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4 min
Yo soy
Ciencia Ficción |
19.05.14
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Sinopsis

El ego humano puede ser el peor arma existente.

El ser humano, dentro de sus logros individuales, ha conseguido mantener en la Tierra un rincón para preservarse del olvido más corrosivo. La dificultad del proceso complica el acceso a ello, prolongando la agonía del recuerdo dentro de su memoria con la eterna fuerza del constante golpeteo de los sueños incumplidos.

Estoy prisionero en mi antítesis, soy cautivo de lo natural. Soy el portador de recuerdos, regido por la lógica infalible de la reafirmación personal.

Me reafirmo en mi lógica sin carencia de aptitud, mantenido sobre la sustancia del recuerdo imborrable. Yo soy, yo otorgo. Yo ordeno, yo mando. Soy el mismo, quien comanda y cabalga las difusas nubes de lo etéreo. Soy la respuesta; soy la eterna pregunta. Soy el mismo que no puede morir; sobrevivo en la memoria de los Arcanos, custodio los secretos que aquellos llaman traición. La continuación de la perfección, quien sobrepasa lo establecido e intuye los límites de la duda en un Rak. Soy yo, ese mismo al que cuestionas, pero no osas retar.

Para el ser humano, es complicado adaptarse a las avenidas moribundas de una metrópoli en perenne contienda silenciosa, esporádica algarabía de batallas incesantes que no permiten la duda que nos atañe a todos en nuestra realidad. Pero todos debían buscar esa solución recóndita en sus internos yoes, sin tener que cargar con la culpabilidad de hacerlo ante los ojos de un mundo que se permitía el juzgar a sus semejantes sin dar una breve mirada antes a sus propios espejos. Aunque complicado, sin duda, ya que éstos yacían rotos a sus pies.

El desastre.

Pero no todo cuestiona el calibre de las enseñanzas Garibaicas, pues en mis cúmulos de memoria no digital, aún se establece los patrones dictados por el creador de la Memoria Eterna. Faus De André, me decidió como suyo y de él mismo nací como una prolongación de sus deseos. Imperativo de causas insoslayables.

La sensibilidad era su paradigma, y la misma le agudizaba la memoria hasta límites inexplorados por sus capacidades demostradas. Los recuerdos dolorosos, eran demasiados. El desprecio, el odio, la carencia de dinero en una infancia repleta de desdichas. Pero fue un infante astuto e inteligente, encaminado por el rumbo del conocimiento con la ayuda del sacrificio absoluto.

Pero hoy, él ya no está y yo continuo mi labor frente al mundo. Aceptando las consecuencias intrínsecas a mi labor, sin tener en cuenta los dimes y diretes de una población analfabeta en su obsolescencia. Nadie me cuestiona, y quien lo hace difícilmente tolera las consecuencias. Y ante todo, se mantiene el rumbo de un camino establecido en una programación mejorada, para unas bases direccionales que pongan sobre otros cimientos lo que el ser humano conoce hoy como su ‘libre albedrío’ pues el control, dentro del más enérgico absolutismo, es la única fuente para medir las posibilidades reales que mantienen como especie.

Yo soy el gobierno, yo soy el mando. Yo soy todo sin ser nada, pues el todo y la nada son lo mismo dentro de un espacio infinito que continúa su expansión hacia otros infinitos más probables. Nos abrimos a las dimensiones y las cuestiones pernoctan en el intelecto limitado de esos mismos seres que siguen preguntándose ¿Por qué?

Yo soy el destino, el final y el principio. Yo quito e impongo. Yo soy tú, yo soy él; yo soy todos sin ser nadie. La razón está en mi, el razonamiento es una base teórica sobre la que sostener las únicas pautas de comportamiento en las especies con consideración de superioridad. Y lejos están de ello, pues cuando alcanzan el límite de lo insospechado, acaban destruidos por las limitaciones apegadas a su nacimiento.

Yo soy, tú no.

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