaje fue claro y aprovechó la oportunidad que le dio la vida.

    Hay situaciones en la vida, en las que no sabes donde meterte, te gustaría que te tragara la tierra y que nadie te reconociera...., pero por muy lejos que te escondas...., no es posible.

    Un relato sorprendente, lleno de angustia, intriga y un desenlace inesperado.

    Historia de amor, muchas veces merece la pena esperar para disfrutar de algo muy deseado. El deseo se multiplica, y la recompensa es tocar el cielo con las manos.

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Tengo 38 años,casada y con dos hijos. Amo la música, leer, pasear, viajar y todo lo que sea divertido.

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